viernes, 10 de mayo de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
Muerte y resurrección - 7º Capítulo.
"A veces el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. "
- Alphonse de Lamartine.
Bryce se había encargado de atarle las muñecas y los tobillos. No había sido difícil encontrarlo, solo había que esperar a que apareciera, y cómo bien habían predicho la había acompañado hasta el instituto. La noche pasada se había levantado el caos entre los cazadores grises y ahora querían respuestas y las tendrían aunque eso le costase la vida a uno más. Darren, seguía inconsciente pero no tardaría en recuperarse. Los chicos de Grey le había acorralado poco después de acompañar a Amy al instituto, tenían que admitir que estaba muy bien entrenado pero no podía hacer nada contra Alan quien de hecho ya estaba harto de las intromisiones de otros...
Grey había dejado muy claro que si no encontraban a su hija sana y salva los mataría uno por uno, y lo que menos necesitaba eran más muertes desnecesarias.
Alan estaba sentado en una silla delante de la de Darren mientras que dos de sus mejores hombres le respaldaban por si había algún cambio de ideas...
- ¿Por qué no le despertamos de una patada?.- dijo Bryce con un deje de esperanza en la voz. Alan levantó la vista y lo miró divertido pero luego negó con la cabeza, Bryce bufó y luego se rió entre dientes. Sabía que tarde o temprano tendría el placer de patearle el culo a Darren White.
- ¿Y que tal un poco de agua fría?.- sugirió Raquel entrando en la habitación en la que se encontraban, no se podía decir que fuera exactamente una habitación, era más bien un sótano lleno de trastos viejos cubiertos de polvo. Alan puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
-¿Se puede saber que haces aquí? Creí haber dejado claro que no quería a ninguno a excepción de estos dos aquí abajo. - Raquel pasó la mirada de Bryce a Xavier y luego se rió entre dientes. Bryce se tensó y le dedicó una mirada reprobatoria a su hermana. Ella le dedicó una sonrisa burlona y paseó la vista por la habitación escasa de luz, la única luz en la habitación era la que proyectaba uno de los candelabros suspendido en el aire por encima de sus cabezas. Una luz azulada parpadeaba incesantemente al fondo de la habitación, Raquel entornó los ojos y se alzó intentando ver mejor pero Xavier se interponía en su visión.
-¿Qué es eso?.- preguntó intrigada, Alan, siguió su mirada y vio el objeto azulado al que habían extraído al cazador antes de que los pudiera cortar en canal a todos.
- Un instrumento inmortal.- Susurró Alan distraído, no había como ocultar nada a Raquel, así que lo mejor era decírselo antes de que se le ocurriese averiguar por si misma.
- ¿En serio? Puedo...
- ¡No!.- gruñó Bryce caminando hacía ella, estaba furioso, no entendía por que demonios siempre tenía que meterse en lo que no le convenía y sobre todo no comprendía por que Alan se lo concedía sabiendo que siempre quería más... Bryce la cogió del brazo y la arrastró hacía fuera, abrió la puerta bruscamente y la empujó hacía fuera.- Ve a hacer lo que sea que estuvieras haciendo y déjanos trabajar.
Y sin decir más cerró la puerta, Raquel hizo ademán de protestar pero en cuanto la puerta se cerró no se escuchó nada más.
- Y bien, o lo despertáis vosotros o juro que yo mismo...- Darren alzó la vista hacía Bryce y una sonrisa socarrona bailó en sus labios. Eso sólo hizo que el irritable temperamento de Bryce sufriera un colapso.- Bien, ya te has despertado así que empecemos con la diversión.
Bryce caminó directamente hacía Darren listo para la acción, pero cuando estaba a tan solo unos pasos de él sus músculos dejaron de responderle y se quedó paralizado. Levantó la vista hacía Alan y su mirada grisácea le advertía que no opusiera resistencia a su demanda silenciosa.
- ¿Qué queréis de mi?.- Darren frunció el ceño y les dedicó una furiosa mirada. Sabía perfectamente que pondría con esos tres... Puede que le cogieran desprevenido una vez pero eso no volvería a pasar, de eso estaba seguro.
- La cuestión aquí es que quieres tu de nuestra protegida.- dijo Alan levantándose y poniéndose delante de Darren. Se arrodilló para ponerse a la altura de Darren, necesitaba mirarlo a los ojos para saber si lo que decía era verdad o no.
- No sé de que me hablas...
- Sabes perfectamente de que hablo señor White, y bien... ¿qué quieres tú de Amy?- Darren, respiró profundamente y echó un rápido vistazo a la habitación, parecía un sótano en ruinas, había varios trastos por allí que seguramente tendrían años de inutilidad. Encontró a Luminux sobre una vieja mesa de café, esta parpadeaba más de lo normal, eso solo ocurría cuando Amy estaba cerca...
- ¿Dónde está Amy?.- preguntó Darren forzando la cuerda que le inmovilizaba las muñecas, podía sentir cómo su cuerpo ardía debido al terror de que pudiera haberle ocurrido algo.
- Tranquilo chico, nosotros somos los buenos.- dijo el tipo que estaba inclinado sobre la silla donde estaba sentado Alan hace apenas un momento.- Y si demuestra que eres uno de los nuestros quizá te perdonemos la vida.
Un sordo gruñido a su lado le hizo querer reírse pero se contuvo. Era obvio que deberían de estar de broma, ellos no tendrían la menor oportunidad contra él, y lo peor era que Alan también lo sabía. Ya había sido lo suficientemente difícil "hacerle cooperar" una vez.
- Ahora es cuando nos dices que demonios te traes entre manos chaval.- Alan se levanto y empezó a dar vueltas a su alrededor, Bryce seguía paralizado contra su voluntad y mientras tanto, Xavier, examinaba su reacción.
-Si lo que quieres saber es si la voy hacer daño la respuesta es no.
- Bien, estamos haciendo progresos, chico.- Alan posó sus manos sobre los hombros de Darren y él se encogió de temor ante la repentina invasión de su espacio personal. Apretó los tiendes con fuerza, el contacto de Alan, hacía que todos sus músculos se relajaran instintivamente y que todos sus sentidos se disiparan.- Ahora quiero que me digas adónde la llevaste ayer cuando despareciste con ella...
- A mi casa- las palabras salieron de su boca incluso antes de que pudiera detenerlas, Darren volvió a ponerse rígido. Alan, presionó sus dedos con más fuerza e inmediatamente su cuerpo se destensó. " El juego de la verdad..."- pensó Darren.
- ¿Y dónde se supone qué está su casa, señor White?.- Las palabras estaban en la punta de su lengua, solo tendría que abrir la boca y las palabras huirían por si sola, no podía evitarlo, el contacto de Alan le sacaría toda la verdad y atado a aquella maldita silla no podía hacer nada para impedírselo.
- ¡No!- gruñó Darren sacudiendole las manos de encima, Alan resopló y se dirigió otra vez hacía la silla donde estaba sentado antes.
- Me lo dirás por las buenas o por las malas señor White, usted elige.- La sonrisa de Alan era tensa y no había ningún signo amistoso en su rostro. Bryce volvió a recuperar la movilidad, carraspeó y ocupó su lugar al lado de Alan, le dedicó una mirada cargada de odio a Darren y luego cerró las manos en puños, era obvio que estaba listo para la acción.
- No me sacaras nada.
- ¿Bryce por que no nos haces el honor?- Alan señaló a Darren y Bryce asintió con la cabeza, dio un pasó hacía Darren, crugió los dedos y luego le dedicó una sonrisa burlona.
- Si supiera cuanto he esperado por este momento...
Darren extendió los dedos y el fugaz destello de Luminux iluminó toda la habitación dejando a los allí presentes segados por una milésima de segundos. Luminux pasó rozando la mejilla de Bryce antes de dirigirse directamente hacía su dueño. Cortó las cuerdas antes siquiera de que ninguno de la habitación hubiese podido recuperar el aliento, Darren se levantó de un saltó cogió a Luminux y la metió en su bota. Se giró hacía Bryce y le atizó un rápido golpe en la garganta y este se echó hacía atrás con las manos envueltas en el pescuezo, tardaría unos segundos antes de volver a recuperar el aliento y eso sería más que suficiente. Xavier se abrió paso rápidamente hacía Darren, intentó darle un puñetazo pero él lo desvió y aprovechó la oportunidad para darle una patada en pleno estómago, Xavier tocio varias veces antes de caerse de rodillas al suelo, Alan fue más rápido que cualquiera de ellos y antes de que Darren pudiera reaccionar ya estaba delante de él y le daba un puñetazo en la mandíbula Darren gruñó y se echó hacía atrás, levantó la vista hacía Alan y vio que sus ojos estaban inyectados en sangre... " Pero que demonios..."
Luminux salió de su bota sin la menor advertencia y se dirigió directamente al pecho de Alan.
- ¡No!- dijo Darren entre dientes y Luminux se paró en el aire a pocos centímetros de su pecho.- Esto es entre él y yo.- Luminux soltó un azulado destello y volvió a reposar en la bota de Darren. Alan soltó un suspiro de alivio y recuperó su posición de ataque, levantó la vista hacía Darren pero, él ya no estaba allí. Él se había desplazado silenciosamente y se había posicionado detrás de Alan. Alan, se giró bruscamente al percibir su presencia a su espalda. Darren le atizó un puñetazo en la nariz e inmediatamente de esta empezó a emanar un fluido negruzco.
Los dos habían sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, pero la habilidades de Alan en la lucha no se aproximaba, ni de lejos, a las de Darren.
Darren, le dio otro puñetazo y fue tan rápido que Alan no tuvo la oportunidad de desviarlo. Él se encogió en un gesto de dolor cuando Darren le volvió a golpear la nariz. Por el rabillo del ojo Darren vio como Bryce se dirigía directamente hacía él, sin pensar saltó sobre Bryce y le asestó un tremendo puñetazo en la barbilla, lo que hizo que tambalease hacía atrás.
-¿Dónde está Amy?- preguntó Darren a Alan, mientras le agarraba para empujarle contra la pared.
- No lo sé.- le contestó, forcejeando para apartar las manos de Darren de su camiseta.
- No te atrevas a mentirme- gruñó Darren.
- ¡No lo sé!
Darren, le sujetó con toda la fuerza que le otorgaba la ira y el dolor. Las manos le temblaban mientras le tiraba de la camiseta. Pero aún peor que el deseo de matarlo allí mismo, eran las implacables preguntas que resonaban en su cabeza.
-¿Dónde está?- preguntó Darren de nuevo.
- No lo sé...
Darren lo apartó de la pared de un tirón y lo soltó. Tenía la cara desencajada por la ira.
Una fuerte sirena se activó y Alan se giró para mirar hacía la puerta, los dos tipos también lo hicieron, miraron a Alan alarmados y luego miraron a Darren.
- ¡Mierda!.- gruñó Alan dirigiéndose a la puerta. Se paró en el umbral de la puerta, se giró y miró a Darren.- Te diría que te quedaras un poco más... pero eres libre de irte.
Hizo un movimiento con manos y desapareció, los chicos echaron un ultimo vistazo a Darren antes de seguir a su comandante.
***
La mañana pareció transcurrir muy lentamente con la habitual ronda de clases. Pero por mucho que intentase estar concentrada en las clases no lo conseguía. Era el antepenúltimo día de clase, ya quedaba poco y luego sería por fin libre... Solo necesitaba concentrarse unos días más.
Una y otra vez, su mente volvía a divagar hacía el desayuno. Volvía a recordar una piel bronceada por el sol y unos ardientes ojos azules.
Esos lindos ojos azules...
Cómo desearía que Ryder no le hubiese mirado jamás. Esos ojos azules podían muy bien ser su perdición.
Negó con la cabeza, no debería pensar en él, pero era casi imposible sacarle de sus pensamientos.
" ¿Por qué tiene que ser tan desagradable? ¿Por qué no es más cómo Darren?" Se preguntaba una y otra vez. Amy, miró inadvertidamente la hora... otra vez. Casi había acabado las clases y pronto pondría ir a casa... Y pronto volvería a ver a Darren, otra vez. La había prometido que estaría esperándole a la salida y por más que intentase negarlo, tenia ganas de verlo.
En cuanto sonó el inconfundible timbre, ella se dispuso a recoger sus cosas y a dirigirse a su taquilla. No había visto a Kendra en todo el día, aunque no era de extrañarse. Su hermana siempre estaba demasiado ocupada con sus ligues para ponerse en contacto con ella. Aunque no apareciendo por casa debería suponer un cambio en su actitud ¿o no?. Viniendo de su hermana no era de sorprenderse.
Amy abrió la taquilla y se hizo con los libros que estaban allí, levantó la vista y sus ojos azules posaron sobre el rectangular espejo de su taquilla. Su pelo estaba recogido en una coleta alta, lo que hacía sobresaltar sus delicadas mejillas, seguía llevando la camiseta azul que Bella la había proporcionado en el desayuno, bajó la mirada hacia su amuleto y lo cogió entre sus dedos. El collar en forma de mariposa había estado ahí desde que tenía uso de razón, y si no recuerdo mal, había sido un regalo de papá. Nunca se había quitado el amuleto de encima, era cómo si el objeto hiciese parte de ella...
El suave perfume de rosas le advirtió que Rayne estaba cerca, cerró la taquilla y miró hacía el alborotado pasillo y ahí estaba su amiga, tan reluciente y magnifica como siempre. Rayne le dedicó una sonrisa torcida antes de reunirse con ella.
- ¿ Irás al café?.
- No, hoy solo quiero irme a casa...- dijo ella en tono neutral.
Rayne y ella traspasaron la enorme puerta del instituto y se dirigieron al aparcamiento escolar.
Amy miró en todas partes buscando indicios de Darren.
- Él no está aquí.- susurró Rayne.
Amy resopló, a veces era casi inaguantable que ella supiera siempre lo que le rondaba por la cabeza, y aunque Amy no entendía como lo hacia, nunca había tenido la oportunidad de preguntarle, era como si siempre que tenia intención de preguntarle algo a Rayne, las preguntas evaporasen de su cabeza...
- ¿Segura que no quieres ir al café, puedo acompañarte...
- No, en serio, tengo que ir a casa.- dijo y le miró. Rayne parecía ligeramente decepcionada, y eso hizo que ella se sintiera culpable.- Quizá mañana.
Rayne, forzó una sonrisa y se despidió de ella con la mano.
Rayne se había mostrado durante todo el día bastante aturdida y sus sonrisas nunca le iluminaban los ojos, Amy estuvo tentada a preguntarle que pasaba pero acto seguido ya se había olvidado de que le iba preguntar.
Estaba a escasos metros de casa cuando escuchó un disparo, no era frecuente escuchar disparos en aquel distrito de Preston. Amy, se paró en seco mientras un fuerte dolor posaba sobre su pecho, le faltaba el aire y una angustia profunda tomó cuenta de su estado de animo. Empezó a correr hacía la casa de ladrillos al otro lado de la calle, no se paró a mirar si el coche negro estaba por ahí, de hecho nada de eso importaba solo necesitaba llegar a casa y saber que todo iba bien. Amy, subió las escalerillas del porche de dos en dos y se dirigió hacía la puerta con paso decidido, abrió la puerta de golpe y corrió hacía el salón pero se paró en seco al ver que Kendra yacía en el suelo rodeada de un charco de liquido rojizo -sangre-, Amy se tapó la boca para sofocar un grito.
Había más personas en la habitación, mamá estaba de piel sobre la alfombra al lado de Kendra y más tres tipos la acompañaban. Mamá la miró a los ojos y pudo ver y sentir todo su dolor, angustia y miedo. El cuerpo de su madre temblaba violentamente y las lágrimas resbalaban frenéticamente por su mejilla.
-¡ Corre Amy!.- exclamó en cuanto la vio, el tipo que estaba a su lado tenía las pupilas de un color negruzco y la sonreía con frialdad, con un movimiento rápido el tipo puso las manos a ambos lados de la cabeza de su madre y rompió su pescuezo con un sonoro clic. Mamá cayó al suelo y en una milésima de sus segundos después los tipos se abalanzaron sobre ella.
***
El portal no le había llevado hasta donde realmente había querido ir, al contraria. Había aparecido en uno de los viejos distritos de Preston y seguramente tendría que hacer otro portal para volver a casa. Ryder, empezó a caminar calle abajo sin saber muy bien adonde dirigirse. Miró el cielo encapotado y resopló, odiaba tener que caminar por las calles de Gran Bretaña, el tiempo era tan deprimente y hostil...
Ryder se paró en seco al ver a Amy salir corriendo de una de las casa y acto seguido vio a tres tipos pisandole los talones. Él frunció el ceño y sin pensar siquiera un segundo, sacó a Grove de su funda, ajustó la flecha en su arco y disparó. La Grove - la flecha- se multiplicó por tres y se dirigió hacía los demonios que corrían detrás de Amy. Una de las Grove hundió en la carne del que estaba más cerca de Amy y este se evaporó en una nueve de polvo, la otra traspasó la garganta de segundo y acto seguido desapareció, el tercero intentó huir pero, la última Grove se le hundió en la espalda y con agudo chillido le vio desaparecer. Las Grove se fundieron en una sola y volvió directamente hacía Ryder, él la cogió y la volvió a ajustar a su espalda, Amy lo miró espantada, pero él no hizo más que mirarla con irritación.
- ¿Por qué no me extraña que estés metida en esto?- Los ojos azules grisáceos de Ryder la sometieron a una inspección, tenía un profundo corte en el brazo derecho y de este salia bastante sangre. Dio un paso hacía ella con indecisión, de pronto se sentía demasiado cansado como para irritarse con ella.- ¿Qué ha pasado?
Amy pasó la mirada hacía su brazo y lo apretó contra ella. Los ojos le picaban por las lágrimas que amenazaban salir, un sollozo brotó de lo más hondo de su pecho, intentó tragar saliva pero tenía un enorme nudo en la garganta. Ryder, se acercó a ella y le cogió el brazo sin prestar atención a la mueca que había hecho. Era un corte bastante profundo pensó él. Ryder hizo una mueca de disgusto y la miró a los ojos. Ella se encogió de hombres y el suspiró cansado. Algo negro se movía detrás de Ryder, Amy se puso de puntillas ya que, Ryder, le sacaba una cabeza y vio a uno de los tipos de antes sujetando una daga y estaba a punto de lanzarla contra Ryder. Los ojos se le pusieron como platos y antes de que Ryder pudiera darse cuenta se le había quitado las manos de encima.
- ¡No!.- gritó Amy desesperada, la daga atravesaría la piel de Ryder en un abrir y cerrar de ojos, debería pensar rápido. Con un movimiento tan rápido como un rayo se interpuso entre Ryder, el tipo de negro con los dientes afilados y la daga. Ryder se giró a tiempo de ver como la daga se dirigía directamente hacía ellos, abrió mucho los ojos, pero antes de que pudiera hacer algo la daga ya había atravesado el cuerpo de Amy. Grove reaccionó incluso antes que Ryder. Salió de su funda sin ser invocada y se dirigió hacía el tipo negro y este se evaporó tan pronto como Grove le atravesó.
- Amy...- le susurró Ryder al oido. Su voz era apenas audible pero llegaron en lo más hondo de Amy. Su cuerpo perdió sus fuerzas y ella se apoyó contra él antes de precipitarse al suelo. Él la agarró con cuidado, ella le miraba con los ojos desorbitados y la boca abierta. Ryder retrocedió un paso con la mente en ebullición, un profundo temor se abrió paso en lo más hondo de su ser. Nunca había temido a la muerte, de hecho con los años había aprendido muy bien a vivir entre ella pero, ahora con Amy entre sus brazos, el miedo que sentía era abrazador.
El alma se le cayó a los piel, mientras Amy lo miraba. Sus ojos se iban volviendo vidriosos, y le era cada vez más difícil respirar. Ryder, observó como brillantes runas iban apareciendo sobre su piel blanquecina, su pelo iba perdiendo ese brillo tan típico de ella y la vida iba abandonándole el cuerpo. Una chica con facciones angelicales, piel suavemente morena y grandes ojos grises apareció delante de ellos. Ryder levantó la vista y buscó su mirada, ella parecía tan aturdida cuanto Ryder, se acercó a ellos y le pasó la mano con cariño por el pelo de Amy. Ryder la miró durante unos segundos sin entender que demonios hacía.
- Mi ángel...- susurró la chica con disgusto, ella levantó la mirada hacía Ryder y sus ojos brillaron de ira. - ¿Por qué no la salvaste, Ryder?
¿Cómo demonios sabía su nombre?
Ryder acarició la espalda de Amy y de pronto pareció bastante malhumorado. ¿Y cómo demonios iba a saber que Amy, estaría tan loca como para interponerse entre una daga y él?
El rechinar de neumáticos sacaron a los dos de su ensimismo. Rayne, levantó la mirada airada hacía donde provenía el sonido. Ella, quitó bruscamente la daga del costado de Amy, la tiró al suelo y quitó a Amy de Ryder con cuidado antes de depositarla en el suelo entre ellos dos. Varios pasos resonaron y pronto se vieron rodeados.
Alan paró al lado de Rayne y miró estupefacto el cuerpo sin vida de Amy. Tenía los ojos muy abiertos y parecía demasiado asustado. Los demás contuvieron el aliento y dieron un paso hacía atrás como si se tratara de una plaga.
-¿Qué...
- Eso mismo te pondría preguntar a ti Alan, ¿Qué demonios hacías tú mientras mi... mientras Amy estaba siendo jodidamente atacada?- El dolor y el odio que se veían en el rostro de Rayne eran tangibles.
Alan dio un paso hacía atrás, parecía un perro asustadizo en presencia de Rayne. Ryder, no apartó los ojos del cuerpo de Amy, seguía sin entender como podía haber sido tan estúpida como para hacer algo así... La daga lo habría matado de no haber sido por ella, pero ahora se sentía tan furioso consigo mismo que tenía ganas de asestarle a alguien - a quien fuera- un puñetazo.
- Yo... los chicos y yo...- balbuceó Alan. El rostro de Rayne permaneció impasible mientras le observaba.
- Te juro que si Grey no te mata, yo misma lo haré.- dijo ella entre dientes, un escalofrío le recogió todo su cuerpo mientras la amenaza de Rayne hacía eco en su cabeza.
-¿Un momento, has dicho Grey?.- dijo Ryder saliendo de su estupor.
- ¿Y tu quien eres?.- preguntó Alan percatándose de su presencia.
- Nadie a quien te importe.- contestó Rayne en tono cortante.- Coge a tu pandilla y lárgate de aquí antes de que te mate ahora mismo.
Alan dio un paso hacía atrás, miró a su alrededor, todos permanecían inmóviles esperando las indicaciones de este. Él asintió y todos se disiparon rápidamente.
- ¿Debes de estar contento, no?.- dijo Rayne buscando la mirada de Ryder.- Te habían encargado a que la matases y mira.- ella hizo un movimiento hacía el cuerpo inerte de Amy.- lo has conseguido y todo eso si ni siquiera utilizar la violencia.
Ryder, se contrajo ante sus acusaciones. Tenía razón, le habían encargado a que se deshiciera de ella, pero jamás se había imaginado ni siquiera por un segundo que Amelia Grey pondría ser Amy. Según le había informado el rey fuego Amelia era una gran amenaza y Amy parecía tan frágil...
- Ya se que no la harías daño pero...- Rayne se agachó y pasó el dedo indice sobre las runas ahora negruzcas de la piel de Amy.- Al fin y al cabo debe de ser muy duro arrebatarle la vida a quien seria capaz de dar su ultimo aliento por ti...¿ verdad?
Ryder no respondió, no sabía que responder a eso. Era cierto que Amy había dado su vida sin pensarlo... Puede que su presencia le irritase, que sus ojos azules le confundiesen y su miedo le hiciese sentirse culpable, pero, jamás la mataría, no a ella. Puede que a Amelia si, pero nunca a Amy.
- Te la devolveré siempre y cuando me prometas cuidarla, y mantenerla a salvo.- se le rompió la voz, Rayne se levantó y lo miró fijamente a los ojos.- ¿La cuidaras, Ryder?
¿Cuidarla? Qué se hubiera matado por salvarle no significaba que de ahora en adelante hiciese de canguro a media jornada. De hecho seguía sin aguartarla, ¿cómo demonios iba a cuidar a alguien a quien en cierto modo odiaba?
- Prométemelo Ryder, dime que la llevarás a casa, le harás teñir el pelo, la entrenarás y la respaldarás, ¿por favor?- las suplicas de Rayne le hizo pensárselo mejor, puede que Amy no fuera santo de su devoción, pero haría todo lo que estuviera en sus manos por ayudarla.
- Te lo prometo.
En cuanto estas palabras salieron de su boca, una segadora luz celestial los rodeó. Ryder cerró los ojos con fuerza y en cuanto los volvió a abrir, se encontraba otra vez habitación, miró al reloj-despertador de la mesita de noche y se sorprendió al ver que eran apenas las siete de la mañana.
Salió de su habitación y corrió escaleras abajo, si estaba en lo cierto, serían las siete del mismo día. Y nada de todo aquello habría ocurrido aún. Irrumpió en la cocina y todos levantaron la vista para mirarlo con aire de sorpresa. Encontró a Amy sentada al lado de Shawn comiéndose gofres y suspiró aliviado.
- ¿Un poco de gofres?.- preguntó Bella con una magnifica sonrisa en los labios, él asintió y se reunió con ellos a desayunar.
- Alphonse de Lamartine.
Bryce se había encargado de atarle las muñecas y los tobillos. No había sido difícil encontrarlo, solo había que esperar a que apareciera, y cómo bien habían predicho la había acompañado hasta el instituto. La noche pasada se había levantado el caos entre los cazadores grises y ahora querían respuestas y las tendrían aunque eso le costase la vida a uno más. Darren, seguía inconsciente pero no tardaría en recuperarse. Los chicos de Grey le había acorralado poco después de acompañar a Amy al instituto, tenían que admitir que estaba muy bien entrenado pero no podía hacer nada contra Alan quien de hecho ya estaba harto de las intromisiones de otros...
Grey había dejado muy claro que si no encontraban a su hija sana y salva los mataría uno por uno, y lo que menos necesitaba eran más muertes desnecesarias.
Alan estaba sentado en una silla delante de la de Darren mientras que dos de sus mejores hombres le respaldaban por si había algún cambio de ideas...
- ¿Por qué no le despertamos de una patada?.- dijo Bryce con un deje de esperanza en la voz. Alan levantó la vista y lo miró divertido pero luego negó con la cabeza, Bryce bufó y luego se rió entre dientes. Sabía que tarde o temprano tendría el placer de patearle el culo a Darren White.
- ¿Y que tal un poco de agua fría?.- sugirió Raquel entrando en la habitación en la que se encontraban, no se podía decir que fuera exactamente una habitación, era más bien un sótano lleno de trastos viejos cubiertos de polvo. Alan puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
-¿Se puede saber que haces aquí? Creí haber dejado claro que no quería a ninguno a excepción de estos dos aquí abajo. - Raquel pasó la mirada de Bryce a Xavier y luego se rió entre dientes. Bryce se tensó y le dedicó una mirada reprobatoria a su hermana. Ella le dedicó una sonrisa burlona y paseó la vista por la habitación escasa de luz, la única luz en la habitación era la que proyectaba uno de los candelabros suspendido en el aire por encima de sus cabezas. Una luz azulada parpadeaba incesantemente al fondo de la habitación, Raquel entornó los ojos y se alzó intentando ver mejor pero Xavier se interponía en su visión.
-¿Qué es eso?.- preguntó intrigada, Alan, siguió su mirada y vio el objeto azulado al que habían extraído al cazador antes de que los pudiera cortar en canal a todos.
- Un instrumento inmortal.- Susurró Alan distraído, no había como ocultar nada a Raquel, así que lo mejor era decírselo antes de que se le ocurriese averiguar por si misma.
- ¿En serio? Puedo...
- ¡No!.- gruñó Bryce caminando hacía ella, estaba furioso, no entendía por que demonios siempre tenía que meterse en lo que no le convenía y sobre todo no comprendía por que Alan se lo concedía sabiendo que siempre quería más... Bryce la cogió del brazo y la arrastró hacía fuera, abrió la puerta bruscamente y la empujó hacía fuera.- Ve a hacer lo que sea que estuvieras haciendo y déjanos trabajar.
Y sin decir más cerró la puerta, Raquel hizo ademán de protestar pero en cuanto la puerta se cerró no se escuchó nada más.
- Y bien, o lo despertáis vosotros o juro que yo mismo...- Darren alzó la vista hacía Bryce y una sonrisa socarrona bailó en sus labios. Eso sólo hizo que el irritable temperamento de Bryce sufriera un colapso.- Bien, ya te has despertado así que empecemos con la diversión.
Bryce caminó directamente hacía Darren listo para la acción, pero cuando estaba a tan solo unos pasos de él sus músculos dejaron de responderle y se quedó paralizado. Levantó la vista hacía Alan y su mirada grisácea le advertía que no opusiera resistencia a su demanda silenciosa.
- ¿Qué queréis de mi?.- Darren frunció el ceño y les dedicó una furiosa mirada. Sabía perfectamente que pondría con esos tres... Puede que le cogieran desprevenido una vez pero eso no volvería a pasar, de eso estaba seguro.
- La cuestión aquí es que quieres tu de nuestra protegida.- dijo Alan levantándose y poniéndose delante de Darren. Se arrodilló para ponerse a la altura de Darren, necesitaba mirarlo a los ojos para saber si lo que decía era verdad o no.
- No sé de que me hablas...
- Sabes perfectamente de que hablo señor White, y bien... ¿qué quieres tú de Amy?- Darren, respiró profundamente y echó un rápido vistazo a la habitación, parecía un sótano en ruinas, había varios trastos por allí que seguramente tendrían años de inutilidad. Encontró a Luminux sobre una vieja mesa de café, esta parpadeaba más de lo normal, eso solo ocurría cuando Amy estaba cerca...
- ¿Dónde está Amy?.- preguntó Darren forzando la cuerda que le inmovilizaba las muñecas, podía sentir cómo su cuerpo ardía debido al terror de que pudiera haberle ocurrido algo.
- Tranquilo chico, nosotros somos los buenos.- dijo el tipo que estaba inclinado sobre la silla donde estaba sentado Alan hace apenas un momento.- Y si demuestra que eres uno de los nuestros quizá te perdonemos la vida.
Un sordo gruñido a su lado le hizo querer reírse pero se contuvo. Era obvio que deberían de estar de broma, ellos no tendrían la menor oportunidad contra él, y lo peor era que Alan también lo sabía. Ya había sido lo suficientemente difícil "hacerle cooperar" una vez.
- Ahora es cuando nos dices que demonios te traes entre manos chaval.- Alan se levanto y empezó a dar vueltas a su alrededor, Bryce seguía paralizado contra su voluntad y mientras tanto, Xavier, examinaba su reacción.
-Si lo que quieres saber es si la voy hacer daño la respuesta es no.
- Bien, estamos haciendo progresos, chico.- Alan posó sus manos sobre los hombros de Darren y él se encogió de temor ante la repentina invasión de su espacio personal. Apretó los tiendes con fuerza, el contacto de Alan, hacía que todos sus músculos se relajaran instintivamente y que todos sus sentidos se disiparan.- Ahora quiero que me digas adónde la llevaste ayer cuando despareciste con ella...
- A mi casa- las palabras salieron de su boca incluso antes de que pudiera detenerlas, Darren volvió a ponerse rígido. Alan, presionó sus dedos con más fuerza e inmediatamente su cuerpo se destensó. " El juego de la verdad..."- pensó Darren.
- ¿Y dónde se supone qué está su casa, señor White?.- Las palabras estaban en la punta de su lengua, solo tendría que abrir la boca y las palabras huirían por si sola, no podía evitarlo, el contacto de Alan le sacaría toda la verdad y atado a aquella maldita silla no podía hacer nada para impedírselo.
- ¡No!- gruñó Darren sacudiendole las manos de encima, Alan resopló y se dirigió otra vez hacía la silla donde estaba sentado antes.
- Me lo dirás por las buenas o por las malas señor White, usted elige.- La sonrisa de Alan era tensa y no había ningún signo amistoso en su rostro. Bryce volvió a recuperar la movilidad, carraspeó y ocupó su lugar al lado de Alan, le dedicó una mirada cargada de odio a Darren y luego cerró las manos en puños, era obvio que estaba listo para la acción.
- No me sacaras nada.
- ¿Bryce por que no nos haces el honor?- Alan señaló a Darren y Bryce asintió con la cabeza, dio un pasó hacía Darren, crugió los dedos y luego le dedicó una sonrisa burlona.
- Si supiera cuanto he esperado por este momento...
Darren extendió los dedos y el fugaz destello de Luminux iluminó toda la habitación dejando a los allí presentes segados por una milésima de segundos. Luminux pasó rozando la mejilla de Bryce antes de dirigirse directamente hacía su dueño. Cortó las cuerdas antes siquiera de que ninguno de la habitación hubiese podido recuperar el aliento, Darren se levantó de un saltó cogió a Luminux y la metió en su bota. Se giró hacía Bryce y le atizó un rápido golpe en la garganta y este se echó hacía atrás con las manos envueltas en el pescuezo, tardaría unos segundos antes de volver a recuperar el aliento y eso sería más que suficiente. Xavier se abrió paso rápidamente hacía Darren, intentó darle un puñetazo pero él lo desvió y aprovechó la oportunidad para darle una patada en pleno estómago, Xavier tocio varias veces antes de caerse de rodillas al suelo, Alan fue más rápido que cualquiera de ellos y antes de que Darren pudiera reaccionar ya estaba delante de él y le daba un puñetazo en la mandíbula Darren gruñó y se echó hacía atrás, levantó la vista hacía Alan y vio que sus ojos estaban inyectados en sangre... " Pero que demonios..."
Luminux salió de su bota sin la menor advertencia y se dirigió directamente al pecho de Alan.
- ¡No!- dijo Darren entre dientes y Luminux se paró en el aire a pocos centímetros de su pecho.- Esto es entre él y yo.- Luminux soltó un azulado destello y volvió a reposar en la bota de Darren. Alan soltó un suspiro de alivio y recuperó su posición de ataque, levantó la vista hacía Darren pero, él ya no estaba allí. Él se había desplazado silenciosamente y se había posicionado detrás de Alan. Alan, se giró bruscamente al percibir su presencia a su espalda. Darren le atizó un puñetazo en la nariz e inmediatamente de esta empezó a emanar un fluido negruzco.
Los dos habían sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, pero la habilidades de Alan en la lucha no se aproximaba, ni de lejos, a las de Darren.
Darren, le dio otro puñetazo y fue tan rápido que Alan no tuvo la oportunidad de desviarlo. Él se encogió en un gesto de dolor cuando Darren le volvió a golpear la nariz. Por el rabillo del ojo Darren vio como Bryce se dirigía directamente hacía él, sin pensar saltó sobre Bryce y le asestó un tremendo puñetazo en la barbilla, lo que hizo que tambalease hacía atrás.
-¿Dónde está Amy?- preguntó Darren a Alan, mientras le agarraba para empujarle contra la pared.
- No lo sé.- le contestó, forcejeando para apartar las manos de Darren de su camiseta.
- No te atrevas a mentirme- gruñó Darren.
- ¡No lo sé!
Darren, le sujetó con toda la fuerza que le otorgaba la ira y el dolor. Las manos le temblaban mientras le tiraba de la camiseta. Pero aún peor que el deseo de matarlo allí mismo, eran las implacables preguntas que resonaban en su cabeza.
-¿Dónde está?- preguntó Darren de nuevo.
- No lo sé...
Darren lo apartó de la pared de un tirón y lo soltó. Tenía la cara desencajada por la ira.
Una fuerte sirena se activó y Alan se giró para mirar hacía la puerta, los dos tipos también lo hicieron, miraron a Alan alarmados y luego miraron a Darren.
- ¡Mierda!.- gruñó Alan dirigiéndose a la puerta. Se paró en el umbral de la puerta, se giró y miró a Darren.- Te diría que te quedaras un poco más... pero eres libre de irte.
Hizo un movimiento con manos y desapareció, los chicos echaron un ultimo vistazo a Darren antes de seguir a su comandante.
***
La mañana pareció transcurrir muy lentamente con la habitual ronda de clases. Pero por mucho que intentase estar concentrada en las clases no lo conseguía. Era el antepenúltimo día de clase, ya quedaba poco y luego sería por fin libre... Solo necesitaba concentrarse unos días más.
Una y otra vez, su mente volvía a divagar hacía el desayuno. Volvía a recordar una piel bronceada por el sol y unos ardientes ojos azules.
Esos lindos ojos azules...
Cómo desearía que Ryder no le hubiese mirado jamás. Esos ojos azules podían muy bien ser su perdición.
Negó con la cabeza, no debería pensar en él, pero era casi imposible sacarle de sus pensamientos.
" ¿Por qué tiene que ser tan desagradable? ¿Por qué no es más cómo Darren?" Se preguntaba una y otra vez. Amy, miró inadvertidamente la hora... otra vez. Casi había acabado las clases y pronto pondría ir a casa... Y pronto volvería a ver a Darren, otra vez. La había prometido que estaría esperándole a la salida y por más que intentase negarlo, tenia ganas de verlo.
En cuanto sonó el inconfundible timbre, ella se dispuso a recoger sus cosas y a dirigirse a su taquilla. No había visto a Kendra en todo el día, aunque no era de extrañarse. Su hermana siempre estaba demasiado ocupada con sus ligues para ponerse en contacto con ella. Aunque no apareciendo por casa debería suponer un cambio en su actitud ¿o no?. Viniendo de su hermana no era de sorprenderse.
Amy abrió la taquilla y se hizo con los libros que estaban allí, levantó la vista y sus ojos azules posaron sobre el rectangular espejo de su taquilla. Su pelo estaba recogido en una coleta alta, lo que hacía sobresaltar sus delicadas mejillas, seguía llevando la camiseta azul que Bella la había proporcionado en el desayuno, bajó la mirada hacia su amuleto y lo cogió entre sus dedos. El collar en forma de mariposa había estado ahí desde que tenía uso de razón, y si no recuerdo mal, había sido un regalo de papá. Nunca se había quitado el amuleto de encima, era cómo si el objeto hiciese parte de ella...
El suave perfume de rosas le advirtió que Rayne estaba cerca, cerró la taquilla y miró hacía el alborotado pasillo y ahí estaba su amiga, tan reluciente y magnifica como siempre. Rayne le dedicó una sonrisa torcida antes de reunirse con ella.
- ¿ Irás al café?.
- No, hoy solo quiero irme a casa...- dijo ella en tono neutral.
Rayne y ella traspasaron la enorme puerta del instituto y se dirigieron al aparcamiento escolar.
Amy miró en todas partes buscando indicios de Darren.
- Él no está aquí.- susurró Rayne.
Amy resopló, a veces era casi inaguantable que ella supiera siempre lo que le rondaba por la cabeza, y aunque Amy no entendía como lo hacia, nunca había tenido la oportunidad de preguntarle, era como si siempre que tenia intención de preguntarle algo a Rayne, las preguntas evaporasen de su cabeza...
- ¿Segura que no quieres ir al café, puedo acompañarte...
- No, en serio, tengo que ir a casa.- dijo y le miró. Rayne parecía ligeramente decepcionada, y eso hizo que ella se sintiera culpable.- Quizá mañana.
Rayne, forzó una sonrisa y se despidió de ella con la mano.
Rayne se había mostrado durante todo el día bastante aturdida y sus sonrisas nunca le iluminaban los ojos, Amy estuvo tentada a preguntarle que pasaba pero acto seguido ya se había olvidado de que le iba preguntar.
Estaba a escasos metros de casa cuando escuchó un disparo, no era frecuente escuchar disparos en aquel distrito de Preston. Amy, se paró en seco mientras un fuerte dolor posaba sobre su pecho, le faltaba el aire y una angustia profunda tomó cuenta de su estado de animo. Empezó a correr hacía la casa de ladrillos al otro lado de la calle, no se paró a mirar si el coche negro estaba por ahí, de hecho nada de eso importaba solo necesitaba llegar a casa y saber que todo iba bien. Amy, subió las escalerillas del porche de dos en dos y se dirigió hacía la puerta con paso decidido, abrió la puerta de golpe y corrió hacía el salón pero se paró en seco al ver que Kendra yacía en el suelo rodeada de un charco de liquido rojizo -sangre-, Amy se tapó la boca para sofocar un grito.
Había más personas en la habitación, mamá estaba de piel sobre la alfombra al lado de Kendra y más tres tipos la acompañaban. Mamá la miró a los ojos y pudo ver y sentir todo su dolor, angustia y miedo. El cuerpo de su madre temblaba violentamente y las lágrimas resbalaban frenéticamente por su mejilla.
-¡ Corre Amy!.- exclamó en cuanto la vio, el tipo que estaba a su lado tenía las pupilas de un color negruzco y la sonreía con frialdad, con un movimiento rápido el tipo puso las manos a ambos lados de la cabeza de su madre y rompió su pescuezo con un sonoro clic. Mamá cayó al suelo y en una milésima de sus segundos después los tipos se abalanzaron sobre ella.
***
El portal no le había llevado hasta donde realmente había querido ir, al contraria. Había aparecido en uno de los viejos distritos de Preston y seguramente tendría que hacer otro portal para volver a casa. Ryder, empezó a caminar calle abajo sin saber muy bien adonde dirigirse. Miró el cielo encapotado y resopló, odiaba tener que caminar por las calles de Gran Bretaña, el tiempo era tan deprimente y hostil...
Ryder se paró en seco al ver a Amy salir corriendo de una de las casa y acto seguido vio a tres tipos pisandole los talones. Él frunció el ceño y sin pensar siquiera un segundo, sacó a Grove de su funda, ajustó la flecha en su arco y disparó. La Grove - la flecha- se multiplicó por tres y se dirigió hacía los demonios que corrían detrás de Amy. Una de las Grove hundió en la carne del que estaba más cerca de Amy y este se evaporó en una nueve de polvo, la otra traspasó la garganta de segundo y acto seguido desapareció, el tercero intentó huir pero, la última Grove se le hundió en la espalda y con agudo chillido le vio desaparecer. Las Grove se fundieron en una sola y volvió directamente hacía Ryder, él la cogió y la volvió a ajustar a su espalda, Amy lo miró espantada, pero él no hizo más que mirarla con irritación.
- ¿Por qué no me extraña que estés metida en esto?- Los ojos azules grisáceos de Ryder la sometieron a una inspección, tenía un profundo corte en el brazo derecho y de este salia bastante sangre. Dio un paso hacía ella con indecisión, de pronto se sentía demasiado cansado como para irritarse con ella.- ¿Qué ha pasado?
Amy pasó la mirada hacía su brazo y lo apretó contra ella. Los ojos le picaban por las lágrimas que amenazaban salir, un sollozo brotó de lo más hondo de su pecho, intentó tragar saliva pero tenía un enorme nudo en la garganta. Ryder, se acercó a ella y le cogió el brazo sin prestar atención a la mueca que había hecho. Era un corte bastante profundo pensó él. Ryder hizo una mueca de disgusto y la miró a los ojos. Ella se encogió de hombres y el suspiró cansado. Algo negro se movía detrás de Ryder, Amy se puso de puntillas ya que, Ryder, le sacaba una cabeza y vio a uno de los tipos de antes sujetando una daga y estaba a punto de lanzarla contra Ryder. Los ojos se le pusieron como platos y antes de que Ryder pudiera darse cuenta se le había quitado las manos de encima.
- ¡No!.- gritó Amy desesperada, la daga atravesaría la piel de Ryder en un abrir y cerrar de ojos, debería pensar rápido. Con un movimiento tan rápido como un rayo se interpuso entre Ryder, el tipo de negro con los dientes afilados y la daga. Ryder se giró a tiempo de ver como la daga se dirigía directamente hacía ellos, abrió mucho los ojos, pero antes de que pudiera hacer algo la daga ya había atravesado el cuerpo de Amy. Grove reaccionó incluso antes que Ryder. Salió de su funda sin ser invocada y se dirigió hacía el tipo negro y este se evaporó tan pronto como Grove le atravesó.
- Amy...- le susurró Ryder al oido. Su voz era apenas audible pero llegaron en lo más hondo de Amy. Su cuerpo perdió sus fuerzas y ella se apoyó contra él antes de precipitarse al suelo. Él la agarró con cuidado, ella le miraba con los ojos desorbitados y la boca abierta. Ryder retrocedió un paso con la mente en ebullición, un profundo temor se abrió paso en lo más hondo de su ser. Nunca había temido a la muerte, de hecho con los años había aprendido muy bien a vivir entre ella pero, ahora con Amy entre sus brazos, el miedo que sentía era abrazador.
El alma se le cayó a los piel, mientras Amy lo miraba. Sus ojos se iban volviendo vidriosos, y le era cada vez más difícil respirar. Ryder, observó como brillantes runas iban apareciendo sobre su piel blanquecina, su pelo iba perdiendo ese brillo tan típico de ella y la vida iba abandonándole el cuerpo. Una chica con facciones angelicales, piel suavemente morena y grandes ojos grises apareció delante de ellos. Ryder levantó la vista y buscó su mirada, ella parecía tan aturdida cuanto Ryder, se acercó a ellos y le pasó la mano con cariño por el pelo de Amy. Ryder la miró durante unos segundos sin entender que demonios hacía.
- Mi ángel...- susurró la chica con disgusto, ella levantó la mirada hacía Ryder y sus ojos brillaron de ira. - ¿Por qué no la salvaste, Ryder?
¿Cómo demonios sabía su nombre?
Ryder acarició la espalda de Amy y de pronto pareció bastante malhumorado. ¿Y cómo demonios iba a saber que Amy, estaría tan loca como para interponerse entre una daga y él?
El rechinar de neumáticos sacaron a los dos de su ensimismo. Rayne, levantó la mirada airada hacía donde provenía el sonido. Ella, quitó bruscamente la daga del costado de Amy, la tiró al suelo y quitó a Amy de Ryder con cuidado antes de depositarla en el suelo entre ellos dos. Varios pasos resonaron y pronto se vieron rodeados.
Alan paró al lado de Rayne y miró estupefacto el cuerpo sin vida de Amy. Tenía los ojos muy abiertos y parecía demasiado asustado. Los demás contuvieron el aliento y dieron un paso hacía atrás como si se tratara de una plaga.
-¿Qué...
- Eso mismo te pondría preguntar a ti Alan, ¿Qué demonios hacías tú mientras mi... mientras Amy estaba siendo jodidamente atacada?- El dolor y el odio que se veían en el rostro de Rayne eran tangibles.
Alan dio un paso hacía atrás, parecía un perro asustadizo en presencia de Rayne. Ryder, no apartó los ojos del cuerpo de Amy, seguía sin entender como podía haber sido tan estúpida como para hacer algo así... La daga lo habría matado de no haber sido por ella, pero ahora se sentía tan furioso consigo mismo que tenía ganas de asestarle a alguien - a quien fuera- un puñetazo.
- Yo... los chicos y yo...- balbuceó Alan. El rostro de Rayne permaneció impasible mientras le observaba.
- Te juro que si Grey no te mata, yo misma lo haré.- dijo ella entre dientes, un escalofrío le recogió todo su cuerpo mientras la amenaza de Rayne hacía eco en su cabeza.
-¿Un momento, has dicho Grey?.- dijo Ryder saliendo de su estupor.
- ¿Y tu quien eres?.- preguntó Alan percatándose de su presencia.
- Nadie a quien te importe.- contestó Rayne en tono cortante.- Coge a tu pandilla y lárgate de aquí antes de que te mate ahora mismo.
Alan dio un paso hacía atrás, miró a su alrededor, todos permanecían inmóviles esperando las indicaciones de este. Él asintió y todos se disiparon rápidamente.
- ¿Debes de estar contento, no?.- dijo Rayne buscando la mirada de Ryder.- Te habían encargado a que la matases y mira.- ella hizo un movimiento hacía el cuerpo inerte de Amy.- lo has conseguido y todo eso si ni siquiera utilizar la violencia.
Ryder, se contrajo ante sus acusaciones. Tenía razón, le habían encargado a que se deshiciera de ella, pero jamás se había imaginado ni siquiera por un segundo que Amelia Grey pondría ser Amy. Según le había informado el rey fuego Amelia era una gran amenaza y Amy parecía tan frágil...
- Ya se que no la harías daño pero...- Rayne se agachó y pasó el dedo indice sobre las runas ahora negruzcas de la piel de Amy.- Al fin y al cabo debe de ser muy duro arrebatarle la vida a quien seria capaz de dar su ultimo aliento por ti...¿ verdad?
Ryder no respondió, no sabía que responder a eso. Era cierto que Amy había dado su vida sin pensarlo... Puede que su presencia le irritase, que sus ojos azules le confundiesen y su miedo le hiciese sentirse culpable, pero, jamás la mataría, no a ella. Puede que a Amelia si, pero nunca a Amy.
- Te la devolveré siempre y cuando me prometas cuidarla, y mantenerla a salvo.- se le rompió la voz, Rayne se levantó y lo miró fijamente a los ojos.- ¿La cuidaras, Ryder?
¿Cuidarla? Qué se hubiera matado por salvarle no significaba que de ahora en adelante hiciese de canguro a media jornada. De hecho seguía sin aguartarla, ¿cómo demonios iba a cuidar a alguien a quien en cierto modo odiaba?
- Prométemelo Ryder, dime que la llevarás a casa, le harás teñir el pelo, la entrenarás y la respaldarás, ¿por favor?- las suplicas de Rayne le hizo pensárselo mejor, puede que Amy no fuera santo de su devoción, pero haría todo lo que estuviera en sus manos por ayudarla.
- Te lo prometo.
En cuanto estas palabras salieron de su boca, una segadora luz celestial los rodeó. Ryder cerró los ojos con fuerza y en cuanto los volvió a abrir, se encontraba otra vez habitación, miró al reloj-despertador de la mesita de noche y se sorprendió al ver que eran apenas las siete de la mañana.
Salió de su habitación y corrió escaleras abajo, si estaba en lo cierto, serían las siete del mismo día. Y nada de todo aquello habría ocurrido aún. Irrumpió en la cocina y todos levantaron la vista para mirarlo con aire de sorpresa. Encontró a Amy sentada al lado de Shawn comiéndose gofres y suspiró aliviado.
- ¿Un poco de gofres?.- preguntó Bella con una magnifica sonrisa en los labios, él asintió y se reunió con ellos a desayunar.
lunes, 29 de abril de 2013
Una propuesta arriesgada. - 6º Capítulo.
"Cuando hacemos una reverencia profunda a alguien, damos siempre la espalda a otro."
- Abate Galiani.
Ryder miraba fijamente a Grove, - su instrumento inmortal, una flecha mágica- llevaba ya un rato dándole vueltas al asunto de Amy. Y cada vez estaba más que seguro de que suponía un peligro mortal para su familia. Por más que evitara pensar en ella, no podía. No podía negar que sus brillantes y asustadizos ojos azules se le habían incrustado bajo la piel y que lo consumían a cada segundo. Tenía la sensación de haber visto aquellos ojos antes, pero por más que intentara, no lograba recordar donde. Cansado de tanto darle vueltas a algo sin sentido, se levantó de la cama, dejó a Grove sobre la mesita de estudios a la que nunca solía utilizar y resopló. Todo aquel asunto de tener a una semi humana rondando por los pasillos de su casa lo tenía bastante agobiado. Por el rabillo del ojo pudo vio aparecer un trozo de papel suspendido en el aire, suspiró, cogió la nota entre sus dedos y la miró. La nota estaba escrita con una perfecta caligrafía a tinta.
" El rey fuego desea verle urgentemente en el tribunal, ven solo.
Clave del día: Mysterium, quod salvatum fuerit, erit anima tua conservent "
En cuanto Ryder terminó de leer el pequeño trozo de papel, este se prendió fuego, se hizo ceniza y desapareció. Esto era nuevo, nunca se era convocado ante el tribunal, a menos que hubieses roto una de las doce reglas de oro. Y hasta el momento, Ryder nunca había roto ninguna de ellas. Se pasó la mano por el pelo húmedo, cogió el arco y a Grove y los ajustó a su espalda. Se subió la capucha de la sudadera azul medianoche y encajó el brazalete en su brazo derecho. El brazalete servia para identificarlo como uno de los cazadores del hielo, giró sobre si mismo y se dirigió hacía el pasillo, caminó hasta el final de este, giró a la derecha y entró a la segunda puerta a la izquierda. Cogió una de las tizas que estaban sobre el mueble de mármol, y empezó a dibujar una runa para poder crear un portal hasta Ignis. En cuanto terminó de dibujar la runa, un destello de luz azulada empezó a brotar de cada una de las lineas trazadas hasta convertirse en un portal. Era una gran ventana traslúcida. Ryder observó uno de los familiares pasillos del Castillo Ignis. Las paredes de arcilla rojiza le daban un aspecto del todo tenebroso y siniestro. Suspiró antes de traspasar el portal, un suave hormigueo le recogió todo el cuerpo y eso hizo que se le pusiera la piel de gallina. El pasillo estaba en silencio y los candelabros se encendían con el resonar de sus pasos. Los guardianes seguían pasivos, mientras que Ryder camina con paso sigiloso hacía el final del pasillo. Las gigantescas armaduras que estaban perfectamente alineadas contra la pared - Los guardianes del fuego- permanecería pasivos siempre y cuando Ryder dijera la clave correcta en el momento exacto, y aunque en aquellas armaduras no habitaran ningún ser, podían descuartizarte en un abrir y cerrar de ojos. Estaban allí para matar a cualquier intruso, o cualquiera que no fuera sin duda alguna un cazador de sangre pura. A medio pasillo Ryder se paró al ver que uno de los primeros guardianes a la izquierda se movía y se interponía en su camino. El guardián levantó su enorme y pesada espada y señaló al pecho de Ryder.
- La clave, cazador.- dijo su voz metálica. Dos puntos de luz proveniente del casco lo miraron fijamente. Parecían dos luciérnaga.
- Mysterium, quod salvatum fuerit, erit anima tua conservent.- Dijo Ryder en tono aburrido, el guardián bajó la espada, y aunque careciera de rostro, Ryder estuvo casi seguro de ver un deje de decepción en su inexistente semblante. El guardián dio un paso hacía atrás y volvió a ocupar su sitio contra la pared, Ryder observó como volvía a su estado solido. Otros cazadores había muerto por no aprender la clave correctamente, pero para Ryder eso no suponía ningún problema. Se había pasado la mayor parte de su vida aprendiendo Latín con su madre. Al fin y al cabo, el latín no era una lengua muerta, al menos no para los cazadores. Se acercó a la pared y metió el puño por un pequeño hueco en este. " Nada mejor qué te extraigan un poco de sangre antes de tener que enfrentarte al rey..." Puso los ojos en blanco mientra una fina aguja le atravesaba la carne. La luz blanquecina del escáner analizó su brazalete. Después de comprobar su sangre y de analizar la autenticidad del brazalete retiró el brazo. De la pared brotó un sordo golpe y empezó a abrirse. Los ladrillos empezaron a desencajarse y encajarse en otros hasta dejar a la vista el enorme vestíbulo del castillo.
La enorme y perfectamente cuidada alfombra rojiza, le dio la bienvenida. El vestíbulo era tan grande como para ser un salón de baile. El suelo era de cristal y brillantes amapolas flotaban bajo el. Parecían tan frescas y magnificas que seguramente era debido a la magia que rodeaba al castillo.
Unos tacones resonaron por todo el salón. Ryder levantó la vista a tiempo para ver entrar a una chica pelirroja. Ella llevaba un conjunto verde oliva, tacones beige y un ostentoso collar de perlas le adornaba el cuello.
Era una mujer bastante guapa y al instante llamó la atención de Ryder. Quizá no tuviera más de veinticinco, adorables pecas bailaban por sus mejillas y nariz. Sus ojos avellana le daba un aspecto dulce y delicado.
Ryder la dedicó una sonrisa coqueta y ella se sonrojó.
-¿Señor White? sígueme por favor.- No le hacía falta pedírselo dos veces, Ryder estaría dispuesto a seguirla a cualquier parte en aquel exacto momento. Solo tenía que pedírselo...
La chica pelirroja se dio la vuelta y se dirigió por el mismo pasillo por el que había aparecido. Los pasillos al que recorrieron eran del estilo gótico y aunque no entendiera mucho de arquitectura estaba casi seguro que el color rojo sangre de las paredes, no pintaban nada allí.
La chica pelirroja se detuvo delante de unas enormes puertas dobles de marera blanca, en la puerta estaba el emblema de los cazadores de fuego (Un cuervo envuelto en llamas). La chica se giró para mirar a Ryder. Sus dulces mejillas seguían ruborizadas cuando lo miró.
- Él...él vendrá enseguida.- balbuceó. Ryder soltó una carcajada lo que hizo que todos sus músculos se tensaran y marcaran su perfecta musculatura. La chica le sonrió dulcemente, él la miró y la guiñó un ojo antes de abrir las puertas y pasar sin vacilación.
El tribunal consistía en una habitación lo bastante grande para albergar a doscientas personas o más. El suelo era de un cristal azul marino y a diferencia del suelo del recibidor, estos tenían brillantes esferas incrustadas bajo el cristal y parpadeaban constantemente. " El cielo estrellado"- pensó.
Las paredes eran irregulares y parecían estar hechas de una cascada de chocolate en constante movimiento. Había una mesa a cada lado de la habitación e iban de un extremo a otro. Al fondo de la habitación estaba el trono del rey y a ambos lados del trono había dos bancos de piedra natural. Estos bancos los ocupaban los pupilos del rey. Desde que Tenía uso de razón, aquellos bancos siempre habían sido ocupados por los cazadores de fuego y hielo. Nadie solía hablar de los cazadores grises, y según bien recordaba, era debido al hecho de haber traicionado a sus hermanos (fuego y hielo). Aunque nada de eso era verdad, o eso siempre le habían dichos sus padres a él. Los padres de Ryder, confiaban ciegamente en los cazadores grises, y aunque habían sido extinguido hace siglos del circulo, seguían dando de que hablar. Delante del altar había alguien de pie, era un chico rubio, iba vestido con unos pantalones jeans, sueter y botas militares parecidas a las de Ryder. En la espalda llevaba una funda de cuero que protegía su Armizón -Su instrumento inmortal (una espada nacida entre rayos)-. Ryder caminó sigilosamente hacía el altar y se paró justo al lado del otro cazador. Este giró la cabeza para echar un rápido vistazo a Ryder, pero él fingió no darse cuenta.
- Bonita Grove.- dijo el cazador de al lado.- Soy Ralf.
Ryder bajó la mirada hacía él ya que era uno centímetros más bajo que él. Le dedicó una mirada furibunda y el chico rubio se encogió de hombros. El chico abrió la boca para decir algo más, pero una puerta oculta a la derecha se abrió y los dios se giraron para ver a un hombre pelirrojo salir de ella. Era el rey fuego, aparentaba rondar los treinta y pico, pero en realidad era uno de los seres más viejo de entre todas las criaturas del submundo.
- ¡Aquí están mis chicos!.- levantó las manos en señal de bienvenida, se subió al altar y se sentó con bastante elegancia sobre su trono. Echó un rápido vistazo a Ryder y a Ralf y luego aplaudió. Ralf dio un respingo y el rey fuego frunció el ceño, Ryder estuvo tentado a soltar una carcajada pero se aguantó.
- Bien, empecemos.- El rey fuego se puso serio y miró a Ryder.- Os he llamado aquí, por que tengo una misión secreta para los dos...
Hizo una pausa teatral, muy típica del siglo XVI y luego prosiguió.
- La hija de gris, se ha alzado entre nosotros- volvió a hacer un gesto teatral con las manos- y me quiere quitar todo por lo que siempre he luchado.
Fuego hizo una pausa y miró a los muchachos, parecían tan tranquilos y relajados...
- Yo no puedo matarla con mis propias manos ya que eso supondría revelarme contra el creador, pero vosotros amigos mios, vosotros sois apenas unos cazadores... Pronto moriréis de una forma u otra, por lo que despertar la ira del creador contra vosotros simplemente acelerará el proceso, además supondría un gran éxito de vuestra parte salvar la humanidad de esa maldita perra. En cambio yo amigos míos...- Esbozó una maligna sonrisa y se rió entre diente.- Tengo toda una eternidad por vivir.
A Ralf le empezaron a sudar las manos y no podía dejar de moverlas nerviosamente, Ryder seguía mirando al rey sin mostrar ningún titubeo.
- Quiero que vayas a por Amelia Grey y que la matéis. A sangre fría si hace falta. ¡Me da lo mismo! Cómo que la arrojéis a los lobos, la descuarticéis en pedazos. ¡Lo mismo me da!- El rey los miró con exasperación y luego sacudió la cabeza de un lado a otro- ¡La quiero muerta!.- Las llamas bailaban en sus ojos enfurecidos.- Y lo quiero antes de la próxima luna de fuego...
- Pero eso es dentro de dos semanas- susurro Ralf para si mismo.
- Estoy al tanto- dijo el rey con ironía.- ¿Pero eso no supondrá ningún problema verdad?
Fuego se levantó, se cruzó las manos sobre la espalda e hizo el pequeño recorrido hasta situarse delante de Ralf. Ralf tenía una fina capa de sudor en la frente y movía nerviosamente las manos.
- No- Contestó con voz aguda. Estaba mintiendo Ryder estaba más que claro y Ryder estaba seguro que el rey no seria tan tonto como para creerselo.
-Bien, por que creo haber escogido a los más cualificados para esta misión.
- ¿Debe estar de broma, verdad?- dijo Ryder entre risa.- Basta mirarlo para saber que ni siquiera tiene la más remota idea de lo que se debe hacer...
- Las apariencias engañan señor White, y usted más que cualquiera debería de saber esto.- El rey tenia una irónica sonrisa en los labios y de su diabólica mirada saltaban chispas. Parecía bastante divertido con la situación, era cómo si de algún modo tuviese un as en la manga y Ryder no se daba cuenta. Ralf se aclaró la garganta incomodo y el rey se río.
- Ya basta de tonterías...-gruño el rey poniéndose serio.- Su ultimo paradero fue Exeter, no tengo mucha información sobre ella... Mujer blanca de metro y sesenta, rubia, ojos azules y con un alto sentido de destrucción...
Los chicos escucharon con atención mientras el rey les daba todos los datos e información al respecto de Amelia Grey.
- Abate Galiani.
Ryder miraba fijamente a Grove, - su instrumento inmortal, una flecha mágica- llevaba ya un rato dándole vueltas al asunto de Amy. Y cada vez estaba más que seguro de que suponía un peligro mortal para su familia. Por más que evitara pensar en ella, no podía. No podía negar que sus brillantes y asustadizos ojos azules se le habían incrustado bajo la piel y que lo consumían a cada segundo. Tenía la sensación de haber visto aquellos ojos antes, pero por más que intentara, no lograba recordar donde. Cansado de tanto darle vueltas a algo sin sentido, se levantó de la cama, dejó a Grove sobre la mesita de estudios a la que nunca solía utilizar y resopló. Todo aquel asunto de tener a una semi humana rondando por los pasillos de su casa lo tenía bastante agobiado. Por el rabillo del ojo pudo vio aparecer un trozo de papel suspendido en el aire, suspiró, cogió la nota entre sus dedos y la miró. La nota estaba escrita con una perfecta caligrafía a tinta.
" El rey fuego desea verle urgentemente en el tribunal, ven solo.
Clave del día: Mysterium, quod salvatum fuerit, erit anima tua conservent "
En cuanto Ryder terminó de leer el pequeño trozo de papel, este se prendió fuego, se hizo ceniza y desapareció. Esto era nuevo, nunca se era convocado ante el tribunal, a menos que hubieses roto una de las doce reglas de oro. Y hasta el momento, Ryder nunca había roto ninguna de ellas. Se pasó la mano por el pelo húmedo, cogió el arco y a Grove y los ajustó a su espalda. Se subió la capucha de la sudadera azul medianoche y encajó el brazalete en su brazo derecho. El brazalete servia para identificarlo como uno de los cazadores del hielo, giró sobre si mismo y se dirigió hacía el pasillo, caminó hasta el final de este, giró a la derecha y entró a la segunda puerta a la izquierda. Cogió una de las tizas que estaban sobre el mueble de mármol, y empezó a dibujar una runa para poder crear un portal hasta Ignis. En cuanto terminó de dibujar la runa, un destello de luz azulada empezó a brotar de cada una de las lineas trazadas hasta convertirse en un portal. Era una gran ventana traslúcida. Ryder observó uno de los familiares pasillos del Castillo Ignis. Las paredes de arcilla rojiza le daban un aspecto del todo tenebroso y siniestro. Suspiró antes de traspasar el portal, un suave hormigueo le recogió todo el cuerpo y eso hizo que se le pusiera la piel de gallina. El pasillo estaba en silencio y los candelabros se encendían con el resonar de sus pasos. Los guardianes seguían pasivos, mientras que Ryder camina con paso sigiloso hacía el final del pasillo. Las gigantescas armaduras que estaban perfectamente alineadas contra la pared - Los guardianes del fuego- permanecería pasivos siempre y cuando Ryder dijera la clave correcta en el momento exacto, y aunque en aquellas armaduras no habitaran ningún ser, podían descuartizarte en un abrir y cerrar de ojos. Estaban allí para matar a cualquier intruso, o cualquiera que no fuera sin duda alguna un cazador de sangre pura. A medio pasillo Ryder se paró al ver que uno de los primeros guardianes a la izquierda se movía y se interponía en su camino. El guardián levantó su enorme y pesada espada y señaló al pecho de Ryder.
- La clave, cazador.- dijo su voz metálica. Dos puntos de luz proveniente del casco lo miraron fijamente. Parecían dos luciérnaga.
- Mysterium, quod salvatum fuerit, erit anima tua conservent.- Dijo Ryder en tono aburrido, el guardián bajó la espada, y aunque careciera de rostro, Ryder estuvo casi seguro de ver un deje de decepción en su inexistente semblante. El guardián dio un paso hacía atrás y volvió a ocupar su sitio contra la pared, Ryder observó como volvía a su estado solido. Otros cazadores había muerto por no aprender la clave correctamente, pero para Ryder eso no suponía ningún problema. Se había pasado la mayor parte de su vida aprendiendo Latín con su madre. Al fin y al cabo, el latín no era una lengua muerta, al menos no para los cazadores. Se acercó a la pared y metió el puño por un pequeño hueco en este. " Nada mejor qué te extraigan un poco de sangre antes de tener que enfrentarte al rey..." Puso los ojos en blanco mientra una fina aguja le atravesaba la carne. La luz blanquecina del escáner analizó su brazalete. Después de comprobar su sangre y de analizar la autenticidad del brazalete retiró el brazo. De la pared brotó un sordo golpe y empezó a abrirse. Los ladrillos empezaron a desencajarse y encajarse en otros hasta dejar a la vista el enorme vestíbulo del castillo.
La enorme y perfectamente cuidada alfombra rojiza, le dio la bienvenida. El vestíbulo era tan grande como para ser un salón de baile. El suelo era de cristal y brillantes amapolas flotaban bajo el. Parecían tan frescas y magnificas que seguramente era debido a la magia que rodeaba al castillo.
Unos tacones resonaron por todo el salón. Ryder levantó la vista a tiempo para ver entrar a una chica pelirroja. Ella llevaba un conjunto verde oliva, tacones beige y un ostentoso collar de perlas le adornaba el cuello.
Era una mujer bastante guapa y al instante llamó la atención de Ryder. Quizá no tuviera más de veinticinco, adorables pecas bailaban por sus mejillas y nariz. Sus ojos avellana le daba un aspecto dulce y delicado.
Ryder la dedicó una sonrisa coqueta y ella se sonrojó.
-¿Señor White? sígueme por favor.- No le hacía falta pedírselo dos veces, Ryder estaría dispuesto a seguirla a cualquier parte en aquel exacto momento. Solo tenía que pedírselo...
La chica pelirroja se dio la vuelta y se dirigió por el mismo pasillo por el que había aparecido. Los pasillos al que recorrieron eran del estilo gótico y aunque no entendiera mucho de arquitectura estaba casi seguro que el color rojo sangre de las paredes, no pintaban nada allí.
La chica pelirroja se detuvo delante de unas enormes puertas dobles de marera blanca, en la puerta estaba el emblema de los cazadores de fuego (Un cuervo envuelto en llamas). La chica se giró para mirar a Ryder. Sus dulces mejillas seguían ruborizadas cuando lo miró.
- Él...él vendrá enseguida.- balbuceó. Ryder soltó una carcajada lo que hizo que todos sus músculos se tensaran y marcaran su perfecta musculatura. La chica le sonrió dulcemente, él la miró y la guiñó un ojo antes de abrir las puertas y pasar sin vacilación.
El tribunal consistía en una habitación lo bastante grande para albergar a doscientas personas o más. El suelo era de un cristal azul marino y a diferencia del suelo del recibidor, estos tenían brillantes esferas incrustadas bajo el cristal y parpadeaban constantemente. " El cielo estrellado"- pensó.
Las paredes eran irregulares y parecían estar hechas de una cascada de chocolate en constante movimiento. Había una mesa a cada lado de la habitación e iban de un extremo a otro. Al fondo de la habitación estaba el trono del rey y a ambos lados del trono había dos bancos de piedra natural. Estos bancos los ocupaban los pupilos del rey. Desde que Tenía uso de razón, aquellos bancos siempre habían sido ocupados por los cazadores de fuego y hielo. Nadie solía hablar de los cazadores grises, y según bien recordaba, era debido al hecho de haber traicionado a sus hermanos (fuego y hielo). Aunque nada de eso era verdad, o eso siempre le habían dichos sus padres a él. Los padres de Ryder, confiaban ciegamente en los cazadores grises, y aunque habían sido extinguido hace siglos del circulo, seguían dando de que hablar. Delante del altar había alguien de pie, era un chico rubio, iba vestido con unos pantalones jeans, sueter y botas militares parecidas a las de Ryder. En la espalda llevaba una funda de cuero que protegía su Armizón -Su instrumento inmortal (una espada nacida entre rayos)-. Ryder caminó sigilosamente hacía el altar y se paró justo al lado del otro cazador. Este giró la cabeza para echar un rápido vistazo a Ryder, pero él fingió no darse cuenta.
- Bonita Grove.- dijo el cazador de al lado.- Soy Ralf.
Ryder bajó la mirada hacía él ya que era uno centímetros más bajo que él. Le dedicó una mirada furibunda y el chico rubio se encogió de hombros. El chico abrió la boca para decir algo más, pero una puerta oculta a la derecha se abrió y los dios se giraron para ver a un hombre pelirrojo salir de ella. Era el rey fuego, aparentaba rondar los treinta y pico, pero en realidad era uno de los seres más viejo de entre todas las criaturas del submundo.
- ¡Aquí están mis chicos!.- levantó las manos en señal de bienvenida, se subió al altar y se sentó con bastante elegancia sobre su trono. Echó un rápido vistazo a Ryder y a Ralf y luego aplaudió. Ralf dio un respingo y el rey fuego frunció el ceño, Ryder estuvo tentado a soltar una carcajada pero se aguantó.
- Bien, empecemos.- El rey fuego se puso serio y miró a Ryder.- Os he llamado aquí, por que tengo una misión secreta para los dos...
Hizo una pausa teatral, muy típica del siglo XVI y luego prosiguió.
- La hija de gris, se ha alzado entre nosotros- volvió a hacer un gesto teatral con las manos- y me quiere quitar todo por lo que siempre he luchado.
Fuego hizo una pausa y miró a los muchachos, parecían tan tranquilos y relajados...
- Yo no puedo matarla con mis propias manos ya que eso supondría revelarme contra el creador, pero vosotros amigos mios, vosotros sois apenas unos cazadores... Pronto moriréis de una forma u otra, por lo que despertar la ira del creador contra vosotros simplemente acelerará el proceso, además supondría un gran éxito de vuestra parte salvar la humanidad de esa maldita perra. En cambio yo amigos míos...- Esbozó una maligna sonrisa y se rió entre diente.- Tengo toda una eternidad por vivir.
A Ralf le empezaron a sudar las manos y no podía dejar de moverlas nerviosamente, Ryder seguía mirando al rey sin mostrar ningún titubeo.
- Quiero que vayas a por Amelia Grey y que la matéis. A sangre fría si hace falta. ¡Me da lo mismo! Cómo que la arrojéis a los lobos, la descuarticéis en pedazos. ¡Lo mismo me da!- El rey los miró con exasperación y luego sacudió la cabeza de un lado a otro- ¡La quiero muerta!.- Las llamas bailaban en sus ojos enfurecidos.- Y lo quiero antes de la próxima luna de fuego...
- Pero eso es dentro de dos semanas- susurro Ralf para si mismo.
- Estoy al tanto- dijo el rey con ironía.- ¿Pero eso no supondrá ningún problema verdad?
Fuego se levantó, se cruzó las manos sobre la espalda e hizo el pequeño recorrido hasta situarse delante de Ralf. Ralf tenía una fina capa de sudor en la frente y movía nerviosamente las manos.
- No- Contestó con voz aguda. Estaba mintiendo Ryder estaba más que claro y Ryder estaba seguro que el rey no seria tan tonto como para creerselo.
-Bien, por que creo haber escogido a los más cualificados para esta misión.
- ¿Debe estar de broma, verdad?- dijo Ryder entre risa.- Basta mirarlo para saber que ni siquiera tiene la más remota idea de lo que se debe hacer...
- Las apariencias engañan señor White, y usted más que cualquiera debería de saber esto.- El rey tenia una irónica sonrisa en los labios y de su diabólica mirada saltaban chispas. Parecía bastante divertido con la situación, era cómo si de algún modo tuviese un as en la manga y Ryder no se daba cuenta. Ralf se aclaró la garganta incomodo y el rey se río.
- Ya basta de tonterías...-gruño el rey poniéndose serio.- Su ultimo paradero fue Exeter, no tengo mucha información sobre ella... Mujer blanca de metro y sesenta, rubia, ojos azules y con un alto sentido de destrucción...
Los chicos escucharon con atención mientras el rey les daba todos los datos e información al respecto de Amelia Grey.
domingo, 21 de abril de 2013
Desayuno con los White.- 5º Capítulo
El gélido aire de invierno soplaba con fuerza, mientras caminaba sobre las agua del atlántico sin rumbo fijo. Había tenido una visión de un futuro no muy lejano, y eso me asustaba. Pero, qué demonios digo, nada debería atemorizarme, era gris; el rey de las tinieblas y las tempestades nada debería atemorizarme, nada. Y mucho menos el hecho de que tiempos oscuros nos acecharán, habría comentado algo con hielo y fuego, pero todas las visiones indicaban que no debía confiar en ninguno de ellos, muy pronto alguien me traicionaría y, debería estar preparado. Silbé y a los pocos segundos un enorme fénix apareció sobre el ocaso. Dante, era mi fiel compañero, creado con mis propias manos; para mis fines, era el único en quien podía confiar en estos momentos. Se paró a mi lado, y sus enormes alas mordaces se extendieron para darme la bienvenida, en un ágil movimiento me subí a él y sus zarpas jugaron con el agua antes de subí el vuelo hacía el magnifico ocaso.
Abrí mis ojos algo abrumada, los tenues rayos del sol, se filtraban por la enorme vidriera continua a la cama donde Amy se encontraba acostada. Los recuerdos de la noche anterior le vinieron a la mente.
- ¿Quieres dejar de hacer eso?.- dijo a Darren en tono irritado. Llevaba mirándola más de media hora y, que Darren no le quitase ojo la hacia sentirse irritable y sentía el impulso de gritarle. Parecía un lunático, ni siquiera parpadeaba.
-¿Hacer el qué?.- Preguntó él en tono aburrido.
- Deja de mirarme de esa forma...- susurró dudando.
- ¿De qué forma?
- Cómo si fuera algo comestible y estuvieras días sin comer...
Darren, soltó una carcajada y eso la hizo sentirse todavía más enfadada, no podía entender que el hecho de que ella se sintiera incomoda le divirtiese tanto. Ella le fulminó con la mirada, pero él no pareció darse cuenta.
- Bonita metáfora- Una sonrisa socarrona se le asomó a las comisuras de los labios e hizo que casi todo el mal humor de Amy se disipara. Casi.- Intentaré no mirarte cómo si fueras algo comestible y, cómo si yo; no estuviera tentado a devorarte en cualquier momento.
Amy sintió como sus mejillas fueron cogiendo color casi violentamente. Bajó la mirada hacía su regazo y empezó a jugar con sus dedos. Quería odiar a Darren por hacerla parecer una maldita colegiala, pero la verdad es que le era imposible.
- Lo siento, no pretendía que te sintieras incomoda.- resopló, Amy levantó la vista hacia él y sus ojos
se encontraron.- Es solo que siento... siento que vas a desaparecer en cualquier momento...
- No me voy a ninguna parte.- dijo ella de inmediato, y aunque sus palabras, fueran obra de un acto reflejo, empezaba a tener ganas de no ir a ninguna parte.
- Me encantaría creerte, pero no puedo.
Ella suspiró, se sentía agotada y lo único que le apetecía en aquel momento era dormirse...
- No pienso irme a ninguna parte, al menos no por hoy.
Una suave sonrisa triste por parte de Darren, la hizo querer levantarse y acurrucarse a su lado, pero temió que él no se lo tomara bien, por lo que se obligó a mantenerse en el mismo sitio. Él pareció adivinar sus pensamientos, por lo que se levantó y ocupó un sitio en el sofá junto a ella. Ella lo miró con recelo, sus movimientos ágiles la dejaba fascinada, y eso la hacía sentirse insegura.
Amy, nunca se había enamorado y, no creía en el amor a primera vista, siempre había creído que el amor se adquiría con los años, y que sintiera ese pequeño retortijón en la tripa la hacía empezar a creer lo contrarío.
Amy, nunca se había enamorado y, no creía en el amor a primera vista, siempre había creído que el amor se adquiría con los años, y que sintiera ese pequeño retortijón en la tripa la hacía empezar a creer lo contrarío.
Darren, palmeó el sitio vacío que se interponía entre ambos, Amy frunció el ceño sin entender. ¿Era una trampa? ¿En la cual si ella picaba, él se pasaría riéndose de ella, durante toda su vida?
- Ven.- La voz de Darren no albergaba ningún tono burlón, solo cansancio. Ella le abedeció y se sentó a su lado, Darren la envolvió con sus brazos y ella apoyó su cabeza en su hombro, cerró los ojos y sin darse cuenta se había quedado profundamente dormida.
Seguramente Darren la hubiera cargado hasta allí, sintió sus mejillas arder al pensar en Darren cargándola por toda la casa hasta traerla a la habitación. La habitación era de un tamaño razonable, las paredes cómo al resto de la casa, estaban pintadas del color hueso, había un pequeño armario de madera oscura empotrado contra la pared.
Había un escritorio hecho con la misma madera oscura, un ordenador apagado descansaba encima de este, también había una pila de libros perfectamente ordenados, unos cuantos lapiceros y folios. La silla del escritorio negra estaba alineada perfectamente con la mesa de estudios. Se levantó y se acercó despacio a la vidriera. El paisaje campestre la maravilló. Varios pinos se amontonaban en torno a la casa y a simple vista se parecía a un pequeño bosque. A lo lejos ella pudo distinguir vallas, quizá no estuvieran al fin y al cabo metidos en medio del bosque y si estuvieran en una granja. El cielo despejado la sobrecogió. Este no era precisamente el tiempo que hacía en Presto, y mucho menos en invierno. Suspiró, después de todas las cosas que andaban pasando, no le sorprendería, a estas alturas estar en cualquier parte del mundo.
Se dio la vuelta, al extremo derecho de la habitación había una segunda puerta, por lo que ella supuso que seria el baño. De pronto su vejiga se contrajo, y sintió unas ganas incontrolables de hacer pis. Empezó a caminar a hacía allí, con paso desesperado, giró el pomo de la puerta y la abrió sin vacilación, pero no pasó de la puerta. Darren se estaba duchando, el agua resbalaba por su cuerpo como si hiciera parte de él. Amy miró embobada como el jabón caía por su cuerpo antes de llegar al suelo de cerámica de la ducha. Oh, dios mio... Estaba incluso más bueno de lo que se imaginaba.
De pronto la idea de que la pillara espiándole mientras se duchaba no le parecía muy tentadora. Cerró la puerta con tanta precaución que le fue posible. Le temblaban las rodillas y su corazón latía desbocado, se tambaleó hasta la cama y luego se dejó caer sobre ella. Tenía la misma sensación de vértigo que había tenido el día anterior antes de desaparecer, cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Tenía que tranquilizarse, o a saber donde se iría a parar esta vez...
Sintió un suave hormigueo en las puntas de los dedos. No era una sensación molesta, era más bien un pequeño cosquilleo.
Amy, abrió los ojos muy despacio. Una pequeña bola de fuego bailaba en la palma de su mano. Ella se sentó sobre la cama y miró absorta a su mano.
Sacudió la mano, pero, eso solo hizo que la bola duplicara su tamaño. La llama rojiza se convirtió en una bola de fuego azul, y poco a poco a la bola azul se extinguió para convertirse en una gran bola de hielo. Dentro de la bola cristalina había una pequeña nube gris cargada de truenos.
Amy, sintió un suave calambre en la palma de la mano. Empezó a sentir la humedad escurrirse por su piel. Poco a poco el hielo se iba derritiendo, pero los destellos de los relámpagos chocaban con más frecuencia contra las paredes congeladas de la pequeña bola de hielo cristalina. Parecía una gran tormenta...
La puerta del baño se abrió e inmediatamente, la bola se evaporó, reteniendo todo su liquido bajo su piel blanquecina.
Ella miraba su mano algo conmovida. «¿Cómo demonios hice eso?»- pensó.
Fuese como fuera había sido la cosa más alucinante que hubiera visto nunca...
Darren la observó durante unos segundos antes de acercarse a ver qué pasaba.
Al comprobar que no le pasaba nada en la mano resopló.
- Como sigas así, no me extrañaría que te metieran en un manicomio.- dijo él, burlándose de ella.
Amy alzó la vista bruscamente como si acabar de percatarse de su presencia. Darren, tenía apenas una toalla en vuelta de la cintura y la miraba pícaramente. Amy desvío la vista hacía otra parte, temiendo que sus ojos delataran sus actos espiatorios. Se levantó de la cama y se dirigió al baño sin echarle ni una sola mirada.
- Buenos días para ti, también.- dijo él, poniendo los ojos en blanco.
***
Después de asearse, Amy siguió a Darren hacía el comedor.
Los pasillos a diferencia del resto de la casa era del estilo victoriano, con sus paredes amarillas y el suelo era como la tabla del ajedrez, negro y blanco. Había una alfombra anaranjada que iba de punta a punta. Los candelabros que los iluminaban, estaban suspendidos en el aire e iban iluminando a medida que pasaban. Todo en aquella casa sonaba misteriosa y llena de secretos o eso le parecía Amy. Doblaron a la izquierda y siguieron por otro pasillo idéntico al anterior. Al final del pasillo había una escalera de caracol, por la cual bajaron. Luego siguieron por otro pasillo hasta dar a las enormes escaleras del salón. Esa parte Amy ya la conocía y se sintió aliviada de ver algo al que ya conociera.
En la cocina-comedor estaban Shawn, Bella y Ryder. Shawn le dedicó una sonrisa afable al verla, Bella le dedicó una mirada a la cual no pudo descifrar y Ryder la ignoró.
- Siéntate.- dijo Darren haciendo un gesto hacía la mesa. Amy se sentó al lado de Shawn, quien a diferencia de los demás era el único que parecía complacido con su presencia.
-¿Has dormido bien?- Dijo Shawn en su cabeza. Ella le miró y asintió. Todavía no se acostumbraba a escucharle en su cabeza sin verlo mover los labios, pero en cierto modo era reconfortante. Ryder levantó la vista y la miró por una fracción de segundos, luego negó con la cabeza, se levantó y abandonó la estancia.
A diferencia de la noche anterior, hoy iba con una camiseta azul medianoche, unos pantalones negros y sus botas militares. Amy contempló la puerta de la cocina durante un rato y se sintió decepcionada. ¿Por qué se portaba tan reacio con ella? ¿Qué le había hecho para que no pudiera ni siquiera estar en la misma habitación que ella por media hora? -No te rompas la sesos Amy, no es tu culpa que sea tan memo. Simplemente no le gustan los humanos, y que de alguna forma tengas ese gen no le sienta bien, esperaba que fueras... bueno... más como nosotros...
-¿Vosotros?.- Susurró ella sin comprender. Él asintió, obviamente sabía que ni ella, ni nadie de aquella habitación sabía bien lo que era, pero Shawn tenía algunas hipótesis... Bastante convincentes la verdad..
Darren, puso delante de ella un plato con gofres. Ella frunció el ceño, no solía comer tantas calorías en pleno desayuno, pero tenía tan buena pinta... Se echó un poco de sirope de chocolate encima y se lo empezó a comer. Bella, se echó zumo de arandanos en un vaso y se lo bebió sorbo a sorbo. Se resignó al silencio y se sentó en la mesa delante de Amy.
-¿Vas a ir al instituto vestida así?.- preguntó arrugando la frente.
Amy se miró la blusa color crema y se mordió el labio, estaba manchada de barro, ¿pero qué otra cosa se podía poner?
- Bella...- Le advirtió Shawn en tono brusco, ella puso los ojos en blanco y siguió mirando fijamente a Amy.
- No es que tenga muchas opciones, la verdad...- Empezó decir Amy y Bella se rió. Ese sonido envió fuertes descargas por todo su cuerpo. La risa de Bella hizo que toda la tensión de cuerpo se evaporara. Sonrió de lado. Darren las miró con el ceño fruncido y resopló. " Tias..."- pensó.
Bella recuperó la compostura y se hecho la oscura melena hacía atrás. Miró a Amy con una sonrisa en los labios y chasqueó los dedos.
-¿Te parece bien esta?.- preguntó. Amy la miró sin entender.
- Mira tu camiseta.- Le aconsejó Shawn, ella le hizo caso y se quedó algo sorprendida al ver que su camiseta color crema fuese remplazada por una camiseta de seda azul celeste. Levantó la vista y vio a una Bella muy orgullosa de sus actos. Eso era extraño... Desde que la había conocido no había visto nada más, que alguien algo hostil...
Le sonrió agradecida.
- Gracias
- No hay de qué, pero no lo hice por ti.- Sonrió de oreja a oreja.- No pienso dejar que una ni nueva compi vaya por ahí vestida como una loca... Hablando de loca, ¿Que hacemos con ese pelo?
- Eh, eh.- dijo Amy llevándose la mano al pelo.- ¿Qué pasa con mi pelo?
Parecía realmente alarmada, Darren y Shawn se empezaron a reír y ella se relajó. Empezaba a creer que las novatadas iban a hacerse parte de su vida de ahora en adelante.
Había un escritorio hecho con la misma madera oscura, un ordenador apagado descansaba encima de este, también había una pila de libros perfectamente ordenados, unos cuantos lapiceros y folios. La silla del escritorio negra estaba alineada perfectamente con la mesa de estudios. Se levantó y se acercó despacio a la vidriera. El paisaje campestre la maravilló. Varios pinos se amontonaban en torno a la casa y a simple vista se parecía a un pequeño bosque. A lo lejos ella pudo distinguir vallas, quizá no estuvieran al fin y al cabo metidos en medio del bosque y si estuvieran en una granja. El cielo despejado la sobrecogió. Este no era precisamente el tiempo que hacía en Presto, y mucho menos en invierno. Suspiró, después de todas las cosas que andaban pasando, no le sorprendería, a estas alturas estar en cualquier parte del mundo.
Se dio la vuelta, al extremo derecho de la habitación había una segunda puerta, por lo que ella supuso que seria el baño. De pronto su vejiga se contrajo, y sintió unas ganas incontrolables de hacer pis. Empezó a caminar a hacía allí, con paso desesperado, giró el pomo de la puerta y la abrió sin vacilación, pero no pasó de la puerta. Darren se estaba duchando, el agua resbalaba por su cuerpo como si hiciera parte de él. Amy miró embobada como el jabón caía por su cuerpo antes de llegar al suelo de cerámica de la ducha. Oh, dios mio... Estaba incluso más bueno de lo que se imaginaba.
De pronto la idea de que la pillara espiándole mientras se duchaba no le parecía muy tentadora. Cerró la puerta con tanta precaución que le fue posible. Le temblaban las rodillas y su corazón latía desbocado, se tambaleó hasta la cama y luego se dejó caer sobre ella. Tenía la misma sensación de vértigo que había tenido el día anterior antes de desaparecer, cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Tenía que tranquilizarse, o a saber donde se iría a parar esta vez...
Sintió un suave hormigueo en las puntas de los dedos. No era una sensación molesta, era más bien un pequeño cosquilleo.
Amy, abrió los ojos muy despacio. Una pequeña bola de fuego bailaba en la palma de su mano. Ella se sentó sobre la cama y miró absorta a su mano.
Sacudió la mano, pero, eso solo hizo que la bola duplicara su tamaño. La llama rojiza se convirtió en una bola de fuego azul, y poco a poco a la bola azul se extinguió para convertirse en una gran bola de hielo. Dentro de la bola cristalina había una pequeña nube gris cargada de truenos.
Amy, sintió un suave calambre en la palma de la mano. Empezó a sentir la humedad escurrirse por su piel. Poco a poco el hielo se iba derritiendo, pero los destellos de los relámpagos chocaban con más frecuencia contra las paredes congeladas de la pequeña bola de hielo cristalina. Parecía una gran tormenta...
La puerta del baño se abrió e inmediatamente, la bola se evaporó, reteniendo todo su liquido bajo su piel blanquecina.
Ella miraba su mano algo conmovida. «¿Cómo demonios hice eso?»- pensó.
Fuese como fuera había sido la cosa más alucinante que hubiera visto nunca...
Darren la observó durante unos segundos antes de acercarse a ver qué pasaba.
Al comprobar que no le pasaba nada en la mano resopló.
- Como sigas así, no me extrañaría que te metieran en un manicomio.- dijo él, burlándose de ella.
Amy alzó la vista bruscamente como si acabar de percatarse de su presencia. Darren, tenía apenas una toalla en vuelta de la cintura y la miraba pícaramente. Amy desvío la vista hacía otra parte, temiendo que sus ojos delataran sus actos espiatorios. Se levantó de la cama y se dirigió al baño sin echarle ni una sola mirada.
- Buenos días para ti, también.- dijo él, poniendo los ojos en blanco.
***
Después de asearse, Amy siguió a Darren hacía el comedor.
Los pasillos a diferencia del resto de la casa era del estilo victoriano, con sus paredes amarillas y el suelo era como la tabla del ajedrez, negro y blanco. Había una alfombra anaranjada que iba de punta a punta. Los candelabros que los iluminaban, estaban suspendidos en el aire e iban iluminando a medida que pasaban. Todo en aquella casa sonaba misteriosa y llena de secretos o eso le parecía Amy. Doblaron a la izquierda y siguieron por otro pasillo idéntico al anterior. Al final del pasillo había una escalera de caracol, por la cual bajaron. Luego siguieron por otro pasillo hasta dar a las enormes escaleras del salón. Esa parte Amy ya la conocía y se sintió aliviada de ver algo al que ya conociera.
En la cocina-comedor estaban Shawn, Bella y Ryder. Shawn le dedicó una sonrisa afable al verla, Bella le dedicó una mirada a la cual no pudo descifrar y Ryder la ignoró.
- Siéntate.- dijo Darren haciendo un gesto hacía la mesa. Amy se sentó al lado de Shawn, quien a diferencia de los demás era el único que parecía complacido con su presencia.
-¿Has dormido bien?- Dijo Shawn en su cabeza. Ella le miró y asintió. Todavía no se acostumbraba a escucharle en su cabeza sin verlo mover los labios, pero en cierto modo era reconfortante. Ryder levantó la vista y la miró por una fracción de segundos, luego negó con la cabeza, se levantó y abandonó la estancia.
A diferencia de la noche anterior, hoy iba con una camiseta azul medianoche, unos pantalones negros y sus botas militares. Amy contempló la puerta de la cocina durante un rato y se sintió decepcionada. ¿Por qué se portaba tan reacio con ella? ¿Qué le había hecho para que no pudiera ni siquiera estar en la misma habitación que ella por media hora? -No te rompas la sesos Amy, no es tu culpa que sea tan memo. Simplemente no le gustan los humanos, y que de alguna forma tengas ese gen no le sienta bien, esperaba que fueras... bueno... más como nosotros...
-¿Vosotros?.- Susurró ella sin comprender. Él asintió, obviamente sabía que ni ella, ni nadie de aquella habitación sabía bien lo que era, pero Shawn tenía algunas hipótesis... Bastante convincentes la verdad..
Darren, puso delante de ella un plato con gofres. Ella frunció el ceño, no solía comer tantas calorías en pleno desayuno, pero tenía tan buena pinta... Se echó un poco de sirope de chocolate encima y se lo empezó a comer. Bella, se echó zumo de arandanos en un vaso y se lo bebió sorbo a sorbo. Se resignó al silencio y se sentó en la mesa delante de Amy.
-¿Vas a ir al instituto vestida así?.- preguntó arrugando la frente.
Amy se miró la blusa color crema y se mordió el labio, estaba manchada de barro, ¿pero qué otra cosa se podía poner?
- Bella...- Le advirtió Shawn en tono brusco, ella puso los ojos en blanco y siguió mirando fijamente a Amy.
- No es que tenga muchas opciones, la verdad...- Empezó decir Amy y Bella se rió. Ese sonido envió fuertes descargas por todo su cuerpo. La risa de Bella hizo que toda la tensión de cuerpo se evaporara. Sonrió de lado. Darren las miró con el ceño fruncido y resopló. " Tias..."- pensó.
Bella recuperó la compostura y se hecho la oscura melena hacía atrás. Miró a Amy con una sonrisa en los labios y chasqueó los dedos.
-¿Te parece bien esta?.- preguntó. Amy la miró sin entender.
- Mira tu camiseta.- Le aconsejó Shawn, ella le hizo caso y se quedó algo sorprendida al ver que su camiseta color crema fuese remplazada por una camiseta de seda azul celeste. Levantó la vista y vio a una Bella muy orgullosa de sus actos. Eso era extraño... Desde que la había conocido no había visto nada más, que alguien algo hostil...
Le sonrió agradecida.
- Gracias
- No hay de qué, pero no lo hice por ti.- Sonrió de oreja a oreja.- No pienso dejar que una ni nueva compi vaya por ahí vestida como una loca... Hablando de loca, ¿Que hacemos con ese pelo?
- Eh, eh.- dijo Amy llevándose la mano al pelo.- ¿Qué pasa con mi pelo?
Parecía realmente alarmada, Darren y Shawn se empezaron a reír y ella se relajó. Empezaba a creer que las novatadas iban a hacerse parte de su vida de ahora en adelante.
lunes, 15 de abril de 2013
Miedo a desaparecer. - 4 º Capítulo.
El mundo es un agujero negro, en el cual si te pierdes, no hay marcha atrás.
- Amanda J. Queiroz
Una fuerza semejante a la de un tornado en pleno movimiento le hizo a Amy desaparecer, todo le daba vueltas, y sentía que pondría vomitar en cualquier momento. Trató de gritar, pero ningún sonido salió de sus labios, todo estaba oscuro y el tornado la hacia girar a miles de kilómetros por horas. Intentó aferrarse a algo, pero allí no había más que oscuridad y partículas de polvo. El tornado dejó de girar de golpe, arrojándola precipitadamente sobre el duro suelo. Ella tomó una gran bocanada de aire e intentó incorporarse. Era de día, a pocas horas de la mañana, distinguió la calle donde vivía. Había un coche negro parado en la esquina, tenía la sensación de haber visto aquel coche allí antes. Amy, se levantó de golpe y se sorprendió al ver que la cabeza ya no le daba vueltas.
Intentó de averiguar si había alguien en el coche, pero las ventanillas del coche estaban tintadas. Amy suspiró y empezó a caminar hacia casa, pocos pasos después, se quedó de piedra, al ver quien salia de su casa. Era Amy, y llevaba la misma ropa que ella. «¿Cómo era esto posible?»
Amy siguió a su otro yo con la mirada, y aunque estaba estupefacta no pudo evitar, reparar que aquellos botines le sentaba fatal.
En cuanto el otro yo de Amy se puso en movimiento un tipo moreno con un chaqueta de cuero negra y pantalones vaqueros, se bajó del coche y empezó a caminar en la misma dirección.
Al principio Amy, creyó que se trataba de una simple coincidencia, pero al seguirlos, se dio cuenta de que el tipo seguía a su otro yo. En cuanto su otro yo se paró en seco y miro a su alrededor. Amy tenia la vaga impresión de que ya había vivido aquel momento e intuyó lo peor, el tipo de la cazadora también se paró y se quedó inmóvil. Ella se acercó a él con precaución, el chico tenía un negruzco tatuaje en la nunca, que de hecho le palpitaba al ritmo de su corazón, cuando ella se acercó más pudo ver que no se trataba exactamente de un tatuaje y si de una runa. Ella se paró detrás del chico y se permitió contemplar la curiosa runa. La runa era un circulo plagado de símbolos y letras extrañas que no pudo descifrarlo, levanto la mano indecisa y se la llevó a la nuca del tipo que se permanecía firmemente inmóvil. En cuanto su dedo le rozó la piel, la palabra: muerte, hizo eco en su mente, ella apartó la mano precipitadamente y dio un paso hacía atrás alarmada. Segundos después las agujas del reloj volvían a transcurrir su curso. El tipo de la cazadora hizo ademán de volverse, pero la violenta fuerza del huracán ya la había arrojado a su remolino y la llevaba a kilómetros por hora de vuelta a la realidad.
Amy, pudo sentir como el remolino sacudía todo su ser y se le metía bajo la piel. El remolino fue perdiendo su fuerza, ella dio un traspié y se chocó con Darren, quien la sujetó para que recuperase el equilibrio, el mundo le daba vuelta, y le costaba respirar. Se apoyó en Darren, mientras en mundo iba difuminándose y ella perdía la conciencia.
***
Sujetó a Amy con fuerza antes de que se precipitara al suelo.
El mundo volvía a la normalidad, y la gente empezaba a mirarlos con curiosidad. Levantó a Amy en volandas y salió del local, no sin antes oír una voz femenina preocupada llamando al nombre de su acompañante. El tipo que había seguido a Amy, durante su recorrido al café, levantó la vista y unos par de ojos castaños los miraron con indecisión.
Darren, le lanzó una sonrisa socarrona antes de meterse en el pequeño callejón continuo a la cafetería. Se las arregló para deslizar el dedo en el bolsillo y rozar a Luminux, el mundo iba difuminándose ante sus ojos cuando el tipo de la cazadora irrumpió en el callejón yéndose directamente hacía ellos, el tipo lanzo una daga hacía ellos pero esta chocó con el aire en cuanto estos desaparecieron ante sus ojos.
***
Lion, sacó el móvil del bolsillo de inmediato y marcó el numero de Alan a toda prisa.
Al segundo timbre se escuchó la ronca, pero familiar voz de Alan.
- Se la han llevado.- Logró decir Lion.
-¿Quien?
- No lo sé, no es nadie que haya conocido antes....
-¡Trae tu maldito trasero de vuelta aquí!- gruñó Alan antes de colgar.
Lion miró durante un segundo a la pantalla del móvil con resignación.
Se había metido en un gran problema por haber perdido a la hija del jefe, y seria de gran alivio saber a que castigo le someterían por tal fallo en la operación.
***
Poco a poco iba recuperando la conciencia, el ruido de fondo era casi inexistente, a excepción de la respiración casi inaudible a su derecha.
La masa de calor a su alrededor le advirtió que, había más personas en la habitación, por lo que optó por permanecer inmóvil.
-No lo entiendo.-dijo una voz femenina.- Debería haberse despertado hace treinta segundos.
Amy contuvo el impulso de responderle que estaba desierta, pero, después de toda la locura ocurrida en las últimas cuarenta y ocho horas se sentía al borde de un colapso mental.
Las imágenes de lo sucedido en su pequeño y primer viaje hacía el pasado inundaron su mente, recordó al tipo de la cazadora y un pequeño escalofrío le recorrió la espalda.
- Amy, ¿me oyes?-reconoció al instante esa voz, y aunque, se muriera de ganas de contestarle, su cuerpo se negó. Necesitaba hacerse a la idea de que cosas raras estaban sucediendo y, mirar a Darren, solo disiparían sus dudas y sus miedos. Y aunque no sentir miedo le vendría de perlas en ese momento, se negó.-¿Habías dicho treinta segundos?
Un suspiro resignado heló la habitación.
-¿Me has visto equivocarme alguna vez?-soltó la chica de antes en tono molesto.
- Bella, relájate.- dijo una voz masculina proviniendo del centro de la habitación.
-¿Qué me relaje?-soltó un resoplido.- Seguramente estos tipos estén como locos buscando la, y a sabes qué demonios ha hecho para que estén todos cómo unas jodidas cabras persiguiéndole, y luego esta el hecho...
- Bella, ya es suficiente.- dijo Darren en tono cortante y esta se cayó al instante.- sé que no es seguro que esté aquí, pero, no permitiré que se vaya a ningún condenado lugar sin mí y si tanto te molesta, eres libre de irte.
Esas palabras se retorciera en las entrañas de Bella y esta fulminó a Darren con la mirada.
Era impresionante que estuviera dispuesto a poner toda su familia en peligro por una chica que apenas conocía, Darren siempre había sido un tipo prudente, pero eso se le escapaba de entre las manos ¿Y si esa niña fuera una asesina en serie?
Y aún que sus facciones angelicales decían todo lo contrario, Bella seguía sin fiarse de su instinto.
Amy, parpadeó varias veces antes de acostumbrarse a la escasa luz de la habitación, las paredes estaban pintadas del color hueso y del techo pendía una gigantesca araña de cristal .Darren se interpuso delante de ella e impidió que siguiera inspeccionando, lo que parecía un gran salón.
- ¡Ey!-dijo él y una suave sonrisa le adornó los labios, y aunque no recordase cómo había llegado allí, pensaba que él había teñido algo que ver, un movimiento a la izquierda le hizo apartar la mirada de él. Un chico con la misma simetría que Darren, le dedicó una afable sonrisa, tenía el pelo más oscuro que Darren, pero conservaba los mismos ojos verdes y la nariz fina. Amy se incorporó, ahora que se acordaba, había quedado con Kendra para hacer la cena y ver los nuevos episodios de Pequeñas Mentirosas.
- No deberías hacer movimientos bruscos, creo que te distes un buen golpe en la cabeza.- La voz del chico rubio retumbó en su cabeza y, estaba casi segura de no haberle visto mover los labios.-Tranquila, no te lo has imaginado.
Amy le miró con los ojos desorbitados y una pequeña sonrisa triunfante se le asomó a las comisuras de los labios.
- Shawn, deja de asustarla.- gruñó Darren a su lado.
- Lo siento.- dijo el chico y luego puso los ojos en blanco.
La puerta de la habitación se abrió y todos se giraron para ver de quien se trataba. Un chico moreno, de hombros anchos y alto, se paró en la entrada y los miró uno a uno, hasta detenerse en Amy. La miró durante una fracción de segundos con el ceño fruncido antes de hablar.
-¿Alguien puede decirme que hace una humana en el salón de nuestra casa?- Su voz era ronca y tenia un acento de lo más sexy, Amy intentó averiguar de donde provenía, pero no lo pudo detectar, aunque supuso que seria de algún lugar del sur. Iba vestido con una camiseta blanca de lino, una chaqueta de cuero negra, botas militares, y vaqueros negros algo desgastado. A los ojos de Amy parecía un ángel vengador y, todavía más, con ese aire hostil que le rodeaba.
- Ella no es humana, Ryder.- Espetó Darren molesto, al parecer, que alguien se equivocara con la especie de Amy, le irritaba más de lo normal.
Sin darse apenas cuenta, Darren, se había levantado y se había interpuesto entre el recién llegado y Amy. Optó una postura protectora incluso sin percibirlo. Sabia que Ryder, no se atrevería hacerle daño, pero no pudo evitarlo.
Ryder frunció el ceño, no le gustaba ni un ápice que una intrusa irrumpiera en su casa. Incluso si así no fuera, que estuviera esa niña ahí, sentada en pleno salón de los White, bajo la protección de su familia, le molestaba.
Podía sentir el peligro que eso suponía con solo mirarla.
- Será mejor que me vaya a casa...- susurró la niña rubia más a Darren que a los allí presentes.
Ella hizo ademán de levantada, pero, Shawn la volvió a empujar contra el sofá, y ella se dejó caer algo confundida.
Su mirada hizo que Ryder, sintiera un pequeño remordimiento, y eso le hizo sentirse culpable. Inmediatamente se deshizo de ese sentimiento y fulminó a Bella con la mirada, ella se encogió de hombros y lanzó un suspiro al aire.
Era evidente que su hermana no tenia nada que ver en todo aquello.
- Nadie se irá a ninguna parte.- dijo Darren, estaba tenso y su mirada mordaz dejaba claro que no estaba para bromas, y que seria capaz de patear el culo a cualquiera que le llevase la contraria. Ryder, lanzo una última mirada cargada de hostilidad a la intrusa y se dirigió a las escaleras que daban acceso al piso superior.
Amy, siguió a Ryder con la mirada y luego suspiró. « ¿Por qué, ese chico me resulta tan familiar?»- se preguntó Amy a si misma.
- Lo siento, Ryder puede ser un autentico capullo.- La voz de Shawn en su cabeza no la sorprendió, pero antes de que pudiera detenerse, se le escapó una pequeña risita.
Darren, se dio la vuelta y la miró fijamente, era obvio que con aquella tensión no podía reírse uno, pero a Amy no le importó.
- Tengo que irme...- susurró ella, pero él negó con cabeza.
- Decía muy enserio cuando dije, que nadie se iría a ninguna parte.
Amy sintió un pequeño estremecimiento al ver como los ojos de Darren, se ponía de un verde intenso. Seria mejor no llevarle la contraria...
- Pero...- empezó a decir.- No puedes retenerme aquí.
Amy se había levantado de un salto, se había cruzado de brazos y miraba fijamente a Darren, quería aparentar enojo, pero al ver que Darren fruncía el ceño, se encogió de hombros.
- No pruebes mi paciencia, Amy.
- Esto es una locura.- Empezó a replicar Bella, pero la mirada corrosiva de Darren la hizo callar y ella también se encogió de hombros. Amy sintió lastima por ella, aunque no hubiese sido agradable con ella en ningún momento, sabía cuan dura pondría ser la mirada alfa de Darren.
-¡Has lo que te dé la maldita gana, pero cuando te quieran patear el culo por ser jodidamente estúpido, por proteger a una tía que ni siquiera sabes lo que es, no me llames!- Y así se fue, haciendo resonar sus tacones de siete centímetros más de lo necesario.
Amy volvió a encogerse de hombros y se hundió en su asiento.
- De verdad... no quiero molestar.
- Quien no esté conforme con mi decisión, siempre es libre de irse.- Amy hizo ademán de levantase, pero la sonrisa socarrona de Darren la detuvo.- A excepción de ti.
Shawn se rió divertido con la situación, podía sentir la tensión que desprendía del cuerpo de Amy hacía su hermano, y eso le divertía.
Pobre niña, si supiera en el lío que estaba metiendo.
- Te traería un par de mantas...- dijo Shawn caminado rumbo a las escalera por la que hacia apenas unos segundos habían desaparecido sus primos-...pero no la necesitaras.
Chasqueó los dedos y una enorme llama del color rojizo adornó la chimenea de piedras negras al otro extremo de la habitación. Amy miró hacía allí fascinada. ¿Acaso, todos en aquella familia eran especial?
Darren, se sentó en el viejo sillón de cuero desgatado continuo al sofá donde Amy estaba sentada. Él resopló y le indagó con la mirada.
- Deduzco que no les caigo muy bien...- dijo ella encogiéndose de hombros.
Darren la miró divertido y luego habló:
- Le caes bien a Shawn.- hizo una señal hacía la chimenea.- No hace eso por cualquiera.
- Supongo que debo sentirme complacida...- dijo ella para sus adentros. Se sentía agotada y tenía hambre, pero decidió no decir nada a Darren, la estaba reteniendo contra su voluntad, y eso la ponía de los nervios. Quizá si no le hablase, se daría ciuenta de la mala compañía que era y la dejaría marcharse.
- Amanda J. Queiroz
Una fuerza semejante a la de un tornado en pleno movimiento le hizo a Amy desaparecer, todo le daba vueltas, y sentía que pondría vomitar en cualquier momento. Trató de gritar, pero ningún sonido salió de sus labios, todo estaba oscuro y el tornado la hacia girar a miles de kilómetros por horas. Intentó aferrarse a algo, pero allí no había más que oscuridad y partículas de polvo. El tornado dejó de girar de golpe, arrojándola precipitadamente sobre el duro suelo. Ella tomó una gran bocanada de aire e intentó incorporarse. Era de día, a pocas horas de la mañana, distinguió la calle donde vivía. Había un coche negro parado en la esquina, tenía la sensación de haber visto aquel coche allí antes. Amy, se levantó de golpe y se sorprendió al ver que la cabeza ya no le daba vueltas.
Intentó de averiguar si había alguien en el coche, pero las ventanillas del coche estaban tintadas. Amy suspiró y empezó a caminar hacia casa, pocos pasos después, se quedó de piedra, al ver quien salia de su casa. Era Amy, y llevaba la misma ropa que ella. «¿Cómo era esto posible?»
Amy siguió a su otro yo con la mirada, y aunque estaba estupefacta no pudo evitar, reparar que aquellos botines le sentaba fatal.
En cuanto el otro yo de Amy se puso en movimiento un tipo moreno con un chaqueta de cuero negra y pantalones vaqueros, se bajó del coche y empezó a caminar en la misma dirección.
Al principio Amy, creyó que se trataba de una simple coincidencia, pero al seguirlos, se dio cuenta de que el tipo seguía a su otro yo. En cuanto su otro yo se paró en seco y miro a su alrededor. Amy tenia la vaga impresión de que ya había vivido aquel momento e intuyó lo peor, el tipo de la cazadora también se paró y se quedó inmóvil. Ella se acercó a él con precaución, el chico tenía un negruzco tatuaje en la nunca, que de hecho le palpitaba al ritmo de su corazón, cuando ella se acercó más pudo ver que no se trataba exactamente de un tatuaje y si de una runa. Ella se paró detrás del chico y se permitió contemplar la curiosa runa. La runa era un circulo plagado de símbolos y letras extrañas que no pudo descifrarlo, levanto la mano indecisa y se la llevó a la nuca del tipo que se permanecía firmemente inmóvil. En cuanto su dedo le rozó la piel, la palabra: muerte, hizo eco en su mente, ella apartó la mano precipitadamente y dio un paso hacía atrás alarmada. Segundos después las agujas del reloj volvían a transcurrir su curso. El tipo de la cazadora hizo ademán de volverse, pero la violenta fuerza del huracán ya la había arrojado a su remolino y la llevaba a kilómetros por hora de vuelta a la realidad.
Amy, pudo sentir como el remolino sacudía todo su ser y se le metía bajo la piel. El remolino fue perdiendo su fuerza, ella dio un traspié y se chocó con Darren, quien la sujetó para que recuperase el equilibrio, el mundo le daba vuelta, y le costaba respirar. Se apoyó en Darren, mientras en mundo iba difuminándose y ella perdía la conciencia.
***
Sujetó a Amy con fuerza antes de que se precipitara al suelo.
El mundo volvía a la normalidad, y la gente empezaba a mirarlos con curiosidad. Levantó a Amy en volandas y salió del local, no sin antes oír una voz femenina preocupada llamando al nombre de su acompañante. El tipo que había seguido a Amy, durante su recorrido al café, levantó la vista y unos par de ojos castaños los miraron con indecisión.
Darren, le lanzó una sonrisa socarrona antes de meterse en el pequeño callejón continuo a la cafetería. Se las arregló para deslizar el dedo en el bolsillo y rozar a Luminux, el mundo iba difuminándose ante sus ojos cuando el tipo de la cazadora irrumpió en el callejón yéndose directamente hacía ellos, el tipo lanzo una daga hacía ellos pero esta chocó con el aire en cuanto estos desaparecieron ante sus ojos.
***
Lion, sacó el móvil del bolsillo de inmediato y marcó el numero de Alan a toda prisa.
Al segundo timbre se escuchó la ronca, pero familiar voz de Alan.
- Se la han llevado.- Logró decir Lion.
-¿Quien?
- No lo sé, no es nadie que haya conocido antes....
-¡Trae tu maldito trasero de vuelta aquí!- gruñó Alan antes de colgar.
Lion miró durante un segundo a la pantalla del móvil con resignación.
Se había metido en un gran problema por haber perdido a la hija del jefe, y seria de gran alivio saber a que castigo le someterían por tal fallo en la operación.
***
Poco a poco iba recuperando la conciencia, el ruido de fondo era casi inexistente, a excepción de la respiración casi inaudible a su derecha.
La masa de calor a su alrededor le advirtió que, había más personas en la habitación, por lo que optó por permanecer inmóvil.
-No lo entiendo.-dijo una voz femenina.- Debería haberse despertado hace treinta segundos.
Amy contuvo el impulso de responderle que estaba desierta, pero, después de toda la locura ocurrida en las últimas cuarenta y ocho horas se sentía al borde de un colapso mental.
Las imágenes de lo sucedido en su pequeño y primer viaje hacía el pasado inundaron su mente, recordó al tipo de la cazadora y un pequeño escalofrío le recorrió la espalda.
- Amy, ¿me oyes?-reconoció al instante esa voz, y aunque, se muriera de ganas de contestarle, su cuerpo se negó. Necesitaba hacerse a la idea de que cosas raras estaban sucediendo y, mirar a Darren, solo disiparían sus dudas y sus miedos. Y aunque no sentir miedo le vendría de perlas en ese momento, se negó.-¿Habías dicho treinta segundos?
Un suspiro resignado heló la habitación.
-¿Me has visto equivocarme alguna vez?-soltó la chica de antes en tono molesto.
- Bella, relájate.- dijo una voz masculina proviniendo del centro de la habitación.
-¿Qué me relaje?-soltó un resoplido.- Seguramente estos tipos estén como locos buscando la, y a sabes qué demonios ha hecho para que estén todos cómo unas jodidas cabras persiguiéndole, y luego esta el hecho...
- Bella, ya es suficiente.- dijo Darren en tono cortante y esta se cayó al instante.- sé que no es seguro que esté aquí, pero, no permitiré que se vaya a ningún condenado lugar sin mí y si tanto te molesta, eres libre de irte.
Esas palabras se retorciera en las entrañas de Bella y esta fulminó a Darren con la mirada.
Era impresionante que estuviera dispuesto a poner toda su familia en peligro por una chica que apenas conocía, Darren siempre había sido un tipo prudente, pero eso se le escapaba de entre las manos ¿Y si esa niña fuera una asesina en serie?
Y aún que sus facciones angelicales decían todo lo contrario, Bella seguía sin fiarse de su instinto.
Amy, parpadeó varias veces antes de acostumbrarse a la escasa luz de la habitación, las paredes estaban pintadas del color hueso y del techo pendía una gigantesca araña de cristal .Darren se interpuso delante de ella e impidió que siguiera inspeccionando, lo que parecía un gran salón.
- ¡Ey!-dijo él y una suave sonrisa le adornó los labios, y aunque no recordase cómo había llegado allí, pensaba que él había teñido algo que ver, un movimiento a la izquierda le hizo apartar la mirada de él. Un chico con la misma simetría que Darren, le dedicó una afable sonrisa, tenía el pelo más oscuro que Darren, pero conservaba los mismos ojos verdes y la nariz fina. Amy se incorporó, ahora que se acordaba, había quedado con Kendra para hacer la cena y ver los nuevos episodios de Pequeñas Mentirosas.
- No deberías hacer movimientos bruscos, creo que te distes un buen golpe en la cabeza.- La voz del chico rubio retumbó en su cabeza y, estaba casi segura de no haberle visto mover los labios.-Tranquila, no te lo has imaginado.
Amy le miró con los ojos desorbitados y una pequeña sonrisa triunfante se le asomó a las comisuras de los labios.
- Shawn, deja de asustarla.- gruñó Darren a su lado.
- Lo siento.- dijo el chico y luego puso los ojos en blanco.
La puerta de la habitación se abrió y todos se giraron para ver de quien se trataba. Un chico moreno, de hombros anchos y alto, se paró en la entrada y los miró uno a uno, hasta detenerse en Amy. La miró durante una fracción de segundos con el ceño fruncido antes de hablar.
-¿Alguien puede decirme que hace una humana en el salón de nuestra casa?- Su voz era ronca y tenia un acento de lo más sexy, Amy intentó averiguar de donde provenía, pero no lo pudo detectar, aunque supuso que seria de algún lugar del sur. Iba vestido con una camiseta blanca de lino, una chaqueta de cuero negra, botas militares, y vaqueros negros algo desgastado. A los ojos de Amy parecía un ángel vengador y, todavía más, con ese aire hostil que le rodeaba.
- Ella no es humana, Ryder.- Espetó Darren molesto, al parecer, que alguien se equivocara con la especie de Amy, le irritaba más de lo normal.
Sin darse apenas cuenta, Darren, se había levantado y se había interpuesto entre el recién llegado y Amy. Optó una postura protectora incluso sin percibirlo. Sabia que Ryder, no se atrevería hacerle daño, pero no pudo evitarlo.
Ryder frunció el ceño, no le gustaba ni un ápice que una intrusa irrumpiera en su casa. Incluso si así no fuera, que estuviera esa niña ahí, sentada en pleno salón de los White, bajo la protección de su familia, le molestaba.
Podía sentir el peligro que eso suponía con solo mirarla.
- Será mejor que me vaya a casa...- susurró la niña rubia más a Darren que a los allí presentes.
Ella hizo ademán de levantada, pero, Shawn la volvió a empujar contra el sofá, y ella se dejó caer algo confundida.
Su mirada hizo que Ryder, sintiera un pequeño remordimiento, y eso le hizo sentirse culpable. Inmediatamente se deshizo de ese sentimiento y fulminó a Bella con la mirada, ella se encogió de hombros y lanzó un suspiro al aire.
Era evidente que su hermana no tenia nada que ver en todo aquello.
- Nadie se irá a ninguna parte.- dijo Darren, estaba tenso y su mirada mordaz dejaba claro que no estaba para bromas, y que seria capaz de patear el culo a cualquiera que le llevase la contraria. Ryder, lanzo una última mirada cargada de hostilidad a la intrusa y se dirigió a las escaleras que daban acceso al piso superior.
Amy, siguió a Ryder con la mirada y luego suspiró. « ¿Por qué, ese chico me resulta tan familiar?»- se preguntó Amy a si misma.
- Lo siento, Ryder puede ser un autentico capullo.- La voz de Shawn en su cabeza no la sorprendió, pero antes de que pudiera detenerse, se le escapó una pequeña risita.
Darren, se dio la vuelta y la miró fijamente, era obvio que con aquella tensión no podía reírse uno, pero a Amy no le importó.
- Tengo que irme...- susurró ella, pero él negó con cabeza.
- Decía muy enserio cuando dije, que nadie se iría a ninguna parte.
Amy sintió un pequeño estremecimiento al ver como los ojos de Darren, se ponía de un verde intenso. Seria mejor no llevarle la contraria...
- Pero...- empezó a decir.- No puedes retenerme aquí.
Amy se había levantado de un salto, se había cruzado de brazos y miraba fijamente a Darren, quería aparentar enojo, pero al ver que Darren fruncía el ceño, se encogió de hombros.
- No pruebes mi paciencia, Amy.
- Esto es una locura.- Empezó a replicar Bella, pero la mirada corrosiva de Darren la hizo callar y ella también se encogió de hombros. Amy sintió lastima por ella, aunque no hubiese sido agradable con ella en ningún momento, sabía cuan dura pondría ser la mirada alfa de Darren.
-¡Has lo que te dé la maldita gana, pero cuando te quieran patear el culo por ser jodidamente estúpido, por proteger a una tía que ni siquiera sabes lo que es, no me llames!- Y así se fue, haciendo resonar sus tacones de siete centímetros más de lo necesario.
Amy volvió a encogerse de hombros y se hundió en su asiento.
- De verdad... no quiero molestar.
- Quien no esté conforme con mi decisión, siempre es libre de irse.- Amy hizo ademán de levantase, pero la sonrisa socarrona de Darren la detuvo.- A excepción de ti.
Shawn se rió divertido con la situación, podía sentir la tensión que desprendía del cuerpo de Amy hacía su hermano, y eso le divertía.
Pobre niña, si supiera en el lío que estaba metiendo.
- Te traería un par de mantas...- dijo Shawn caminado rumbo a las escalera por la que hacia apenas unos segundos habían desaparecido sus primos-...pero no la necesitaras.
Chasqueó los dedos y una enorme llama del color rojizo adornó la chimenea de piedras negras al otro extremo de la habitación. Amy miró hacía allí fascinada. ¿Acaso, todos en aquella familia eran especial?
Darren, se sentó en el viejo sillón de cuero desgatado continuo al sofá donde Amy estaba sentada. Él resopló y le indagó con la mirada.
- Deduzco que no les caigo muy bien...- dijo ella encogiéndose de hombros.
Darren la miró divertido y luego habló:
- Le caes bien a Shawn.- hizo una señal hacía la chimenea.- No hace eso por cualquiera.
- Supongo que debo sentirme complacida...- dijo ella para sus adentros. Se sentía agotada y tenía hambre, pero decidió no decir nada a Darren, la estaba reteniendo contra su voluntad, y eso la ponía de los nervios. Quizá si no le hablase, se daría ciuenta de la mala compañía que era y la dejaría marcharse.
martes, 9 de abril de 2013
Persecución - 3º Capítulo.
" Tengo la confianza de andar por las sombras sin perderme. Pero si te llevo conmigo, tengo miedo a que no regresemos."
-Amanda J. Queiroz
24 horas antes.
Alan echaba un último vistazo a la casa donde había crecido. Todos le esperaban en el porche. Kyle, el mano derecha del jefe los habían asignado, -por fin- a la misión que había estado esperando durante toda su vida. Lo habían educado y entrenado justo para esto y ahora que se encontraba a tan solo unas cuantas horas del punto de mira se sentía algo nervioso. Algo que era totalmente inusual en él, Alan era el cabecilla de los D'one y, siempre había estado seguro de si mismo. Como capitán, su deber era mantener sus emociones controladas y aguantar la compostura en todo momento. Alan se acercó a la barandilla y miró el enorme salón, todos los muebles estaban tapados con sabanas blancas, era más que evidente que abandonarían la casa. Él se cruzó de brazo y se permitió contemplar la casa durante unos pocos segundos más.
El suave ruido de pasos acercándose, le advirtió de que ya no estaba sólo. La silueta de Lion, apareció desde las sombras, se acercó hasta él y lo miró durante unos segundos. Lion, era el miembro más reciente del grupo D'one y eso lo hacía especial. Ningún otro grupo de los cazadores grises había nunca incorporado a un humano en sus grupo, Alan había sido el único que lo había hecho, y el por qué hasta él mismo lo desconocía. Aunque, Lion no fuera un cazador de sangre pura, era muy útil a veces, pero en otras era un gran dolor de culo. Los demás miembros, al principio se mostraron recelosos ante tal idea, pero tuvieron que aguantar sus superioridades, porque pronto se había convertido en el pupilo de Alan, por lo que nadie dudó en enseñarle y entrenarle como a cualquier otro cazador.
-También la voy a echar de menos.- dijo Lion, adivinando lo que le rondaba por la cabeza.
Alan permaneció en silencio, varios recuerdos le vinieron a la cabeza. La primera vez que había entrado en la casa D’ One tenía apenas seis años, sus padres acababan de fallecer en un grave accidente de coche, y su tia-abuela se había hecho cargo de él. Al principio, Alan, había odiado tener que vivir con su tia-abuela "Miss-me-importa-un-rabano-que-no-te-gusten-las-verduras...", pero, con el tiempo le fue cogiendo cariño. Al poco tiempo se había dado cuenta de que su tia-abuela, sólo era una persona solitaria, que necesitaba un poco de compañía. Ella a veces, era tan dulce como la miel, otra era tan fría como el hielo, pero de algún modo u otro eso a, Alan, no le importan. Recordó la navidad del año en que cumplía doce años donde la tia-abuela le había regalado, El Pirzak. El Pirzak era el segundo instrumento inmortal hecho por el conde Wallace White, y aunque a simple vista pareciera sólo una chatarra, era un arma muy valiosa y letal.
Alan, hizo un brusco movimiento de cabeza para que se, disiparan los recuerdos. Miró a Lion, quien se había apoyado contra la columna. Se le veía muy calmado y eso que era él, el que siempre estaba eufórico por las misiones. Alan, frunció el ceño y suspiró, estaba claro que no era para tanto, y que él, se estaba preocupándose de más. Bueno, al fin y al cabo, no todos los días tienes como misión proteger a la hija del poderoso Gris.
Actualmente.
Amy, sujetaba la cámara con manos temblorosas, Rayne y ella, habían decidido comer fuera en el patio, ya que ella necesitaba aire para asimilar lo que había pasado la noche anterior.
Al principio, Amy, pensó que todo se trataba de un mal sueño, y que pondría despertarse en cualquier momento, pero a tercera hora cuando se aburría como una ostra, vio pasar delante de sus propios ojos toda la hora en apenas un minuto, y se quedo petrificada. Esto la superaba en todos los sentidos, y, empezaba a creer de verdad, que se había vuelto loca.
- ¿Por qué no te relajas un poco?- dijo Rayne al ver que no dejaba de caminar de un lado a otro.
« Todo es un sueño, todo es un sueño...» - se decía una y otra vez a si misma. Todo debería de ser un sueño...
-¿Pondrías estar quieta y dejar de repetí la misma frase cada dos por tres?- Obviamente, Amy, no había dicho ni una sola palabra en voz alta, pero eso no impedía que Rayne, la escuchara con toda claridad en su cabeza.
-¿Qué?- dijo Amy alarmada.
- Me estas mareando, ¿No has parado a pensar que quizá no sea ningún fruto de tu imaginación?- Amy quedó un momento contemplando a su mejor amiga. « ¿Cómo hace para enterarse siempre de todo?» - pensó Amy, dejándose caer en uno de los escalones a su lado. Miró al cielo, aunque no lloviera, el cielo seguía tan encapotado como de costumbre. Amy encendió la cámara por duodécima vez, ajustó el zoom, hizo una pequeña prueba para ver cual sería la mejor posición para la foto perfecta, desde el pequeño aparato por el que Amy miraba pudo contemplar un perfecto angulo. Apretó el botón superior y se escuchó un pequeño click.
- Debes tener cuidado, Amy...- la miró fijamente y entonces Amy tuvo la sensación de que Rayne, lo decía muy en serio.- todos los ojos están puestos en ti.
Amy no entendía lo que quería Rayne decir con eso, por lo que siguió en silencio.
- Sé que te sientes asustada e incluso aflingida, y que esta situación no tiene ni pies ni cabeza, pero debes ir con cuidado... y sobre todo o confiar en nadie.
Su tono maternal, le hizo acordarse a su madre, seguramente mamá se fuera esta noche a casa y pondría disfrutar un poco de paz mental, mamá siempre la hacia sentirse mejor y, sobre todo protegida.
Amy, se acercó más a Rayne, y le abrazo. Desde luego que Rayne, estaba acostumbrada a las muestras de cariño repentino de Amy, pero, a lo que nunca se acostumbraría era a las oleadas de calor que Amy, la proporcionaba con cada pensamiento dócil.
Rayne, nunca había tenido la capacidad de sentir nada, pero desde que fue enviada por el creador para cuidarla, Rayne había sentido pequeñas olas de calor o frío dependiendo del estado de animo de Amy. Rayne, era el ángel de la guarda de Amy, y la había salvado en varias situaciones, y aunque Amy no era consciente de ello, pero las evidencias se resumían en el hecho de que ella siguiera viva. La noche pasada Rayne, se había mostrado muy preocupada durante todo el momento del ataque sorpresa de Míster Vampiro, estaba muy dudosa de que el cazador llegaría a tiempo para salvarla, y aunque la situación la había desesperado por unos largos segundos, no podía hacer nada - esta vez - para salvar. Podía ser su ángel de la guarda, pero no debía meterse en su destino....
El inconfundible sonido del timbre las advirtió de que era hora de volver a clase.
***
Aunque se encontrasen a diez metro de distancia, Darren, pudo distinguir la rubia cabellera de Amy, perfectamente. Iba acompañada de una chica alta, morena y delgada, la chica instintivamente miró en su dirección y repentinamente, había sentido un escalofrío de la cabeza a los pies. Darren no se dejó intimidar, al ojo humano, era imposible ser visto, al menos desde aquella distancia. Había decidido que no seria necesario ponerse runas ya que aquello, no era precisamente una misión,
¿o si?.
Amy se despidió de la chica que la acompañaba y empezó a caminar hacía el centro de la ciudad. Darren, no tuvo que pensar dos veces para saber donde se dirigía.
En cuanto Darren se movió el tipo al otro lado de la acera también lo hizo, ese tipo llevaba ahí desde que Darren había conseguido rastrear el paradero de Amy. Naturalmente habría vuelto a su casa y la habría esperado hasta que le hubiera honrado con su presencia, pero la noche anterior, Darren, se había dado cuenta de algo que no habría podido interpretar, hasta esta mañana, después de una larga ducha.
La noche pasada, mientras Darren, seguía en presencia de Amy, Luminux no había dejado de parpadear como si estuviera a punto de explotar. Estaba sorprendido, ya que nunca había hecho algo semejante, hasta ahí no había ninguna sospecha, pero, en cuanto Amy, traspasó la puerta de su casa, Luminux había vuelto al normal. Al principio Darrren, se había imaginado que solo se trataba de una grieta temporal en el arma. Pero en cuanto el chorro de agua le mojó la cabeza y pudo pensar con claridad vio que nada de eso era cierto. Entonces, se ahorro todo ese rollo de allanamiento de morada, cogió a Luminux firmemente entre su mano derecha y pensó en Amy, al principio no sucedió nada, pero en cuanto parpadeó se encontraba delante del instituto San Agustín II de Preston. No podía se una simple coincidencia que minutos después Amy saliera por las enormes puertas de este.
Darren se paró en seco y siguió con la mirada al tipo de la otra acera. Era humano esto estaba claro, pego llevaba el anillo de los cazadores Grises. Darren frunció el ceño, ¿cómo era posible que un humano tuviera ese anillo a su alcance?. No lo sabia, y aunque tenía intención de averiguarlo, no seria en es preciso momento. Miró a su alrededor y al que nadie podía verlo, sacó a Luminux en un abrir y cerrar de ojos de su cinturón, cerró los ojos y un intenso humo color azul le hizo desaparecer.
***
Otra vez la sensación de estar siendo observada le puso la piel de gallina. Esta vez Amy, decidió hacer caso omiso a sus intuiciones, si quizá ignorase todo lo que estaba pasando pronto todo volvería a ser normal. Y pronto ella descubriría que algo así no se puede ignorar...
Las primeras gotas de lluvias cayeron sobre su cabeza. Amy dio un respingo y apresuró el paso, con todas las prisa de esta mañana no había tenido tiempo de coger el paraguas... Las calles estaban alborotadas, a esta hora la gente volvía a casa y era casi imposible llegar hasta el café sin antes empaparse por completo. En cuanto giró en la cuarta manzana vio el enorme logotipo de Maclaren's. Nada más entrar Cameron, uno de los camareros la saludó con la mano. Ella se apresuró a ocupar su sitio de siempre, que cómo era de costumbre estaba vacío. Era una gran ventaja que su abuelo fuera dueño del café, de lo contrario se pensaría dos veces antes de venir aquí casi todos los días, además a Amy siempre se le había dado mejor, estudiar alrededor de mucho ruido.
Amy depositó su bolso sobre el asiento de cuero y empezó a buscar un coletero, tenia el pelo empapado y no le entusiasmaba mucho tener que estudiar con un mechó mojado sobre la cara. Amy, encontró la coleta, sacó el libro de Historia moderna y sus apuntes. Nada más levantar la cabeza, Amy, se encontró con unos penetrantes par de ojos verdes puesto en ella. Amy dio un respingo al ver que Darren la contemplaba, de todas formas, ¿cómo es qué no se había dado cuenta de que estaba ahí?
-¿Me éstas siguiendo?- fue lo primero que se le vino a la cabeza, Darren se limitó a mirarla, Amy no sabia como, pero tenia la extraña sensación de que, Darren saltaría a cualquier momento sobre la mesa y le retorcería el pescuezo. Y no era solo por la violenta mirada que la perforaba, y si porque tenia todo el cuerpo en tensión...
-¿ Se puede saber qué demonios tienes en la cabeza?- soltó Darren de pronto entre dientes, era obvio que se estaba esforzando por no grita.
-¿ Qué?- preguntó Amy sin comprender, por una milésima de segundos ella, había perdido completamente el sentido común, siguió todos los movimientos de los labios de Darren, pero no había logrado escuchar nada.
Ella sintió una extraña sensación en las entrañas, como una especie de cosquilleo, era una deliciosa sensación, pero también era del todo terrorífica. Darren, había apretado los labios, y su miraba le hacia a Amy, sentirse cada vez más incomoda.
- Eres la persona más irresponsable, insensata e imprudente...- Amy se permitió deslizar la mirada por los perfectos pómulos de este, aunque Amy había visto como, todos los músculos de su cara se movían y se contraían, no había sido capaz de escuchar nada, era como tener la cabeza metida bajo agua, no lograba escuchar nada de lo que Darren, decía, tampoco es que hiciera esfuerzos por atenderle. De lo primero que Amy, se había dado cuenta fue; de que la noche anterior, no había tenido la oportunidad de observarlo con más detenimiento y ahora que lo hacia, podía distinguir perfectamente sus ojos verdes, que por cierto la miraban con toda la irritación del mundo, pero eso no le importó, siguió inspeccionando a Darren con el mayor descaro, su pelo rubio ceniza, la sacó una pequeña sonrisa, Darren había dejado de hablar y la miraba con un extraño fulgor, estaba segura de que todas las chicas se quedaban boquiabiertas al mirarlo, y que incluso pondría parecer una completa imbécil, por mirarlo de aquel modo, pero no pudo evitarlo. Darren volvió a decir una serie de palabras, y Amy, intentó leerle el labio y si no estaba equivocada sonaba como: mocosa insensata, en que demonios...
Darren siguió gesticulando, miro al alrededor y luego volvió a mirar a Amy, esta vez ya no pudo soportarlo más y dio un fuerte golpe abre la mesa, Amy, salió de su estupor en un abrir y cerrar de ojos. Ella pudo sentir como sus mejillas iban cogiendo color violentamente.
Darren, guardó silencio mirándola fríamente, Amy miro a su alrededor avergonzada pero se quedo de piedra al ver que tiempo se había congelado otra vez, rápidamente volvió a mirar a Darren quien le había seguido con la mirada y luego le devolvió una impenetrable mirada con un deje de sorpresa.
-Pero...- logró balbucear Amy. « ¿Cómo es que sigues aquí?» - pensó Amy,asustada. Que el tiempo volviese a congelarse no le sorprendía tanto cuanto ver a Darren moviéndose mientras todo estaba... bueno...parado.
-¿ Qué...- dijo Darren todavía más confundido.-como?
-Yo...-empezó decir Amy, pero Darren, ya se había levantado y había empezado a recoger sus cosas que estaban sobre la mesa.
- Vas a venir conmigo ahora mismo.- susurró él cogiéndole bruscamente del brazo, Amy, estaba tan aturdida que ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba pasando hasta que estaban cerca de la puerta, se retorció e intentó librarse, pero Darren sujetó con mas fuerza.
- ¡No pienso ir a ningún lugar contigo!- gritó Amy intentando zafarse de sus garras.- ¡Suéltame!
Darren se paró en seco y la miró, parecía realmente asustada, el suspiró y la soltó. En cuanto él la soltó, ella dio un traspié y se cayó de culo sobre el suelo de madera. Intercambiaron una insignificante mirada antes de que Amy se evaporarse ante sus propios ojos.
-Amanda J. Queiroz
24 horas antes.
Alan echaba un último vistazo a la casa donde había crecido. Todos le esperaban en el porche. Kyle, el mano derecha del jefe los habían asignado, -por fin- a la misión que había estado esperando durante toda su vida. Lo habían educado y entrenado justo para esto y ahora que se encontraba a tan solo unas cuantas horas del punto de mira se sentía algo nervioso. Algo que era totalmente inusual en él, Alan era el cabecilla de los D'one y, siempre había estado seguro de si mismo. Como capitán, su deber era mantener sus emociones controladas y aguantar la compostura en todo momento. Alan se acercó a la barandilla y miró el enorme salón, todos los muebles estaban tapados con sabanas blancas, era más que evidente que abandonarían la casa. Él se cruzó de brazo y se permitió contemplar la casa durante unos pocos segundos más.
El suave ruido de pasos acercándose, le advirtió de que ya no estaba sólo. La silueta de Lion, apareció desde las sombras, se acercó hasta él y lo miró durante unos segundos. Lion, era el miembro más reciente del grupo D'one y eso lo hacía especial. Ningún otro grupo de los cazadores grises había nunca incorporado a un humano en sus grupo, Alan había sido el único que lo había hecho, y el por qué hasta él mismo lo desconocía. Aunque, Lion no fuera un cazador de sangre pura, era muy útil a veces, pero en otras era un gran dolor de culo. Los demás miembros, al principio se mostraron recelosos ante tal idea, pero tuvieron que aguantar sus superioridades, porque pronto se había convertido en el pupilo de Alan, por lo que nadie dudó en enseñarle y entrenarle como a cualquier otro cazador.
-También la voy a echar de menos.- dijo Lion, adivinando lo que le rondaba por la cabeza.
Alan permaneció en silencio, varios recuerdos le vinieron a la cabeza. La primera vez que había entrado en la casa D’ One tenía apenas seis años, sus padres acababan de fallecer en un grave accidente de coche, y su tia-abuela se había hecho cargo de él. Al principio, Alan, había odiado tener que vivir con su tia-abuela "Miss-me-importa-un-rabano-que-no-te-gusten-las-verduras...", pero, con el tiempo le fue cogiendo cariño. Al poco tiempo se había dado cuenta de que su tia-abuela, sólo era una persona solitaria, que necesitaba un poco de compañía. Ella a veces, era tan dulce como la miel, otra era tan fría como el hielo, pero de algún modo u otro eso a, Alan, no le importan. Recordó la navidad del año en que cumplía doce años donde la tia-abuela le había regalado, El Pirzak. El Pirzak era el segundo instrumento inmortal hecho por el conde Wallace White, y aunque a simple vista pareciera sólo una chatarra, era un arma muy valiosa y letal.
Alan, hizo un brusco movimiento de cabeza para que se, disiparan los recuerdos. Miró a Lion, quien se había apoyado contra la columna. Se le veía muy calmado y eso que era él, el que siempre estaba eufórico por las misiones. Alan, frunció el ceño y suspiró, estaba claro que no era para tanto, y que él, se estaba preocupándose de más. Bueno, al fin y al cabo, no todos los días tienes como misión proteger a la hija del poderoso Gris.
Actualmente.
Amy, sujetaba la cámara con manos temblorosas, Rayne y ella, habían decidido comer fuera en el patio, ya que ella necesitaba aire para asimilar lo que había pasado la noche anterior.
Al principio, Amy, pensó que todo se trataba de un mal sueño, y que pondría despertarse en cualquier momento, pero a tercera hora cuando se aburría como una ostra, vio pasar delante de sus propios ojos toda la hora en apenas un minuto, y se quedo petrificada. Esto la superaba en todos los sentidos, y, empezaba a creer de verdad, que se había vuelto loca.
- ¿Por qué no te relajas un poco?- dijo Rayne al ver que no dejaba de caminar de un lado a otro.
« Todo es un sueño, todo es un sueño...» - se decía una y otra vez a si misma. Todo debería de ser un sueño...
-¿Pondrías estar quieta y dejar de repetí la misma frase cada dos por tres?- Obviamente, Amy, no había dicho ni una sola palabra en voz alta, pero eso no impedía que Rayne, la escuchara con toda claridad en su cabeza.
-¿Qué?- dijo Amy alarmada.
- Me estas mareando, ¿No has parado a pensar que quizá no sea ningún fruto de tu imaginación?- Amy quedó un momento contemplando a su mejor amiga. « ¿Cómo hace para enterarse siempre de todo?» - pensó Amy, dejándose caer en uno de los escalones a su lado. Miró al cielo, aunque no lloviera, el cielo seguía tan encapotado como de costumbre. Amy encendió la cámara por duodécima vez, ajustó el zoom, hizo una pequeña prueba para ver cual sería la mejor posición para la foto perfecta, desde el pequeño aparato por el que Amy miraba pudo contemplar un perfecto angulo. Apretó el botón superior y se escuchó un pequeño click.
- Debes tener cuidado, Amy...- la miró fijamente y entonces Amy tuvo la sensación de que Rayne, lo decía muy en serio.- todos los ojos están puestos en ti.
Amy no entendía lo que quería Rayne decir con eso, por lo que siguió en silencio.
- Sé que te sientes asustada e incluso aflingida, y que esta situación no tiene ni pies ni cabeza, pero debes ir con cuidado... y sobre todo o confiar en nadie.
Su tono maternal, le hizo acordarse a su madre, seguramente mamá se fuera esta noche a casa y pondría disfrutar un poco de paz mental, mamá siempre la hacia sentirse mejor y, sobre todo protegida.
Amy, se acercó más a Rayne, y le abrazo. Desde luego que Rayne, estaba acostumbrada a las muestras de cariño repentino de Amy, pero, a lo que nunca se acostumbraría era a las oleadas de calor que Amy, la proporcionaba con cada pensamiento dócil.
Rayne, nunca había tenido la capacidad de sentir nada, pero desde que fue enviada por el creador para cuidarla, Rayne había sentido pequeñas olas de calor o frío dependiendo del estado de animo de Amy. Rayne, era el ángel de la guarda de Amy, y la había salvado en varias situaciones, y aunque Amy no era consciente de ello, pero las evidencias se resumían en el hecho de que ella siguiera viva. La noche pasada Rayne, se había mostrado muy preocupada durante todo el momento del ataque sorpresa de Míster Vampiro, estaba muy dudosa de que el cazador llegaría a tiempo para salvarla, y aunque la situación la había desesperado por unos largos segundos, no podía hacer nada - esta vez - para salvar. Podía ser su ángel de la guarda, pero no debía meterse en su destino....
El inconfundible sonido del timbre las advirtió de que era hora de volver a clase.
***
Aunque se encontrasen a diez metro de distancia, Darren, pudo distinguir la rubia cabellera de Amy, perfectamente. Iba acompañada de una chica alta, morena y delgada, la chica instintivamente miró en su dirección y repentinamente, había sentido un escalofrío de la cabeza a los pies. Darren no se dejó intimidar, al ojo humano, era imposible ser visto, al menos desde aquella distancia. Había decidido que no seria necesario ponerse runas ya que aquello, no era precisamente una misión,
¿o si?.
Amy se despidió de la chica que la acompañaba y empezó a caminar hacía el centro de la ciudad. Darren, no tuvo que pensar dos veces para saber donde se dirigía.
En cuanto Darren se movió el tipo al otro lado de la acera también lo hizo, ese tipo llevaba ahí desde que Darren había conseguido rastrear el paradero de Amy. Naturalmente habría vuelto a su casa y la habría esperado hasta que le hubiera honrado con su presencia, pero la noche anterior, Darren, se había dado cuenta de algo que no habría podido interpretar, hasta esta mañana, después de una larga ducha.
La noche pasada, mientras Darren, seguía en presencia de Amy, Luminux no había dejado de parpadear como si estuviera a punto de explotar. Estaba sorprendido, ya que nunca había hecho algo semejante, hasta ahí no había ninguna sospecha, pero, en cuanto Amy, traspasó la puerta de su casa, Luminux había vuelto al normal. Al principio Darrren, se había imaginado que solo se trataba de una grieta temporal en el arma. Pero en cuanto el chorro de agua le mojó la cabeza y pudo pensar con claridad vio que nada de eso era cierto. Entonces, se ahorro todo ese rollo de allanamiento de morada, cogió a Luminux firmemente entre su mano derecha y pensó en Amy, al principio no sucedió nada, pero en cuanto parpadeó se encontraba delante del instituto San Agustín II de Preston. No podía se una simple coincidencia que minutos después Amy saliera por las enormes puertas de este.
Darren se paró en seco y siguió con la mirada al tipo de la otra acera. Era humano esto estaba claro, pego llevaba el anillo de los cazadores Grises. Darren frunció el ceño, ¿cómo era posible que un humano tuviera ese anillo a su alcance?. No lo sabia, y aunque tenía intención de averiguarlo, no seria en es preciso momento. Miró a su alrededor y al que nadie podía verlo, sacó a Luminux en un abrir y cerrar de ojos de su cinturón, cerró los ojos y un intenso humo color azul le hizo desaparecer.
***
Otra vez la sensación de estar siendo observada le puso la piel de gallina. Esta vez Amy, decidió hacer caso omiso a sus intuiciones, si quizá ignorase todo lo que estaba pasando pronto todo volvería a ser normal. Y pronto ella descubriría que algo así no se puede ignorar...
Las primeras gotas de lluvias cayeron sobre su cabeza. Amy dio un respingo y apresuró el paso, con todas las prisa de esta mañana no había tenido tiempo de coger el paraguas... Las calles estaban alborotadas, a esta hora la gente volvía a casa y era casi imposible llegar hasta el café sin antes empaparse por completo. En cuanto giró en la cuarta manzana vio el enorme logotipo de Maclaren's. Nada más entrar Cameron, uno de los camareros la saludó con la mano. Ella se apresuró a ocupar su sitio de siempre, que cómo era de costumbre estaba vacío. Era una gran ventaja que su abuelo fuera dueño del café, de lo contrario se pensaría dos veces antes de venir aquí casi todos los días, además a Amy siempre se le había dado mejor, estudiar alrededor de mucho ruido.
Amy depositó su bolso sobre el asiento de cuero y empezó a buscar un coletero, tenia el pelo empapado y no le entusiasmaba mucho tener que estudiar con un mechó mojado sobre la cara. Amy, encontró la coleta, sacó el libro de Historia moderna y sus apuntes. Nada más levantar la cabeza, Amy, se encontró con unos penetrantes par de ojos verdes puesto en ella. Amy dio un respingo al ver que Darren la contemplaba, de todas formas, ¿cómo es qué no se había dado cuenta de que estaba ahí?
-¿Me éstas siguiendo?- fue lo primero que se le vino a la cabeza, Darren se limitó a mirarla, Amy no sabia como, pero tenia la extraña sensación de que, Darren saltaría a cualquier momento sobre la mesa y le retorcería el pescuezo. Y no era solo por la violenta mirada que la perforaba, y si porque tenia todo el cuerpo en tensión...
-¿ Se puede saber qué demonios tienes en la cabeza?- soltó Darren de pronto entre dientes, era obvio que se estaba esforzando por no grita.
-¿ Qué?- preguntó Amy sin comprender, por una milésima de segundos ella, había perdido completamente el sentido común, siguió todos los movimientos de los labios de Darren, pero no había logrado escuchar nada.
Ella sintió una extraña sensación en las entrañas, como una especie de cosquilleo, era una deliciosa sensación, pero también era del todo terrorífica. Darren, había apretado los labios, y su miraba le hacia a Amy, sentirse cada vez más incomoda.
- Eres la persona más irresponsable, insensata e imprudente...- Amy se permitió deslizar la mirada por los perfectos pómulos de este, aunque Amy había visto como, todos los músculos de su cara se movían y se contraían, no había sido capaz de escuchar nada, era como tener la cabeza metida bajo agua, no lograba escuchar nada de lo que Darren, decía, tampoco es que hiciera esfuerzos por atenderle. De lo primero que Amy, se había dado cuenta fue; de que la noche anterior, no había tenido la oportunidad de observarlo con más detenimiento y ahora que lo hacia, podía distinguir perfectamente sus ojos verdes, que por cierto la miraban con toda la irritación del mundo, pero eso no le importó, siguió inspeccionando a Darren con el mayor descaro, su pelo rubio ceniza, la sacó una pequeña sonrisa, Darren había dejado de hablar y la miraba con un extraño fulgor, estaba segura de que todas las chicas se quedaban boquiabiertas al mirarlo, y que incluso pondría parecer una completa imbécil, por mirarlo de aquel modo, pero no pudo evitarlo. Darren volvió a decir una serie de palabras, y Amy, intentó leerle el labio y si no estaba equivocada sonaba como: mocosa insensata, en que demonios...
Darren siguió gesticulando, miro al alrededor y luego volvió a mirar a Amy, esta vez ya no pudo soportarlo más y dio un fuerte golpe abre la mesa, Amy, salió de su estupor en un abrir y cerrar de ojos. Ella pudo sentir como sus mejillas iban cogiendo color violentamente.
Darren, guardó silencio mirándola fríamente, Amy miro a su alrededor avergonzada pero se quedo de piedra al ver que tiempo se había congelado otra vez, rápidamente volvió a mirar a Darren quien le había seguido con la mirada y luego le devolvió una impenetrable mirada con un deje de sorpresa.
-Pero...- logró balbucear Amy. « ¿Cómo es que sigues aquí?» - pensó Amy,asustada. Que el tiempo volviese a congelarse no le sorprendía tanto cuanto ver a Darren moviéndose mientras todo estaba... bueno...parado.
-¿ Qué...- dijo Darren todavía más confundido.-como?
-Yo...-empezó decir Amy, pero Darren, ya se había levantado y había empezado a recoger sus cosas que estaban sobre la mesa.
- Vas a venir conmigo ahora mismo.- susurró él cogiéndole bruscamente del brazo, Amy, estaba tan aturdida que ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba pasando hasta que estaban cerca de la puerta, se retorció e intentó librarse, pero Darren sujetó con mas fuerza.
- ¡No pienso ir a ningún lugar contigo!- gritó Amy intentando zafarse de sus garras.- ¡Suéltame!
Darren se paró en seco y la miró, parecía realmente asustada, el suspiró y la soltó. En cuanto él la soltó, ella dio un traspié y se cayó de culo sobre el suelo de madera. Intercambiaron una insignificante mirada antes de que Amy se evaporarse ante sus propios ojos.
martes, 2 de abril de 2013
Hipótesis - 2º Capítulo.
" He de hablar aquí sólo en hipótesis, diciendo no lo que sé, sino lo que supongo más probable."
- Doctor Jeckill
- ¡Te dije que te metieras en tus asuntos!.- gruñó el hombre de traje gris. Estaba realmente furioso, Kyle nunca lo había visto tan furioso, había desobedecido una norma y era la más importante.
El hombre de traje gris se acercó al gran ventanal y miró a la luna con cierto furor. Kyle, había permanecido rígido de pie delante del despacho de Gris. Gris, suspiró ruidosamente, se dio la vuelta y miró fijamente a Kyle.
- Sé que me pediste que no interfiriera, pero...
Gris se sentó sobre su cómodo sillón de cuero e indagó a Kyle con la mirada, ese chico de verdad era persistente, Gris se llevó la mano a barbilla y resopló. Kyle, se dió cuenta de que empezaba a aborrecerle y eso no era bueno.
- ...Señor, no tenemos mucho tiempo, las cosas se están saliendo de nuestras manos... quizá ya sea hora de encontrar y entrenarla.- Prosiguió Kyle.
- La he tenido vigilada durante largos años, sé quien entra y sale de su vida, sé que no tenemos la situación controlada, y también sé que ellos van un paso por delante...- Gris se pasó la mano por el pelo, ya cansado de aquella situación. Había pasado dieciocho años esperando el momento de contarle a su hija lo importante que seria en el submundo, en su mundo real, en el mundo al cual pertenecería si él hubiese hecho las cosas bien, pero las cosas estaban bien hechas así. No podía permitir al submundo apoderarse de su pequeña. La necesitaba, necesitaba protegerla de todo aquello que pudiese hacerle daño, por su puesto que ella no estaba preparada. No para aquello no aún.- Esta semana a muerto cuatro de los nuestros, intentan llegar a ella por todos los medios, pero ella aún no está preparada para saber lo que es...
Kyle bajó la cabeza y escuchó silenciosamente a su jefe. Sabía que toda aquella situación era delicada para él, además era su hija y había estado durante toda su vida vigilándola de lejos, procurando que nada ni nadie se le acercara, pero los momentos críticos los acechaba...
-Necesito un grupo allí mañana, debemos estar preparados y ser precavidos.- Gris, cogió el teléfono y marcó un número.- Los quiero allí mañana Kyle, ¿Me has oído? Mañana.
Kyle asintió, pero permaneció en su sitio.
- Mandaré a alguien a recogerlos, quiero a los más expertos y a los más preparados y que sepan ser discretos.
- Claro, discreción ante todo.- Gris hizo un gesto con la mano para que Kyle se fuera y así abandonó la habitación.
***
-Oh dios mio, oh dios mio.- repitió una y otra vez mirando al reloj, ¿Cómo es posible que no oyera al despertado? Amy saltó de la cama y se dirigió a toda prisa al baño a cepillarse los dientes y arreglarse algo el pelo para salir a toda pastilla al instituto. Se acababa de saltarse la mitad de la primera clase y se sentía verdaderamente fuera de contexto. Amy siempre había seguido las reglas al dedillo, era buena alumna, se consideraba buena hija y aunque no era la mejor hermana del mundo, estaba en ello. Nunca se había saltado ninguna clase en toda su vida, y siempre había llegado a casa a su hora... Oh, aquello estaba muy mal...
Se vistió a toda velocidad, cogió su abrigo, su bolso y salió a la calle, el instituto estaba exactamente a diez minutos de casa y ella tenía exactamente quince minutos para llegar para el examen de Historia.
¿Dónde estaba su don de parar el tiempo cuándo lo necesitaba? Resopló, de verdad todo estaba fuera de contexto hoy, ella sintió la sensación de estar siendo observada e inmediatamente miró a su alrededor, no vio a nadie, pero eso no la dejaba con la conciencia tranquila. Amy cruzó el aparcamiento rápidamente, cruzó el pasillo rumbo a su taquilla y depositó allí los libros. Miró el reloj de su muñeca y respiró aliviada, al ver que todavía quedaban dos minutos.
***
Se había pasado toda la noche sentado en el viejo sillón de la sala de estar, había estado dándole vuelta a todo el asunto de los tatuajes y ninguno era coherente con la situación. Quizá Amy fuera una bruja, pero sí así fuera, habría dejado al vampiro hecho cenizas con solo intentar ponerle un dedo encima, por lo que quizá; no fuera eso, además las brujas no llevan tatuajes encima y mucho menos unos que tuviesen vida propia. Darren daba vueltas a una moneda con los dedos cuando, Bella, se acercó y se sentó de cuclillas sobre el sillón continuo al suyo. Era gracioso ver a Bella recién levantada, tenía el pelo revuelto y su cara de sueño le hacia querer reírse.
- ¿Dónde has estado?.- Aún algo dormida, su voz reservaba cierto interés.- ¿Has encontrado algo?
- No. - Pensó si debería o no comentar a los demás lo que había visto, quizá pondrían decir algo más acerca de los tatuajes o quizá solo tendría que preguntárselo a Amy y que ella se explicase antes de decidirse si debería matarla o no.
-Ayer, los chico y yo estuvimos en Exeter...- Darren la miró fijamente.
- Creí haber dicho que no salierais de casa.
La boca de Bella formó una perfecta o, desde luego se había metido en problema, pero era día de la hamburguesa de Lenny, y era un día sagrado para todos y que Darren dijera que nadie podía salir de casa no iba a cambiar eso.
- Era lunes, teníamos ganas de comer la hamburguesa de Lenny, ¿de verdad esperabas qué nos quedásemos en casa?- Darren suspiró ruidosamente por la nariz y cerró los ojos, no estaba de humor para discutir con Bella, y mucho menos sabiendo que eso no iba a cambiar, el hecho de que le desobedeciera.
- ¿Habéis visto a Hall?.- La voz de Shawn inundó la sala. Hall, era el gato de los White, un felino de mucho cuidado, el único que todavía se atrevía a interaccionar con el era Shawn, y aún así, alguna que otra vez, salia con rasguños. Shawn se percató de la presencia de su hermano y lo saludó con un movimiento de cabeza.
- ¿Shawn qué sabes tú de tatuajes?.- soltó Darren sin rodeos.
- ¿Qué tipo de tatuaje?.- Shawn frunció el ceño, se apoyó en la columna de madera y miró fijamente a su hermano.
- Ayer vi a una chica que tenía tatuajes...
- Eso es normal, hoy en día muchas personas tienen tatuajes.- Le interrumpió Bella.
- Esos eran distintos, tenían vida propia...
- ¿Qué quieres decir con vida propia?.- preguntó Shawn picado por la curiosidad.
- Brillaban...
-¿Brillaban?.- Bella se levantó y lo miró atenta.
- Sí.- Darren miró a Shawn y a Bella quienes lo miraban queriendo más pistas sobre el asunto.- Los tatuajes proyectaban destellos celestiales.
Bella miró a Shawn con una pregunta silenciosa en los ojos.
-Nunca había oído hablar de algo así...- Contestó Shawn encogiéndose de hombros.
Bella se volvió para mirar a Darren quien se había levantado del viejo sillón y había empezado a andar en círculos por el enorme salón.
Eso era obvio, nunca había oído hablar de eso, porque no estaba escrito en ningún libro del que hubiese tenido el honor de leerlo, y tampoco el señor hermsworth nunca había comentado nada al respecto, quizá si Shawn investigase algo encontrase con su significado...
- Un momento, ¿has dicho luz celestial?.- dijo Bella rompiendo el silencio.
- Sí.- contestó Darren con ímpetu.
- Solo los ángeles tienen destellos celestiales...
- ¿Qué haría un ángel entre nosotros?.- preguntó Shawn dejando claro que eso no tenía lógica. - Ellos no caminan entre nosotros desde hace mucho...
- No creo que sea un ángel...- Darren se metió las manos en el bolsillo y miró al suelo, era imposible que Amy fuera un ángel, parecía demasiado frágil y para empezar ni siquiera sabía que lo que la había atacado había sido un maldito vampiro. No tenia sentido que un vampiro fuera a por un ángel, mucho menos teniendo en cuenta que los poderes de tal.- Si fuera un ángel habría dejado hecho papilla aquel vampiro y no fue así...
- ¿Désde cuando se ha metido un vampiro de por medio?.- soltó Bella volviéndose a sentar en el sillón de cuero desgastado.
- La estaba siguiendo...- Darren resopló y empezó a dar vueltas otra vez, la noche pasada no había querido preguntar a Amy porque la seguían, ya que había pensando que había tenido suficiente por un día, pero ahora que lo pensaba bien, nada en aquella chica resultaba usual. Se había tomado la situación mejor de que, cualquier humano hubiese hecho, y estaba más que seguro que ella tenía una parte muy humana dentro de si. Darren, les contó todo lo ocurrido, desde el momento que había estado vigilando a los aburrido humanos hasta el momento que la dejó delante del porche de su casa. Los chicos se había mantenido callados mientras que Darren contaba todos los hechos, pero por sus cabezas pasaban un montón de hipótesis que podrían ser concretas con los hechos.
¿Dónde estaba su don de parar el tiempo cuándo lo necesitaba? Resopló, de verdad todo estaba fuera de contexto hoy, ella sintió la sensación de estar siendo observada e inmediatamente miró a su alrededor, no vio a nadie, pero eso no la dejaba con la conciencia tranquila. Amy cruzó el aparcamiento rápidamente, cruzó el pasillo rumbo a su taquilla y depositó allí los libros. Miró el reloj de su muñeca y respiró aliviada, al ver que todavía quedaban dos minutos.
***
Se había pasado toda la noche sentado en el viejo sillón de la sala de estar, había estado dándole vuelta a todo el asunto de los tatuajes y ninguno era coherente con la situación. Quizá Amy fuera una bruja, pero sí así fuera, habría dejado al vampiro hecho cenizas con solo intentar ponerle un dedo encima, por lo que quizá; no fuera eso, además las brujas no llevan tatuajes encima y mucho menos unos que tuviesen vida propia. Darren daba vueltas a una moneda con los dedos cuando, Bella, se acercó y se sentó de cuclillas sobre el sillón continuo al suyo. Era gracioso ver a Bella recién levantada, tenía el pelo revuelto y su cara de sueño le hacia querer reírse.
- ¿Dónde has estado?.- Aún algo dormida, su voz reservaba cierto interés.- ¿Has encontrado algo?
- No. - Pensó si debería o no comentar a los demás lo que había visto, quizá pondrían decir algo más acerca de los tatuajes o quizá solo tendría que preguntárselo a Amy y que ella se explicase antes de decidirse si debería matarla o no.
-Ayer, los chico y yo estuvimos en Exeter...- Darren la miró fijamente.
- Creí haber dicho que no salierais de casa.
La boca de Bella formó una perfecta o, desde luego se había metido en problema, pero era día de la hamburguesa de Lenny, y era un día sagrado para todos y que Darren dijera que nadie podía salir de casa no iba a cambiar eso.
- Era lunes, teníamos ganas de comer la hamburguesa de Lenny, ¿de verdad esperabas qué nos quedásemos en casa?- Darren suspiró ruidosamente por la nariz y cerró los ojos, no estaba de humor para discutir con Bella, y mucho menos sabiendo que eso no iba a cambiar, el hecho de que le desobedeciera.
- ¿Habéis visto a Hall?.- La voz de Shawn inundó la sala. Hall, era el gato de los White, un felino de mucho cuidado, el único que todavía se atrevía a interaccionar con el era Shawn, y aún así, alguna que otra vez, salia con rasguños. Shawn se percató de la presencia de su hermano y lo saludó con un movimiento de cabeza.
- ¿Shawn qué sabes tú de tatuajes?.- soltó Darren sin rodeos.
- ¿Qué tipo de tatuaje?.- Shawn frunció el ceño, se apoyó en la columna de madera y miró fijamente a su hermano.
- Ayer vi a una chica que tenía tatuajes...
- Eso es normal, hoy en día muchas personas tienen tatuajes.- Le interrumpió Bella.
- Esos eran distintos, tenían vida propia...
- ¿Qué quieres decir con vida propia?.- preguntó Shawn picado por la curiosidad.
- Brillaban...
-¿Brillaban?.- Bella se levantó y lo miró atenta.
- Sí.- Darren miró a Shawn y a Bella quienes lo miraban queriendo más pistas sobre el asunto.- Los tatuajes proyectaban destellos celestiales.
Bella miró a Shawn con una pregunta silenciosa en los ojos.
-Nunca había oído hablar de algo así...- Contestó Shawn encogiéndose de hombros.
Bella se volvió para mirar a Darren quien se había levantado del viejo sillón y había empezado a andar en círculos por el enorme salón.
Eso era obvio, nunca había oído hablar de eso, porque no estaba escrito en ningún libro del que hubiese tenido el honor de leerlo, y tampoco el señor hermsworth nunca había comentado nada al respecto, quizá si Shawn investigase algo encontrase con su significado...
- Un momento, ¿has dicho luz celestial?.- dijo Bella rompiendo el silencio.
- Sí.- contestó Darren con ímpetu.
- Solo los ángeles tienen destellos celestiales...
- ¿Qué haría un ángel entre nosotros?.- preguntó Shawn dejando claro que eso no tenía lógica. - Ellos no caminan entre nosotros desde hace mucho...
- No creo que sea un ángel...- Darren se metió las manos en el bolsillo y miró al suelo, era imposible que Amy fuera un ángel, parecía demasiado frágil y para empezar ni siquiera sabía que lo que la había atacado había sido un maldito vampiro. No tenia sentido que un vampiro fuera a por un ángel, mucho menos teniendo en cuenta que los poderes de tal.- Si fuera un ángel habría dejado hecho papilla aquel vampiro y no fue así...
- ¿Désde cuando se ha metido un vampiro de por medio?.- soltó Bella volviéndose a sentar en el sillón de cuero desgastado.
- La estaba siguiendo...- Darren resopló y empezó a dar vueltas otra vez, la noche pasada no había querido preguntar a Amy porque la seguían, ya que había pensando que había tenido suficiente por un día, pero ahora que lo pensaba bien, nada en aquella chica resultaba usual. Se había tomado la situación mejor de que, cualquier humano hubiese hecho, y estaba más que seguro que ella tenía una parte muy humana dentro de si. Darren, les contó todo lo ocurrido, desde el momento que había estado vigilando a los aburrido humanos hasta el momento que la dejó delante del porche de su casa. Los chicos se había mantenido callados mientras que Darren contaba todos los hechos, pero por sus cabezas pasaban un montón de hipótesis que podrían ser concretas con los hechos.
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