jueves, 16 de mayo de 2013

Pesadillas. - 10º Capítulo

 " Si en tus sueños oyes al destino, no creas que vives el futuro, quizás sea la pesadilla del miedo, que a menudo el mundo, ha conseguido resurgirlas, de las cenizas de las envidias, y de la sonrisa de los celos."                            - Autor Desconocido.


-¿Estás solo?.- Preguntó Bella entrando en casa. Shawn levantó la vista y asintió. Bella, llevaba un vestido de volantes floreado y unas enormes Ray Ban, le cubrían los ojos.
-¿Dónde estabas?- preguntó él, intrigado. Bella sonrió de oreja a oreja y se sentó a su lado.
- En París, en esta época del año es increíble, deberías venir conmigo mañana.
- ¿Dónde está lo que te encargué?- preguntó arrugando la frente. Bella suspiró, abrió el bolso y sacó un libro gris. Él sonrió y lo cogió.
-Tuve que amenazar a tres personas por ese pedazo de...
- Ni se te ocurra decir eso.- le cortó Shawn. Bella levantó las manos en signo de rendición y luego miró el libro que Shawn tenía entre las manos, con más detenimiento.
-¿Qué es?
- Un libro, creía que a estas alturas ya lo tendrías claro.
Bella puso los ojos en blanco y él se rió.
-¿Dónde están todos?
- No lo sé, Darren salió con Amy por la mañana y hasta ahora no volvieron y a Ryder... no lo he visto en todo el día.- Contestó Shawn indiferente. Se levantó con el libro en la mano, y se acercó a la chimenea. Él se paró delante de la chimenea y observó las llamas durante un largo rato. Miró el libro de soslayo y sin pensarlo lo arrojó entre las llamas. Bella soltó un grito y se levantó de un salto.
- ¿Pero, qué demonios estás haciendo?¿Me has hecho buscar esa mierda durante horas para hacer eso?- Estaba furiosa, no le hacía falta mirarla para saber eso.
- Siento decepcionarte, Bells.- sonrió de lado.- pero, si no lo arrojó al fuego difícilmente pondré saber lo que contiene.
-¿Qué?- espetó confusa.
- Es uno de los libros de Blake...
La puerta de la entrada se abrió, y los dos se giraron al instante para ver de quien se trataba. Amy entró furiosa y detrás de ella apareció Ryder, con una sonrisa macabra en los labios.
Shawn, observó como subía las escaleras de dos en dos y frunció el ceño. ¿Cómo demonios pretendía encontrar la habitación de Darren? De momento todavía no había elegido ninguna habitación para ella, y sin duda no podía compartir habitación con, Darren.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Bella después de que Amy, desapareciera.
- Nada que merezca la pena ser contado.
Shawn, sacudió la cabeza, sin duda alguna,Ryder, seguía comportándose cómo un memo.
- ¿Y Darren?¿No estaba con vosotros?
- ¿Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? ¿Es que acaso creéis que lo tengo pegado al culo durante todo el día o qué?- gruñó sentándose en el sofá. En ese preciso instante la puerta volvió a abrirse y apareció Darren.
- Hablando del rey de Roma...- bromeó Bella.
Darren, tenía una pinta espantosa, su camiseta negra estaba desgarrada y se veía mugrienta. Las heridas provocadas en su huida eran apenas lineas rojizas sobre su piel.
Respiraba con dificultad cuando entró.
-¿Dónde está, Amy?- fue lo primero que preguntó al recuperar el aliento.
- Acaba de subir las escaleras...- le contestó Bella con el ceño fruncido.
Él suspiró de alivio.
-Y bien... ¿que ocurrió?
Darren, se dejó caer en el sofá y les explicó todo lo que había ocurrido durante el día. Todos a excepción de Ryder, se mostraron sorprendidos al escuchar su relato.
-¿Hija de Grey?- repitió Bella por tercera vez.
- Eso fue lo que acabo de decir- contestó Darren, cansado.
- Eso es imposible...- Contradijo Shawn.
Ryder, se levantó y empezó a caminar de un lado a otro.
- También lo creía... pero entonces fui a su casa y....- se rascó la cabeza indeciso.- había mucha sangre...
-¿Sangre?
- Sí
-¿Algún signo de actividad demoníaca - Preguntó Ryder parándose un momento y mirándole. Darren, negó con la cabeza.
- No hice ningún chequeo, en cuanto comprobé que ninguna de las víctimas eran ella, me fui...
-¿Por qué demonios serias tan estúpido?- gruño Ryder furioso.
- ¿Qué querías que hiciese?- replicó Darren- Solo quería saber que ella estaba bien, los demás me importa un pito.
- Tan sensible como siempre...- dijo Ryder, con ironía.
- No tienes ningún derecho de juzgarme...- gruñó Darren.
- Chicos, no empecemos ¿si?- Bella, miró a su hermano con una mezcla de suplica y él resopló.
- Ya sabíamos que ella supondría algo peligroso...
Ryder bufo y Shawn le lanzó una mirada reprobatoria.
- Quizá deberíamos entregarla a ellos, tu mismo dijiste que eran de los suyos ¿no? Ellos puedes cuidarla y protegerla...- Bella hizo una pausa y les miró. Shawn parecía muy pensativo. Darren estaba tenso como un palo y su hermano estaba inexpresivo.- No podemos volver a poner nuestra familia en peligro...
- Ella no se va a ninguna parte - dijeron Ryder y Darren a la vez.
Intercambiaron una mirada insignificativa antes de volver a mirar a Bella.
- Pero, ella no puede quedarse aquí...
Shawn, examinaba detenidamente todos los hechos pensando en una solución.
Supo desde el primer momento en que la vio, que ella era diferente. Y si la querían, mucha gente moriría en el intento, incluso antes de poder ponerle una mano encima.
- Tienen razón Bella, no podemos dejarla, nos necesita.- susurró Shawn pensativo.
Todos lo miraron, sin duda, ellos tenían siempre en cuenta sus opiniones. Shawn, era especial, podía percibir y ver cosas que ninguno de ellos lo hacían, por lo que escucharlo siempre venía bien.

                                                       ***
Ya en la tercera planta, Amy empezó a contar las puertas hasta llegar a la decimoquinta. Se paró delante de la puerta y respiró hondo.
Cogió el pomo de la puerta con manos temblorosas, le sudaban las manos y empezaba a sentía mucho calor - estaba teniendo un ataque de pánico-. Volvió a respirar hondo y la abrió. La habitación estaba a oscuras, ella buscó el interruptor y al encontrarlo se escuchó un sordo ruido mientras las luces se encendían. La habitación seguía siendo la misma, aunque, era más que evidente que hacia mucho que nadie la habitaban. Sobre la cama reposaba una manta color violeta, ella se acercó y pasó el dedo sobre la delicada prenda. Era seda pura. 
Sonrió tristemente.
Levantó la vista hacía el armario a su derecha, se acercó y lo abrió. Había ropa en el, varias camisetas de seda, americanas, faldas, vestidos de cóctel y vestidos de noche pendían de las perchas.
Suspiró. Eran todas de mujer, a excepción de un polo blanco. Cogió el polo blanco y una oleada de angustia la embargó.
¿Qué diablos la estaba pasando?
Desde que había conocido a los White, no era ella misma. Las cosas la afectaban con más facilidad, y ya no era capaz de pensar con cordura.
Sobre todo cuando Ryder estaba cerca.
Con la prenda aun en la mano se tumbó sobre la cama. Acunó el polo contra su pecho y suspiró. Tenía un nudo en el estomago y de pronto sólo deseó con todas sus fuerzas estar en casa. Quería apoyar su cabeza en el hombro de su madre y llorar hasta quedarse dormida. Añoró profundamente su abrazo apretado y el olor a jazmin que desprendía su pelo. Y su sonrisa. Mamá tenía la sonrisa más dulce del mundo, y hasta el chocolate a su lado quedaba reemplazado.
Las lágrimas no tardaron a acudir, lloró en silencio hasta quedarse profundamente dormida.


 El viento me azotaba el pelo con fuerza mientras corría desesperada por el bosque. 
¿Dónde estaba Daniel?
- ¡Dani!- chillé con todas mis fuerzas pero no hubo respuesta. - ¡Cariño sal, te juro que no te regañaré, por favor!
Sollocé.
Tenía un mal presentimiento, le había dejado jugar fuera durante la cesión de lectura con Tessie, y hacia rato que no aparecía, y él nunca se alejaba de la casa sin mi consentimiento. 
- ¡Dani!.- volví a gritar.
Un enorme lobo gris apareció detrás de uno de los arboles a mi izquierda. Solté un grito asustada, nunca me acostumbraría con encontrármelos en el bosque. Le ignoré y seguí caminando desesperada en búsqueda de Daniel.
- ¡Daniel White, me estás enfadando de verdad!  ¡Sal!- mi cuerpo se estremecía como si quisiera tiritar y el corazón latía con ferocidad contra mi pecho. El lobo gris se posicionó a mi lado y gruñó, le di un empujón pero siguió caminando a mi lado cabizbajo.
- ¿Dónde está, Ed? ¡Dime! ¿¡Dónde está mi hijo!?- él alzó la cabeza para mirarme a los ojos y soltó un gruñido de dolor. Me paré en seco y, empecé a correr en dirección al acantilado. 
La angustia me consumía, mientras avanzaba a duras penas por el bosque. Ed, caminaba a mi lado, no le hacía falta correr, queriendo o no siempre sería más rápido que yo. 
Me acerqué al borde del acantilado y miré hacía las oscuras aguas del océano. 
Abrí los ojos de par en par al ver algo flotando sobre el agua.
-¡Daniiiiiiiiii!.
El lobo lanzo un gruñido mordaz, pero ya era demasiado tarde. Ya me había lanzado hacía las profundidades del mar. El agua me caló hasta los huesos mientras luchaba por volver a la superficie. Podía sentir la temperatura de mi cuerpo descender, con cada brazada que daba. Respiré una gran bocanada de aire cuando salí a la superficie. Nadé todo lo rápido que pude hacía Daniel, que seguía inmóvil. Le cogí con un brazo y luché contras las fuertes mareas para llegar a la orilla.
Dos lobos grises me gruñían una y otra vez mientras intentaba llegar. Cuando faltaba unos tres metros para alcanzar la blanquecina arena de la playa, uno de ellos se metió al agua y empezó a tirar de mi. Por sus ojos amarillos supe que era Macy. 
Ed, gruñía impaciente, apoyé a Daniel sobre la arena, lo miré y se me cayó el alma a los pies.
- Ed, corre... corre a casa y... dile a Tessie... - me castañeaban los dientes debido al frio glacial que envolvía mi cuerpo.- dile que... llene la bañera con agua caliente. ¡rápido!
Ed empezó a trotar en dirección al bosque, Macy, se quedó a todo momento a mi lado.
Volví a mirar a Daniel. La vida abandonaba su cuerpo. Su cuerpo había perdido todo rastro de color y sus labios tenían un color azulado. Ya no respiraba.
Empecé a sollozar.
-¡No!.- grité, haciéndole un masaje en el pecho desesperada por que reaccionara.
-¡Vamos campeón!- grité una y otra vez, pero él no reaccionaba. - ¡No vas a dejarme!¿Me oyes Daniel? ¡Te lo prohíbo!- mi pecho bajaba y ascendía mientras mis sollozos iban en aumento. No podía perderle, era mi bebé. No podía creer que los dioses me hicieran esto. No podían quitarme a mi hijo. Lancé un grito furioso al cielo y segundos después, un rayo nos atravesó a ambos.


                                                    ***

Un grito le despertó bruscamente. Miró hacía la oscuridad de su habitación, todo estaba tranquilo. Él era el único que dormía en este pasillo y la casa era más que segura, así que volvió a cerrar los ojos. Una milésima de segundos después otro grito llenó la habitación. El corazón le empezó a latir frenético sobre el pecho. Alarmado, saltó de la cama y salió al pasillo. Un gemido le orientó hacía la puerta de enfrente.
Él abrió la puerta sin pensar, la luz estaba encendida, paseó la mirada por la habitación y se detuvo en la cama. Amy estaba tumbada sobre la cama y tenía una fina capa de sudor en la frente. Estaba temblando de la cabeza a los pies y por su expresión, no era nada bueno lo que estaba soñando. Ryder, entró y cerró la puerta tras él.
No le gustaba ni un ápice que ella estuviera en aquella habitación.
¿Por qué de todas las habitaciones del mundo, había escogido precisamente aquella?
Se acercó a la cama y la miró. Se encogió de hombros al verla tan débil y expuesta.
Ryder, apretó los dientes al ver que ella decía su nombre en sueños. 
Le puso la mano sobre el brazo y se quedó inmóvil al que estaba helada. Ella tiritaba con violencia. 
- Amy...- susurró y ella abrió los ojos alarmada.
En cuanto le vio, un mar de lágrimas salió de sus ojos.
Él se quedó paralizado al verla llorar. El dolor que Amy sentía sobre su pecho era demasiado doloroso. La pesadilla había sido tan real...
No quería que él fuese testigo de sus lágrimas... Se había sentado sobre la cama y se había tapado la boca con la mano en un intento de sofocar sus desgarradores sollozos.
Apesar de su severa educación de autocontrol, Ryder se vio arrastrado por una fuerte oleada de compasión. Amy, lloraba como si alguien le hubiera roto el corazón y eso le hizo sentirse incómodo. Inseguro.
Apretando los dientes, alejó aquellos insólitos pensamientos.
Si había aprendido algo en su infancia, era que no había que cuidar a nadie más que a uno mismo. Cada vez que había cometido el error de interesarse por alguien, lo había pagado con creces.
Cuanto menos tuviese que ver con las emociones y la vida de Amy, más fácil seria para él, alejarse de ella.
Se aferró con fuerza al dosel de la cama. No era un animal. Él también tenía sentimientos. O al menos, solía tenerlos.
Antes de que pudiera reconsiderar sus acciones, se subió a la cama y la abrazó. Amy le rodeó la cintura con los brazos y se apoyó en él como si se tratara de un salvavidas, mientras enterraba la cara en su pecho desnudo y sollozaba.
Todo su cuerpo temblaba.
Algo extraño se abrió paso en el interior de Ryder. Un profundo anhelo que no sabía muy bien como definir.
Jamás en su vida, había consolado a una mujer que lloraba. Como cazador, había sido entrenado desde que tenía uso de razón para mostrarse feroz, frio y duro. 
Pero ahora allí, abrazando a Amy, se sentía verdaderamente expuesto. Esa niña empezaba a ablandarle el corazón y no podía permitirse algo así.
Su parte racional, le decía que se apartara de ella todo lo que pudiera pero, por otra parte y la más estable, le decía que no la dejara sola, que lo necesitaba. 
- Lo siento...- murmuró Amy sobre su hombro.
-¿Ya te sientes mejor?- preguntó separándose un poco de ella. 
Ella asintió con la cabeza y se secó las lágrimas. Algo le decía que ella no hacía eso delante de nadie. Llorar delante de otros no era algo característico de Amy. Y por alguna extraña razón él lo sabia.- Bueno, si es así, mejor me voy. 
Se levantó de la cama y se encaminó hacía la puerta.
Amy trago saliva, de pronto la idea de estar sola le parecía aterradora.
-Ryder.
Él se giró y la miró con ojos inexpresivos.
-¿Qué?- su voz sonó más hostil de lo que pretendía, se encogió de hombro y la miró fijamente. Tenía la cara algo hinchada por haber llorado.
-¿Te importaría quedarte? Prometo no hablar...
Él la miró con el ceño fruncido, se pasó la mano por el pelo y luego se volvió para mirar a la puerta.
Eso no estaba bien, pero de pronto, tampoco tenía ganas de volver a su habitación.
- Cómo hables, me voy. 
Ella le dedicó una débil sonrisa mientras que él volvía a subirse a la cama de madera de pino. Amy se acomodó, él extendió la manta sobre ella y se tumbó a su lado.
Su corazón se aceleró ante la repentina calidez del cuerpo de Ryder junto al suyo.
- Buenas noches.-susurró ella. 
Él no contestó, en cambio, extendió la mano y apagó las luces.
Ella sonrió en la oscuridad, si pudiera controlar su poder de detener el tiempo, lo habría hecho en aquel preciso instante. 
Él colocó las almohadas de modo que sirvieran de respaldo, y miró a Amy. 
Esta iba a ser, en su excepcionalmente larga vida, la primera vez que pasaba la noche con una mujer sin tener segundas intensiones. 
¿Por qué estaba haciendo esto de todas formas? 
No aguantaba estar en la misma habitación que ella ni dos segundos, sin querer estrangularla y ahora estaba tumbado justamente a su lado. Suspiró y maldijo a Rayne en silencio.
Supo el momento exacto en el que ella se había quedado dormida, por la uniformidad de su respiración. Sólo entonces se atrevió a tocarla. Se atrevió a seguir con la yema de un dedo la suave curva de su pómulo.
Durante un buen rato, se dedicó a mirarla, aun con la escasa luz que se filtraba de las ventanas, era capaz de verla perfectamente. El fuego se había extendido por su sangre y se tuvo que morder el labio para no soltar una maldición.
Ella se alejó a una distancia prudente, desde donde no pudiese olor su suave aroma femenino, ni sentir el calor de su cuerpo bajo el edredón.
Resignado, se acomodó y sin darse cuenta, quedó sumergido en profundo sueño.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Revolviendo en el pasado. - 9º Capítulo

       "   El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce. "
                                                                 -Eduard Thomas.         

              
Amy, dio un traspié, pero consiguió mantener el equilibrio. Esta vez, había ido a parar a un hermoso jardín. Varios tulipanes blancos decoraba los alrededores, y aunque, fuese el lugar más hermoso en el que hubiera estado jamás, la tristeza de aquel sitio era palpable y le dejaba un extraño vacío en el pecho.
Unas veinticinco sillas despegables hacían fila alrededor de un pequeño circulo cerca del acantilado. El sonido de las olas rompiéndose contra las rocas hacia que el ambiente fuera aun más nostálgico de lo que ya era. El sonido de voces procedente de la gran casa blanca a su espalda le llamó la atención. Amy, se giró sobre sus talones y empezó a caminar hacía allí. Pensó en llamar a la puerta, pero de pronto esa idea le pareció absurda. Abrió la enorme puerta y entró. El personal caminaba de un lado a otro terminando los últimos preparativos para la intima reunión.
Amy reconoció la sala de estar de los White nada más poner los pies en la casa. Aunque este tenía mucha más vida que el actual. Los rayos de sol que se filtraban por  las vidrieras de cristal daban un toque muy moderno y lujoso. Todo estaba perfectamente ordenado y limpio. Los muebles se veían relucientes y nuevos. En todo aquel caos de personal, Amy se fijó precisamente en el niño moreno que estaba sentado en el sofá.
Estaba muy concentrado mirando las pequeñas motas de polvo que bailaban a la luz del sol.
Amy sintió como el corazón le daba un vuelco.
El niño iba vestido con un smoking negro, una camisa blanca y llevaba puesta una pajarita. 
Estaba realmente guapo.
Se acercó con indecisión.
 Siempre había oído lo de: Cualquier cambio en el pasado puede causar daños irreversibles en el futuro. Y aunque, supiera que quizá estuviera mal lo que iba a hacer, no podía detenerse.  Se sentía intensamente atraída hacía aquel rincón del salón y sobretodo hacia el niño de ojos azules.
-Hola- dijo ella sintiendo como el corazón le latía frenético. El niño levanto la vista y tan pronto como la vio, dio un brinco y la abrazó con fuerza. Ella lo acunó entre sus brazos y le besó el pelo.
Era muy extraño.
Amy, sentía un gran cariño hacia el pequeño que tenía entre sus brazos y su felicidad era tal que se sentía plena y realizada.
- Mamá, te he echado mucho de menos.- susurró el pequeño a su oído.
Amy, tardó unos segundos en reaccionar.
-¿Qué?
El niño se alejó un poco y la miró.
Ella lo miraba con los ojos desorbitados.
¿Había oído lo que creía haber oído?¿El niño, la había llamado, mamá?
- ¡Heather, querida!- dijo alguien entrando en la habitación. Amy, se volvió para mirar a la recién llegada. La mujer llevaba un elegante vestido negro, tacones negros y guantes del mismo color. Su pelo castaño oscuro estaba recogido en un moño alto, aunque algunos mechones caían hacia los lados dándole un toque clásico. Sus ojos eran grandes y azules. Y cuando sonreía le salían pequeños hoyuelos, era muy linda- pensó Amy.
Ella se acercó y miró a Amy con desaprobación.
- ¡Pero, Heather! ¿por qué sigues vestida así? los invitados llegaran en cualquier momento...- Pasó la mirada de Amy al niño.- Daniel, cariño, ¿Por qué no llevas a tu madre arriba y la ayudas a ponerse algo adecuado para la ocasión?
Amy se giró a tiempo de ver su mueca de fastidio.
¿Por qué la llamaba por su segundo nombre y por qué la miraba como si la conociera de toda la vida?
Daniel, se levantó, cogió a amy de la mano y la guió hacía el piso de arriba.
-¿Cuantos años tienes?.
- Cinco- respondió él tras una breve pausa. Ese niño sin duda alguna, se le parecía mucho. Aunque, ¿Cómo demonios podía ser su madre si nunca había... - mamá ¿te sientes bien? Pareces algo aturdida...
- Sí, cielo...- las palabras salieron de su boca incluso antes de que ella las pudiera detener.
- Papá, pidió que no te molestara....
- ¿Por qué? - preguntó ella con curiosidad.
- Dijo que estás muy sensible con lo del tío, Dave...- Su voz era tan angelical que Amy, se sentía muy admirada. Sólo deseaba escuchar un poco más su leve asento sureño. 
Era tan... extraño.
La tenía muy cautivada.
-¿Qué pasa con el tío, Dave?- preguntó Amy con interés.
Él la miró y luego negó con la cabeza. Subieron las escaleras de caracol hacía el tercer piso cuando ella vio a una niña venir corriendo. La niña iba vestida con un hermoso vestido de tonos oscuros y sus rizos la hacían parecer una muñeca adorable.
- No deberías correr por casa, Ellie .- la reprochó Daniel. Amy miró a la niña con cariño, tenía cierto parecido con Daniel. Sus rizos saltaban en todas las direcciones mientras corría.  Ella le sacó la lengua y siguió corriendo escaleras abajo.
-Es una preciosidad.- mumurró Amy y Daniel puso los ojos en blanco.
Él la soltó la mano y abrió una de las tantas puertas del tercer piso. Amy, entró y se quedó maravillada. La habitación estaba pintada de varios tonos violetas, en el centro había una cama de matrimonio con dosel. A un lado estaba el armario de color blanco, un sillón de cuero del mismo color. Un escrito repleto de libros y a su lado había varias maleta del color gris.
- Me encanta el violeta...- dijo Amy anonadada.
Daniel, se encogió de hombros y se sentó sobre la cama.
- Mamá, se que no te gusta que espíe a la gente, pero he oído a la tía Tessie decir que las misiones de et tempestate tendrían a papá y a ti, lejos de nosotros por mucho tiempo...
-¿Las misiones de qué?.- preguntó ella sin entender.
- No lo sé, no pude escuchar mucho más, lo siento.
Ella asintió. No sabía bien donde había ido a parar - o a que año- pero era de gran alivio tener a Daniel por allí.
- Deberías vestirte mamá, la tía Tessie se pondrá furiosa si no bajamos pronto.


Después de ponerse un bonito vestido de encaje negro, se miró al espejo.
 Sus grandes ojos azules grisáceos tenían un brillo diferente, y su cabello... 
Se llevo la mano a la cabeza estupefacta, su pelo ya no era rubio y si, castaño cobrizo, lo que hacia que sus mejillas ruborizadas de por si, tuviesen un encanto propio. Después de comprobar que no se trataba de su imaginación, salió del baño.
Daniel, había insistido en que se pusiera el vestido negro, por lo que, le hizo caso.
Al salir del baño vio que él seguía sentado en la cama y le sonrió. 
Él le devolvió la sonrisa y fue un gesto tan tierno que a Amy le llegó al alma. Cuando sonreía le salía adorables hoyuelos en las mejillas y de pronto ella se sintió tentado en besar cada uno de ellos, pero se contuvo. Esa no era forma de comportarse, se decía una y otra vez mientras él la guiaba otra vez hacía escaleras abajo. Tuvo la oportunidad de contar cuantas puertas venían antes de la suya. Las puertas eran tan iguales y simétricas que era muy fácil equivocarse.
Cuando llegaron al piso inferior, ya había varias personas por allí, algunas cuantas le dedicaron una media sonrisa y otras se limitaron a inclinarse de cabeza o hacer una reverencia.
Era extraño.
Todos parecían conocerla, y en cambio ella no lograba reconocer a nadie.
- Heather.- una voz áspera a su espalda la hizo volverse.
Un hombre de metro ochenta y ojos castaños oscuros, la miraba con una torcida sonrisa en los labios.

Él iba vestido con una americana negra, camisa blanca y una corbata roja.
El hombre le dio un abrazo apretado. 

Sintiéndose sobrecogida dio un paso hacía atrás.  Él la miró algo ofendido.
- Siento mucho lo de Dave.
- Gracias... supongo.
-Te ves... te ves fantástica.- dijo devorándola con la mirada.
Ella bajó la cabeza algo incómoda. ¿Quien era ese hombre y por qué la hacía sentirse tan incómoda?
-Steven McDavis.- dijo una voz masculina a su espalda.
Amy, se quedó inmóvil.
- Marcus White. - dijo entre dientes y su semblante se volvió serio.
Ya no parecía para nada al tipo simpático que la había abrazado sin previo aviso.
Él hombre a su espalda le envió la cintura con el brazo y ella se encogió de hombros. Un conocido aroma proveniente del tipo que la envolvía, la relajó.
- Le estaba diciendo a Heather, cuanto sentía la perdida de Dave...
- Sí, seguro.- le cortó.
- Vamos Marcus, creía que ya habíamos superado nuestras diferencias.- Steven miraba indignado al hombre que Amy tenía a su espalda, el tipo que la abrazaba negó furioso con la cabeza y acercó más a Amy hacía él. Ella cerró los ojos al sentí un repentino escalofrío por todo el cuerpo.
- En primer lugar pequeño bastardo, tú no tiene ningún derecho a estar aquí y segundo, alejate de mi mujer- Su tono era tan duro y mordaz que Amy, se encogió entre sus brazos.
- Supongo que te veré por ahí, Heather.- Le dedicó una sonrisa macabra y se alejó.
-¿Nena, estás bien?- le susurró el tipo a su espalda. Su voz estaba cargada de tanta ternura y amor que, Amy, casi se perdía en el sonido de su voz.
Ella parpadeó y a regaña dientes se alejó de él, se giró y le plantó cara.
Le miró boquiabierta al verlo, era Ryder. Estaba segura. Puede que fuera unos años mayor, pero era él, no había duda.
Su barba de tres días le hacía extremadamente sexy.
Ella extendió la mano y le acarició la cara. La barba le hizo cosquilla en la palma de la mano y ella se río por lo bajo. Una increíble sonrisa llena de hoyuelos curvaba sus labios, y hacía que el corazón se le acelerara y que comenzara a templar.
- Vaya, me quedo sólo unas horas fuera y es como si hubiera estado años lejos...- dijo con ternura, besándola en los labios.
Segundos después, él se alejó de ella y la miró de la cabeza a los pies. Amy, se ruborizó al instante.

 Él se rascó la barbilla pensativo.
-Vaya... -la rodeó con los brazos y la miro a los ojos - sé que no es muy apropiado decir esto teniendo en cuenta el lugar donde nos encontramos...- él miró a su alrededor y luego con una pícara sonrisa la miró.- pero, joder nena, estás de infarto.
¿Ryder, bromeando?
Eso si que era extraño.
Amy no pudo contener una risita tonta. Él la beso en la nariz y sonrió con ternura.
-Heather.- susurró alguien.
Marcus, la soltó y ella miró a la anciana que tenían delante.

- Siento mucho lo de Dave, lo echaremos mucho de menos...
Amy, pudo ver la tristeza reflejada en sus ojos, y no pudo hacer otra cosa más que abrazarla.
Que ella no se enterara mucho de lo que estaba ocurriendo, no significaba que fuera una insensible.
Marcus -Ryder- le acarició la espalda para infundirle ánimos.
Ella se separó de la anciana y se sorprendió al ver que las lágrimas le empañaba la vista.
Avergonzada se secó las lágrimas con el torso de la mano.
- Señora Bagham, gracias por venir, a Dave le habría gustado mucho- Marcus, le dedicó una sonrisa de lado y la señora Bragham le hizo una reverencia.
Vale, cada vez las cosas se ponían mas raras...
-¿Nena, no ibas a ayudar a Tessie con algo?- Amy levantó la vista hacia él y el pánico se apoderó de ella.
- Ryder...
Marcus bajó la mirada hacía ella y le lanzó una mirada de advertencia.
Ahí estaba el Ryder que conocía.
- Vete ayudar a Tessie, tengo que encargarme de algo.- le dio un suave beso en el pelo y se alejó. Ella lo miró con recelo.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora?
Miró a las personas que hablaban entre susurros en el salón. Todos estaban vestidos de negro, muchas mujeres hacían uso de sus grandes pamelas.
Amy suspiró, y caminó hacía la cocina. Era de gran alivio que la cocina siguiera en el mismo sitio de siempre.
Entró en la cocina y vio la misma mujer de antes.
Ella levantó la vista y la sonrió. Una de las empleadas llevaba una bandeja llena de aperitivos. Amy le abrió la puerta y esperó a que pasase.
- Gracias, señora White.
-¿Querida, ya tienes tu discurso hecho?
-¿Qué discurso?
-Oh, Heather, ¿no habíamos dejado claro que tu serias la que se encargaría del discurso de despedida de Dave?
Amy se limitó a encogerse de hombros.
- No importa, de todas formas Jason ya tenia algo preparado por si no podías...
Tessie la miró con tristeza.

Un retortijón en la tripa le hizo prender la respiración.
-¿Estás bien, querida?
- Sí...- las piernas le empezaron a temblar y perdió totalmente sus fuerzas, estaba a punto de caerse al suelo cuando alguien la agarró. Otro fuerte retortijón le envió fuertes oleadas de calor por todo el cuerpo. Amy, intentó respirar, pero el aire se había vuelto tan denso que no le entraba en los pulmones. 

- Heather...- las voces a su alrededor se escuchaban muy lejanas mientras iba perdiendo el conocimiento.

Cuando abrió los ojos de lo primero que se percató fue que se encontraba otra vez en la habitación de antes. Y no se encontraba sola. Marcus estaba con ella, la miró y sonrió.
-¿Marcus?.- dijo ella intentando averiguar si era Ryder o Marcus.
Intentó levantarse pero él negó con la cabeza y con cuidado la hizo volver a tumbarse.
- Tuviste un ataque de pánico...- se le quebró la voz. Ella pudo ver la culpabilidad que sentía y ella sintió el impulso de abrazarlo.- No debí dejarte sola y lo siento, se cuanto significaba Dave para ti, y cuanto es difícil lidiarse con toda esta situación, pero... verte así me está matando, Heather...
Verlo así tan indefenso y triste la causaba una angustia terrible.
-¿Debo ser una mujer horrible, verdad?- dijo ella bromeando.
Una pequeña sonrisa le curvó los labios. Y fue suficiente para hacer que el corazón de Amy latiera frenético.
-No eres tan mala...
- ¡Oye!- ella le dio un empujón amistoso y él se rió.
- Sabes que eres la mejor...
Un fuerte retortijón la hizo encogerse, Marcus la miró preocupado. El vértigo no tardó en apoderarse de ella.
- Nena...
Fue lo único que pudo escuchar antes de que su imagen se desvaneciera ante sus propios ojos.


El huracán dejó de rodar de golpe y ella salio disparada hacía adelante, se chocó contra Ryder y los dos cayeron al suelo. Él la miró con los ojos desorbitados. Y ella resopló.
-¿Se puede saber dónde demonios te habías metido?- Casi sin darse cuenta, él la tenía rodada con los brazos, mientras que ella seguía sobre él.
-¿Ryder?
Él arqueó una ceja divertido.
-¿Acaso existe otro?
Ella bufó, si él supiera...
Sus ojos se encontraron y por una fracción de segundos, ella volvió a sentir esa paz, que había sentido mientras estaba en los brazos de Marcus. Estaban tan cerca que ella podía sentir cómo su aliento le rozaba la mejilla. 
Amy alargó la mano y le acarició el pelo.
-¿Se puede saber qué demonios haces?- dijo Ryder zafándose de ella y levantándose de un salto.
- Yo...yo...¿Se puede saber por qué demonios eres tan imbécil?
Él la miró ceñudo mientras ella se levantaba y le hacía frente.
- ¡Eres jodidamente imbécil, Ryder!
Él se rió a carcajadas y luego negó con la cabeza.
-¿De qué te ríes?
-Es solo que es muy gracioso la cara que pones cuando estás furiosa- volvió a reírse. Ella le propinó un empujón, él dejó de reírse y volvió a ponerse serio.
Él sacó una reluciente lamina de cristal -un cuchillo- y ella dio un paso hacía atrás. Él se hizo un corte en la mano y la sangre empezó emanar de esta. Se acercó a una de las paredes y colocó la mano contra ella. La sangre que descendía de su herida iba dibujando una runa mientras que él esperaba impaciente. En cuanto el circulo se completó, él retiró la mano. Destellos de luz azulada cubrieron cada una de las linea de la runa para luego convertirse en una puerta. 
A esas alturas ya nada debería sorprenderla, pero no fue así.
  
                    

viernes, 10 de mayo de 2013

La decisión correcta.- 8º capítulo.

“Las decisiones más difíciles, son las  que entran en juego las personas que más queremos"                                                                                                                                          -                                                      Antonio Cabado

- Él, no está aquí.- susurró Rayne.
Amy resopló y miró a su mejor amiga. Rayne, puso los ojos en blanco y luego miró a un punto sobre su cabeza y sonrió. Amy se giró y siguió su mirada, y al darse cuenta de que se trataba se quedó de piedra. Ryder, estaba al otro extremo del aparcamiento y caminaba directamente hacía ellas.
Amy observó su andar sinuoso. Parecía un depredador esbelto y letal. Llevaba los pulgares metidos en los bolsillos delanteros de los vaqueros, y caminaba totalmente ajeno a las chicas que suspiraban y babeaban a su paso. Amy, intentó imaginarse el motivo de por qué, Ryder White, estaría por allí, pero no se le ocurrió nada.
Fascinada por la armonía de sus movimientos, observó atentamente cómo se acercaba y se paraba justo delante de ellas. Prendió la respiración mientras él las inspeccionaba, primero miró a Rayne y luego la miró a ella con más atención. Asintió y luego suspiró.
-¿Dónde está, Darren?- soltó ella sin pensarlo.
- ¿Cómo quieres qué lo sepa? Acaso crees que lo tengo pegado al trasero todo el día ¿o qué?- contestó él, con la ira reflejada en la voz.
Amy, intentó mostrarse indiferente, pero, aun así, él pudo ver que su comentario la amonestó.
Rayne se aclaró la garganta y los dos la miraron con el ceño fruncido.
-Oh.- dijo Amy, percatándose de que aun no los había presentado- Rayne, este es Ryder White.
Su amiga sonrió de oreja a oreja y le extendió la mano cortésmente, Ryder le estrechó la mano con suavidad.
- Encantada.
-Me gustaría poder decir lo mismo...- contestó Ryder, poniendo los ojos en blanco.
- Estaba diciendo a Amy, que la acompañaría al café, pero ahora que estás aquí, estoy segura de que apreciaría mucho más tu compañía que la mía.
Amy, miró a su amiga estupefacta durante unos segundo, y luego levantó la vista hacia Ryder. Acababa de decirle que no se iría al café y que se iría directamente a casa. ¿A qué venia esto? ¿Y que demonios hacia Ryder allí?
- ¿Te parezco tener pinta de canguro?- Rayne, le dirigió una mirada de advertencia y él dejó escapar un bufido.
- No importa, de todas formas no tenía pensado ir al café, me iré a casa...
Él la miró fijamente mientras hablaba, no podía dejarla irse a casa, Rayne se había ocupado de dejarle claro cómo un millón de veces que no la dejara acercarse a casa por nada en el mundo y ahora se veía entre la espada y la pared. O se ofrecía a pasar toda una tarde con ella en un maldito café de los suburbios de Preston, o la veía morirse otra vez.
- Me empieza apetecer un poco de café...- dijo él con voz queda.
Amy, alzó la vista sorprendida y buscó su mirada, pero él estaba demasiado ocupado mirando a su amiga. No podía creer que dijese algo así. Rayne se giró hacia ella y le dedicó una sonrisa alentadora.
- Divertíos, chicos.- contestó ella despidiéndose.
- Un momento.- le cortó Ryder el paso.- ¿no te vienes con nosotros?
Rayne frunció el ceño al ver el temor en su mirada.
-No- contestó ella.- tengo que encargarme de algo antes de que uno de los tuyo salga herido.
Él la miró con escepticismo y ella le dedicó una sonrisa inocente antes de pasar inadvertidamente su mano sobre la suya. Ryder, sintió como toda su sangre helaba bajo su contacto, pero no hizo nada para apartarle la mano de encima.
- Hasta pronto, cazador.
Amy, les miró con el ceño fruncido, en cuanto Rayne se alejó, él volvió a mostrar la misma actitud arisca de siempre.
- ¿Es cosa mía o ya os conocéis de antes?
-¿Vas a estar todo el día haciendo preguntas o te vas a poner en marcha?- preguntó él dándose la vuelta e impregnando la marcha hacía el centro de Preston.
                                                                   
                                                                      ***

-¿Seguro?- preguntó Becca por tercera vez.
Al parecer, la ultima vez que había estado por allí, había sido llevadas en brazos por Darren. Y ahora Becca se mostraba más interrogante que nunca. Ryder, las había observado en silencio mientras inspeccionaba el local.
-¿A quien tengo que matar aquí, para que me traigan una jodida hamburguesa?- gruño alguien impaciente.
- Tranquilo vaquero, ahora te la llevo.- Becca puso los ojos en blanco y se alejó.
-Creí que te apetecía un poco café.- dijo Amy al ver que él no se había indignado a pedir nada.
- No tomo café y tu tampoco deberías.- contestó mirando el menú.
Ella le miró ceñuda, pero no dijo nada.
Ryder, sabia que tendría que soportar un tedio extremo por las próximas horas por lo que sacó su IPod y puso la reproducción aleatoria. Segundos después empezó a sonar Castle of glass - Linkin Park.
Al percatarse de que la estaba ignorando, Amy sacó sus apuntes de español y se puso a repasar. Solo quedaban dos exámenes más y luego ya no tendría que preocuparse por eso.
Echaría de menos a la señora Sanchez, la había tratado muy bien durante todos estos años y a diferencia de los demás profesores era con la que se llevaba mejor. De refilón vio como Ryder tamboreaba los dedos en la mesa. Miró fijamente la fuerza que desprendían esas manos morenas en constante movimiento. Él se dio cuenta de que le estaba observando y la miró con el ceño fruncido, ella dio un respingo y volvió a concentrarse en su libro de español. Estudiar con Ryder cerca iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Después de tres batidos de chocolate y una porción de alitas de pollo, Ryder se dio por vencido, apagó el IPod y la miró con firmeza, parecía bastante concentrada. Tenía una arruga en la frente y se mordía el labio inconscientemente, él suspiró y miró a su alrededor. Becca, la camarera, atendía una de las mesas al fondo, todos parecían ajenos a ellos dos, menos una persona. Una chica menuda, morena y de ojos color café que estaba sentada al otro lado los miraba con gran interés.  Al ver que había sido pillada miró hacía otra parte intentando aparentar normalidad. Ryder entornó los ojos y la siguió mirando unos segundos más, se había girado otra vez y al ver que él la seguía mirando se estremeció. 
- Amy, ¿Por qué no vas al baño?- Ella lo miró ceñuda y él hizo un gesto exasperado con la cabeza. Ella suspiró y sin rechistar le obedeció.
Al ver cómo la silueta de Amy desaparecía tras una de las puertas color beige, se levantó y se dirigió con decisión hacía la mesa que ocupaba la chica.
Ella se encogió de hombros cuando él se sentó delante de ella.
-¿Por qué me estás siguiendo?
- ¿Qué te hace pensar que te siga a ti?- Ryder le dedicó una mirada glacial y ella volvió a encogerse.
-¿Qué quieres de ella?
- Lo mismo que tú.
Él optó una actitud malhumorada.
- No juegues conmigo niña, te pondría arrancar la cabeza en un abrir y cerrar de ojos.
- No creo que quieras matarme con toda esa gente aquí.- dijo ella con temor.
- No pruebes mi paciencia.- La ira que destilaba su voz hizo que se le erizara el vello de la nuca.
- No estoy sola, afuera hay más, ellos están preparados...- miró hacía la vidriera que daba a la calle, estaba anocheciendo.
-¿De qué clan eres?
La chica levantó su mano y le enseñó el anillo. Ryder frunció el ceño y lo miró con atención. Conoció el emblema de los cazadores grises a la primera - un fénix - él suspiró y volvió a mirar a la chica a los ojos. 
-Cómo vuelva a verte cerca de ella, aunque sea a trecientos metros de distancia, te juro que te arrancaré el corazón del pecho sin la menor vacilación, y eso también va por los tuyos.- Él entornó los ojos y la miró suspicazmente antes de levantarse y dirigirse otra vez a su mesa. Amy se reunió con él una milésimas de segundos después.
-Creo que es hora de irse- dijo él con voz áspera. Amy lo miró y asintió, de todas formas no se había enterado de nada de lo que había leído. Ella recogió sus cosas y las metió en el bolso, se despidió de Becca y siguió a Ryder hacía fuera. El aire fresco heló sus mejillas, Ryder se paró y se dio la vuelta para hacerle un gesto para que se diera prisa.
-¿Quién era la chica?.- preguntó ella cuando le alcanzó.
- ¿Qué chica?
- Con la qué hablabas.- ella le miró con recelo.
- Nadie.
- Bonito nombre- dijo con ironía.
Él se paró y la miró.
- Mira, no estoy aquí precisamente por qué me agrades, así que.¿Por qué no me haces el favor y cierras el pico?
Ella le dedicó una mirada furiosa y empezó a caminar rápido, no sabía exactamente hacía donde debía ir, pero eso era lo que menos le importaba. No aguantaría ni un segundo más cerca de ese arrogante.
- ¿Dónde crees qué vas, Amy?- La voz de Ryder a su espalda le envió pequeñas descargas eléctricas por todo el cuerpo.
- A cualquier sitio lejos de ti.- dijo entre dientes.
Siguieron caminando durante unos minutos en silencio hasta que Ryder le agarró de la muñeca y la frenó. Ella lo miró lista para pelearse, pero cuando vio que él miraba atónito hacía adelante se quedó sin aliento. Ryder, tiró de ella y empezaron a correr en dirección contraría. Amy, empezaba a sentir un fuerte retortijón en la tripa, y el vértigo se apoderó de ella.
- Oh no, oh no.- susurró. No podía creerse que eso estuviese pasando precisamente en aquel momento, no podía volver a desaparecer, mucho menos ahora. Ryder ya la creía demasiado rara cómo para ser testigo de aquello. Se metieron en un callejón y se escondieron entre las sombras. Ryder, miraba atento hacía la entrada del callejón mientras que Amy intentaba luchar contra el vértigo que la rondaba.
El mundo empezó a difuminarse ante sus ojos y la sensación del tornado brotando de su interior se apoderó de ella.
- Ryder...- logró susurrar antes de desaparecer.


Personajes.










martes, 7 de mayo de 2013

Muerte y resurrección - 7º Capítulo.

"A veces el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. "

                                           -    Alphonse de Lamartine.


Bryce se había encargado de atarle las muñecas y los tobillos. No había sido difícil encontrarlo, solo había que esperar a que apareciera, y cómo bien habían predicho la había acompañado hasta el instituto. La noche pasada se había levantado el caos entre los cazadores grises y ahora querían respuestas y las tendrían aunque eso le costase la vida a uno más. Darren, seguía inconsciente pero no tardaría en recuperarse. Los chicos de Grey le había acorralado poco después de acompañar a Amy al instituto, tenían que admitir que estaba muy bien entrenado pero no podía hacer nada contra Alan quien de hecho ya estaba harto de las intromisiones de otros...
Grey había dejado muy claro que si no encontraban a su hija sana y salva los mataría uno por uno, y lo que menos necesitaba eran más muertes desnecesarias.
Alan estaba sentado en una silla delante de la de Darren mientras que dos de sus mejores hombres le respaldaban por si había algún cambio de ideas...
- ¿Por qué no le despertamos de una patada?.- dijo Bryce con un deje de esperanza en la voz. Alan levantó la vista y lo miró divertido pero luego negó con la cabeza, Bryce bufó y luego se rió entre dientes. Sabía que tarde o temprano tendría el placer de patearle el culo a Darren White.
 - ¿Y que tal un poco de agua fría?.- sugirió Raquel entrando en la habitación en la que se encontraban, no se podía decir que fuera exactamente una habitación, era más bien un sótano lleno de trastos viejos cubiertos de polvo. Alan puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
-¿Se puede saber que haces aquí? Creí haber dejado claro que no quería a ninguno a excepción de estos dos aquí abajo. - Raquel pasó la mirada de Bryce a Xavier y luego se rió entre dientes. Bryce se tensó y le dedicó una mirada reprobatoria a su hermana. Ella le dedicó una sonrisa burlona y paseó la vista por la habitación escasa de luz, la única luz en la habitación era la que proyectaba uno de los candelabros suspendido en el aire por encima de sus cabezas. Una luz azulada parpadeaba  incesantemente al fondo de la habitación, Raquel entornó los ojos y se alzó intentando ver mejor pero Xavier se interponía en su visión.
-¿Qué es eso?.- preguntó intrigada, Alan, siguió su mirada y vio el objeto azulado al que habían extraído al cazador antes de que los pudiera cortar en canal a todos.
- Un instrumento inmortal.- Susurró Alan distraído, no había como ocultar nada a Raquel, así que lo mejor era decírselo antes de que se le ocurriese averiguar por si misma.
- ¿En serio? Puedo...
- ¡No!.- gruñó Bryce caminando hacía ella, estaba furioso, no entendía por que demonios siempre tenía que meterse en lo que no le convenía y sobre todo no comprendía por que Alan se lo concedía sabiendo que siempre quería más... Bryce la cogió del brazo y la arrastró hacía fuera, abrió la puerta bruscamente y la empujó hacía fuera.- Ve a hacer lo que sea que estuvieras haciendo y déjanos trabajar.
Y sin decir más cerró la puerta, Raquel hizo ademán de protestar pero en cuanto la puerta se cerró no se escuchó nada más.
- Y bien, o lo despertáis vosotros o juro que yo mismo...- Darren alzó la vista hacía Bryce y una sonrisa socarrona bailó en sus labios. Eso sólo hizo que el irritable temperamento de Bryce sufriera un colapso.- Bien, ya te has despertado así que empecemos con la diversión.
Bryce caminó directamente hacía Darren listo para la acción, pero cuando estaba a tan solo unos pasos de él sus músculos dejaron de responderle y se quedó paralizado. Levantó la vista hacía Alan y su mirada grisácea le advertía que no opusiera resistencia a su demanda silenciosa.
- ¿Qué queréis de mi?.- Darren frunció el ceño y les dedicó una furiosa mirada. Sabía perfectamente que pondría con esos tres... Puede que le cogieran desprevenido una vez pero eso no volvería a pasar, de eso estaba seguro.
- La cuestión aquí es que quieres tu de nuestra protegida.- dijo Alan levantándose y poniéndose delante de Darren. Se arrodilló para ponerse a la altura de Darren, necesitaba mirarlo a los ojos para saber si lo que decía era verdad o no.
- No sé de que me hablas...
- Sabes perfectamente de que hablo señor White, y bien... ¿qué quieres tú de Amy?-  Darren, respiró profundamente y echó un rápido vistazo a la habitación, parecía un sótano en ruinas, había varios trastos por allí que seguramente tendrían años de inutilidad. Encontró a Luminux sobre una vieja mesa de café, esta parpadeaba más de lo normal, eso solo ocurría cuando Amy estaba cerca...
- ¿Dónde está Amy?.- preguntó Darren forzando la cuerda que le inmovilizaba las muñecas, podía sentir cómo su cuerpo ardía debido al terror de que pudiera haberle ocurrido algo.
- Tranquilo chico, nosotros somos los buenos.- dijo el tipo que estaba inclinado sobre la silla donde estaba sentado Alan hace apenas un momento.- Y si demuestra que eres uno de los nuestros quizá te perdonemos la vida.
Un sordo gruñido a su lado le hizo querer reírse pero se contuvo. Era obvio que deberían de estar de broma, ellos no tendrían la menor oportunidad contra él, y lo peor era que Alan también lo sabía. Ya había sido lo suficientemente difícil "hacerle cooperar" una vez.
- Ahora es cuando nos dices que demonios te traes entre manos chaval.- Alan se levanto y empezó a dar vueltas a su alrededor, Bryce seguía paralizado contra su voluntad y mientras tanto, Xavier, examinaba su reacción.
-Si lo que quieres saber es si la voy hacer daño la respuesta es no.
- Bien, estamos haciendo progresos, chico.- Alan posó sus manos sobre los hombros de Darren y él se encogió de temor ante la repentina invasión de su espacio personal. Apretó los tiendes con fuerza, el contacto de Alan, hacía que todos sus músculos se relajaran instintivamente y que todos sus sentidos se disiparan.- Ahora quiero que me digas adónde la llevaste ayer cuando despareciste con ella...
- A mi casa- las palabras salieron de su boca incluso antes de que pudiera detenerlas, Darren volvió a ponerse rígido. Alan, presionó sus dedos con más fuerza e inmediatamente su cuerpo se destensó. " El juego de la verdad..."- pensó Darren.
- ¿Y dónde se supone qué está su casa, señor White?.- Las palabras estaban en la punta de su lengua, solo tendría que abrir la boca y las palabras huirían por si sola, no podía evitarlo, el contacto de Alan le sacaría toda la verdad y atado a aquella maldita silla no podía hacer nada para impedírselo.
- ¡No!- gruñó Darren sacudiendole las manos de encima, Alan resopló y se dirigió otra vez hacía la silla donde estaba sentado antes.
- Me lo dirás por las buenas o por  las malas señor White, usted elige.- La sonrisa de Alan era tensa y no había ningún signo amistoso en su rostro. Bryce volvió a recuperar la movilidad, carraspeó y ocupó su lugar al lado de Alan, le dedicó una mirada cargada de odio a Darren y luego cerró las manos en puños, era obvio que estaba listo para la acción.
- No me sacaras nada.
- ¿Bryce por que no nos haces el honor?- Alan señaló a Darren y Bryce asintió con la cabeza, dio un pasó hacía Darren, crugió los dedos y luego le dedicó una sonrisa burlona.
- Si supiera cuanto he esperado por este momento...
Darren extendió los dedos y el fugaz destello de Luminux iluminó toda la habitación dejando a los allí presentes segados por una milésima de segundos. Luminux pasó rozando la mejilla de Bryce antes de dirigirse directamente hacía su dueño. Cortó las cuerdas antes siquiera de que ninguno de la habitación hubiese podido recuperar el aliento, Darren se levantó de un saltó cogió a Luminux y la metió en su bota. Se giró hacía Bryce y le atizó un rápido golpe en la garganta y este se echó hacía atrás con las manos envueltas en el pescuezo, tardaría unos segundos antes de volver a recuperar el aliento y eso sería más que suficiente. Xavier se abrió paso rápidamente hacía Darren, intentó darle un puñetazo pero él lo desvió y aprovechó la oportunidad para darle una patada en pleno estómago, Xavier tocio varias veces antes de caerse de rodillas al suelo, Alan fue más rápido que cualquiera de ellos y antes de que Darren pudiera reaccionar ya estaba delante de él y le daba un puñetazo en la mandíbula  Darren gruñó y se echó hacía atrás, levantó la vista hacía Alan y vio que sus ojos estaban inyectados en sangre... " Pero que demonios..."
Luminux salió de su bota sin la menor advertencia y se dirigió directamente al pecho de Alan.
- ¡No!- dijo Darren entre dientes y Luminux se paró en el aire a pocos centímetros de su pecho.- Esto es entre él y yo.- Luminux soltó un azulado destello y volvió a reposar en la bota de Darren. Alan soltó un suspiro de alivio y recuperó su posición de ataque, levantó la vista hacía Darren pero, él ya no estaba allí. Él se había desplazado silenciosamente y se había posicionado detrás de Alan. Alan, se giró bruscamente al percibir su presencia a su espalda. Darren le atizó un puñetazo en la nariz e inmediatamente de esta empezó a emanar un fluido negruzco.
Los dos habían sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, pero la habilidades de Alan en la lucha no se aproximaba, ni de lejos, a las de Darren.
Darren, le dio otro puñetazo y fue tan rápido que Alan no tuvo la oportunidad de desviarlo. Él se encogió en un gesto de dolor cuando Darren le volvió a golpear la nariz. Por el rabillo del ojo Darren vio como Bryce se dirigía directamente hacía él, sin pensar saltó sobre Bryce y le asestó un tremendo puñetazo en la barbilla, lo que hizo que tambalease hacía atrás.
-¿Dónde está Amy?- preguntó Darren a Alan, mientras le agarraba para empujarle contra la pared.
- No lo sé.- le contestó, forcejeando para apartar las manos de Darren de su camiseta.
- No te atrevas a mentirme- gruñó Darren.
- ¡No lo sé!
Darren, le sujetó con toda la fuerza que le otorgaba la ira y el dolor. Las manos le temblaban mientras le tiraba de la camiseta. Pero aún peor que el deseo de matarlo allí mismo, eran las implacables preguntas que resonaban en su cabeza.
 -¿Dónde está?- preguntó Darren de nuevo.
- No lo sé...
Darren lo apartó de la pared de un tirón y lo soltó. Tenía la cara desencajada por la ira.
Una fuerte sirena se activó y Alan se giró para mirar hacía la puerta, los dos tipos también lo hicieron, miraron a Alan alarmados y luego miraron a Darren.
- ¡Mierda!.- gruñó Alan dirigiéndose a la puerta. Se paró en el umbral de la puerta, se giró y miró a Darren.- Te diría que te quedaras un poco más... pero eres libre de irte.
Hizo un movimiento con manos y desapareció, los chicos echaron un ultimo vistazo a Darren antes de seguir a su comandante.

                                                                ***

La mañana pareció transcurrir muy lentamente con la habitual ronda de clases. Pero por mucho que intentase estar concentrada en las clases no lo conseguía. Era el antepenúltimo día de clase, ya quedaba poco y luego sería por fin libre... Solo necesitaba concentrarse unos días más.
Una y otra vez, su mente volvía a divagar hacía el desayuno. Volvía a recordar una piel bronceada por el sol y unos ardientes ojos azules.
Esos lindos ojos azules...
Cómo desearía que Ryder no le hubiese mirado jamás. Esos ojos azules podían muy bien ser su perdición.
Negó con la cabeza, no debería pensar en él, pero era casi imposible sacarle de sus pensamientos.
" ¿Por qué tiene que ser tan desagradable? ¿Por qué no es más cómo Darren?" Se preguntaba una y otra vez. Amy, miró inadvertidamente la hora... otra vez. Casi había acabado las clases y pronto pondría ir a casa... Y pronto volvería a ver a Darren, otra vez. La había prometido que estaría esperándole a la salida y por más que intentase negarlo, tenia ganas de verlo.

En cuanto sonó el inconfundible timbre, ella se dispuso a recoger sus cosas y a dirigirse a su taquilla. No había visto a Kendra en todo el día, aunque no era de extrañarse. Su hermana siempre estaba demasiado ocupada con sus ligues para ponerse en contacto con ella. Aunque no apareciendo por casa debería suponer un cambio en su actitud ¿o no?. Viniendo de su hermana no era de sorprenderse.
Amy abrió la taquilla y se hizo con los libros que estaban allí, levantó la vista y sus ojos azules posaron sobre el rectangular espejo de su taquilla. Su pelo estaba recogido en una coleta alta, lo que hacía sobresaltar sus delicadas mejillas, seguía llevando la camiseta azul que Bella la había proporcionado en el desayuno, bajó la mirada hacia su amuleto y lo cogió entre sus dedos. El collar en forma de mariposa había estado ahí desde que tenía uso de razón, y si no recuerdo mal, había sido un regalo de papá. Nunca se había quitado el amuleto de encima, era cómo si el objeto hiciese parte de ella...
El suave perfume de rosas le advirtió que Rayne estaba cerca, cerró la taquilla y miró hacía el alborotado pasillo y ahí estaba su amiga, tan reluciente y magnifica como siempre. Rayne le dedicó una sonrisa torcida antes de reunirse con ella.
- ¿ Irás al café?.
- No, hoy solo quiero irme a casa...- dijo ella en tono neutral.
Rayne y ella traspasaron la enorme puerta del instituto y se dirigieron al aparcamiento escolar.
Amy miró en todas partes buscando indicios de Darren.
- Él no está aquí.- susurró Rayne.
Amy resopló, a veces era casi inaguantable que ella supiera siempre lo que le rondaba por la cabeza, y aunque Amy no entendía como lo hacia, nunca había tenido la oportunidad de preguntarle, era como si siempre que tenia intención de preguntarle algo a Rayne, las preguntas evaporasen de su cabeza...
- ¿Segura que no quieres ir al café, puedo acompañarte...
- No, en serio, tengo que ir a casa.- dijo y le miró. Rayne parecía ligeramente decepcionada, y eso hizo que ella se sintiera culpable.- Quizá mañana.
Rayne, forzó una sonrisa y se despidió de ella con la mano.
Rayne se había mostrado durante todo el día bastante aturdida y sus sonrisas nunca le iluminaban los ojos, Amy estuvo tentada a preguntarle que pasaba pero acto seguido ya se había olvidado de que le iba preguntar.

Estaba a escasos metros de casa cuando escuchó un disparo, no era frecuente escuchar disparos en aquel distrito de Preston. Amy, se paró en seco mientras un fuerte dolor posaba sobre su pecho, le faltaba el aire y una angustia profunda tomó cuenta de su estado de animo. Empezó a correr hacía la casa de ladrillos al otro lado de la calle, no se paró a mirar si el coche negro estaba por ahí, de hecho nada de eso importaba solo necesitaba llegar a casa y saber que todo iba bien. Amy, subió las escalerillas del porche de dos en dos y se dirigió hacía la puerta con paso decidido, abrió la puerta de golpe y corrió hacía el salón pero se paró en seco al ver que Kendra yacía en el suelo rodeada de un charco de liquido rojizo -sangre-, Amy se tapó la boca para sofocar un grito.
Había más personas en la habitación, mamá estaba de piel sobre la alfombra al lado de Kendra y más tres tipos la acompañaban. Mamá la miró a los ojos y pudo ver y sentir todo su dolor, angustia y miedo. El cuerpo de su madre temblaba violentamente y las lágrimas resbalaban  frenéticamente por su mejilla.
-¡ Corre Amy!.- exclamó en cuanto la vio, el tipo que estaba a su lado tenía las pupilas de un color negruzco y la sonreía con frialdad, con un movimiento rápido el tipo puso las manos a ambos lados de la cabeza de su madre y rompió su pescuezo con un sonoro clic. Mamá cayó al suelo y en una milésima de sus segundos después los tipos se abalanzaron sobre ella.


                                                                  ***


El portal no le había llevado hasta donde realmente había querido ir, al contraria. Había aparecido en uno de los viejos distritos de Preston y seguramente tendría que hacer otro portal para volver a casa. Ryder, empezó a caminar calle abajo sin saber muy bien adonde dirigirse. Miró el cielo encapotado y resopló, odiaba tener que caminar por las calles de Gran Bretaña, el tiempo era tan deprimente y hostil...
Ryder se paró en seco al ver a Amy salir corriendo de una de las casa y acto seguido vio a tres tipos pisandole los talones. Él frunció el ceño y sin pensar siquiera un segundo, sacó a Grove de su funda, ajustó la flecha en su arco y disparó. La Grove - la flecha- se multiplicó por tres y se dirigió hacía los demonios que corrían detrás de Amy. Una de las Grove hundió en la carne del que estaba más cerca de Amy y este se evaporó en una nueve de polvo, la otra traspasó la garganta de segundo y acto seguido desapareció, el tercero intentó huir pero, la última Grove se le hundió en la espalda y con agudo chillido le vio desaparecer. Las Grove se fundieron en una sola y volvió directamente hacía Ryder, él la cogió y la volvió a ajustar a su espalda, Amy lo miró espantada, pero él no hizo más que mirarla con irritación.
- ¿Por qué no me extraña que estés metida en esto?- Los ojos azules grisáceos de Ryder la sometieron a una inspección, tenía un profundo corte en el brazo derecho y de este salia bastante sangre. Dio un paso hacía ella con indecisión, de pronto se sentía demasiado cansado como para irritarse con ella.- ¿Qué ha pasado?
Amy pasó la mirada hacía su brazo y lo apretó contra ella. Los ojos le picaban por las lágrimas que amenazaban salir, un sollozo brotó de lo más hondo de su pecho, intentó tragar saliva pero tenía un enorme nudo en la garganta. Ryder, se acercó a ella y le cogió el brazo sin prestar atención a la mueca que había hecho. Era un corte bastante profundo pensó él. Ryder hizo una mueca de disgusto y la miró a los ojos. Ella se encogió de hombres y el suspiró cansado. Algo negro se movía detrás de Ryder, Amy se puso de puntillas ya que, Ryder, le sacaba una cabeza y vio a uno de los tipos de antes sujetando una daga y estaba a punto de lanzarla contra Ryder. Los ojos se le pusieron como platos y antes de que Ryder pudiera darse cuenta se le había quitado las manos de encima.
- ¡No!.- gritó Amy desesperada, la daga atravesaría la piel de Ryder en un abrir y cerrar de ojos, debería pensar rápido. Con un movimiento tan rápido como un rayo se interpuso entre Ryder, el tipo de negro con los dientes afilados y la daga. Ryder se giró a tiempo de ver como la daga se dirigía directamente hacía ellos, abrió mucho los ojos, pero antes de que pudiera hacer algo la daga ya había atravesado el cuerpo de Amy. Grove reaccionó incluso antes que Ryder. Salió de su funda sin ser invocada y se dirigió hacía el tipo negro y este se evaporó tan pronto como Grove le atravesó.
- Amy...- le susurró Ryder al oido. Su voz era apenas audible pero llegaron en lo más hondo de Amy. Su cuerpo perdió sus fuerzas y ella se apoyó contra él antes de precipitarse al suelo. Él la agarró con cuidado, ella le miraba con los ojos desorbitados y la boca abierta. Ryder retrocedió un paso con la mente en ebullición, un profundo temor se abrió paso en lo más hondo de su ser. Nunca había temido a la muerte, de hecho con los años había aprendido muy bien a vivir entre ella pero, ahora con Amy entre sus brazos, el miedo que sentía era abrazador.
El alma se le cayó a los piel, mientras Amy lo miraba. Sus ojos se iban volviendo vidriosos, y le era cada vez más difícil respirar. Ryder, observó como brillantes runas iban apareciendo sobre su piel blanquecina, su pelo iba perdiendo ese brillo tan típico de ella y la vida iba abandonándole el cuerpo. Una chica con facciones angelicales, piel suavemente morena y grandes ojos grises apareció delante de ellos. Ryder levantó la vista y buscó su mirada, ella parecía tan aturdida cuanto Ryder, se acercó a ellos y le pasó la mano con cariño por el pelo de Amy. Ryder la miró durante unos segundos sin entender que demonios hacía.
- Mi ángel...- susurró la chica con disgusto, ella levantó la mirada hacía Ryder y sus ojos brillaron de ira. - ¿Por qué no la salvaste, Ryder?
¿Cómo demonios sabía su nombre?
Ryder acarició la espalda de Amy y de pronto pareció bastante malhumorado. ¿Y cómo demonios iba a saber que Amy, estaría tan loca como para interponerse entre una daga y él?
El rechinar de neumáticos sacaron a los dos de su ensimismo. Rayne, levantó la mirada airada hacía donde provenía el sonido. Ella, quitó bruscamente la daga del costado de Amy, la tiró al suelo y quitó a Amy de Ryder con cuidado antes de depositarla en el suelo entre ellos dos. Varios pasos resonaron y pronto se vieron rodeados.
Alan paró al lado de Rayne y miró estupefacto el cuerpo sin vida de Amy. Tenía los ojos muy abiertos y parecía demasiado asustado. Los demás contuvieron el aliento y dieron un paso hacía atrás como si se tratara de una plaga.
-¿Qué...
- Eso mismo te pondría preguntar a ti Alan, ¿Qué demonios hacías tú mientras mi... mientras Amy estaba siendo jodidamente atacada?- El dolor y el odio que se veían en el rostro de Rayne eran tangibles.
Alan dio un paso hacía atrás, parecía un perro asustadizo en presencia de Rayne. Ryder, no apartó los ojos del cuerpo de Amy, seguía sin entender como podía haber sido tan estúpida como para hacer algo así... La daga lo habría matado de no haber sido por ella, pero ahora se sentía tan furioso consigo mismo que tenía ganas de asestarle a alguien - a quien fuera- un puñetazo.
- Yo... los chicos y yo...- balbuceó Alan. El rostro de Rayne permaneció impasible mientras le observaba.
- Te juro que si Grey no te mata, yo misma lo haré.- dijo ella entre dientes, un escalofrío le recogió todo su cuerpo mientras la amenaza de Rayne hacía eco en su cabeza.
-¿Un momento, has dicho Grey?.- dijo Ryder saliendo de su estupor.
- ¿Y tu quien eres?.- preguntó Alan percatándose de su presencia.
- Nadie a quien te importe.- contestó Rayne en tono cortante.- Coge a tu pandilla y lárgate de aquí antes de que te mate ahora mismo.
Alan dio un paso hacía atrás, miró a su alrededor, todos permanecían inmóviles esperando las indicaciones de este. Él asintió y todos se disiparon rápidamente.
- ¿Debes de estar contento, no?.- dijo Rayne buscando la mirada de Ryder.- Te habían encargado a que la matases y mira.- ella hizo un movimiento hacía el cuerpo inerte de Amy.- lo has conseguido y todo eso si ni siquiera utilizar la violencia.
Ryder, se contrajo ante sus acusaciones. Tenía razón, le habían encargado a que se deshiciera de ella, pero jamás se había imaginado ni siquiera por un segundo que Amelia Grey pondría ser Amy. Según le había informado el rey fuego Amelia era una gran amenaza y Amy parecía tan frágil...
- Ya se que no la harías daño pero...- Rayne se agachó y pasó el dedo indice sobre las runas ahora negruzcas de la piel de Amy.- Al fin y al cabo debe de ser muy duro arrebatarle la vida a quien seria capaz de dar su ultimo aliento por ti...¿ verdad?
Ryder no respondió, no sabía que responder a eso. Era cierto que Amy había dado su vida sin pensarlo... Puede que su presencia le irritase, que sus ojos azules le confundiesen y su miedo le hiciese sentirse culpable, pero, jamás la mataría, no a ella. Puede que a Amelia si, pero nunca a Amy.
- Te la devolveré siempre y cuando me prometas cuidarla, y mantenerla a salvo.- se le rompió la voz, Rayne se levantó y lo miró fijamente a los ojos.- ¿La cuidaras, Ryder?
¿Cuidarla? Qué se hubiera matado por salvarle no significaba que de ahora en adelante hiciese de canguro a media jornada. De hecho seguía sin aguartarla, ¿cómo demonios iba a cuidar a alguien a quien en cierto modo odiaba?
- Prométemelo Ryder, dime que la llevarás a casa, le harás teñir el pelo, la entrenarás y la respaldarás, ¿por favor?- las suplicas de Rayne le hizo pensárselo mejor, puede que Amy no fuera santo de su devoción, pero haría todo lo que estuviera en sus manos por ayudarla.
- Te lo prometo.
En cuanto estas palabras salieron de su boca, una segadora luz celestial los rodeó. Ryder cerró los ojos con fuerza y en cuanto los volvió a abrir, se encontraba otra vez habitación, miró al reloj-despertador de la mesita de noche y se sorprendió al ver que eran apenas las siete de la mañana.
Salió de su habitación y corrió escaleras abajo, si estaba en lo cierto, serían las siete del mismo día. Y nada de todo aquello habría ocurrido aún. Irrumpió en la cocina y todos levantaron la vista para mirarlo con aire de sorpresa. Encontró a Amy sentada al lado de Shawn comiéndose gofres y suspiró aliviado.
- ¿Un poco de gofres?.- preguntó Bella con una magnifica sonrisa en los labios, él asintió y se reunió con ellos a desayunar.